Mentes insanas
Brigitte Vasallo
Escritora
Brigitte Vasallo

Paciencia

En la cama con ansiedad

La paciencia es una de las mejores herramientas para enfrentarse a trastornos como la ansiedad, el estrés o la depresión. Consigue desarmarlos, literalmente.

paciencia ansiedad

Queridas Mentes Insanas,

Con esta estupenda primavera-verano todo junto que tenemos gracias al calentamiento global y esas cosas importantes, ha vuelto a mis brazos una de mis novias más leales: la ansiedad.

Ansi, como yo la llamo así en pasivo-agresivo, es especialmente impulsiva por las mañanas. El momento ese justo antes de despertar.

Ese instante en el que estás que ni chicha ni limoná

Ni dormida ni despierta, que empiezas a dejar el sueño y a notar el mundo real, ese es el momento que a ella realmente le mola. Y me salta encima, con sus temblores, sus sudores y sus pánicos. Todo el combo.

Claro, con esa pedazo de oferta es difícil salir de la cama y una tiene tentaciones de quedarse ahí retozando con Ansi todo el día y toda la noche, y tentaciones de las grandes: es jodido salir al mundo real temblando de arriba abajo, aterrorizada no sabes ni de qué, medio ahogada y sintiéndote tan pequeña y tan frágil que la vida no da para más.

Este 2017 que nunca acaba y que para mí sigue operando con meses y meses de bonus track de terremotos vitales estoy aprendiendo muchas cosas y una de ellas es la paciencia.

¿La qué?

La paciencia, Mentes. Una cosa que ya había aprendido con el embarazo pero que olvidé de nuevo. Porque yo el embarazo lo hubiese resuelto pim pam, rollo fertilización-parto todo en uno. Y no, la cosa llevó 9 meses y unas semanas extra por chula. Ahí aprendí que algunos procesos llevan tiempo y ya. Y punto.

Pues esto lo estoy volviendo a aprender con Ansi. Porque si le echo paciencia, se cansa y se pone a dormir de nuevo y yo puedo volver a mi vida. Si no le doy bola ni lucho contra ella, que es algo angustioso en sí mismo.

La dejo: ¿quieres estar aquí un ratito? Ok. Pero yo voy haciendo. Me voy levantando, poco a poco, voy entrando en la ducha, despacito como la canción, me preparo el desayuno y Ansi se va retirando.

Escrito así parece muy fácil, claro, pero no. Hay momentos en que pienso que esto nunca acabará, que no podré con ello, que volveré a deprimirme. Hay días que pienso que no quiero hacer nada, que me quedo en la cama a que me coma la ansiedad o me coman las ratas o las pesadillas. Días en los que no veo mañana, en los que todo es tristeza y desánimo.

Pero, incluso en esos días, uso la paciencia.

Porque después de un día así vienen muchos días luminosos en los que no solo no estoy ni ansiosa ni triste ni nada, sino en los que me quiero un montón por tener este cuerpo complejo que transita tantos estados y va haciendo, va aprendiendo, va resistiendo.

Días en los que tengo una lucidez que es nueva, un lugar en mi cuerpo y en mi vida donde la paciencia se va incrustando y donde la confianza en que todo pasa se va afianzando, empieza a formar también parte de mí.

Hace nada se lo decía a una amiga:

Si pudiese recordar durante el hundimiento que todo pasa y que en unas horas o unos días estaré mejor y lo veré, literalmente, todo desde otros prismas…

Y sí, por eso lo dejo aquí. Por si reconforta a alguna Mente Insana y para releerme yo misma cuando una mañana cualquiera me olvide otra vez de esto que ya aprendí.

¡Feliz semana, Mentes!

suscribete Octubre 2017