Mentes insanas
Brigitte Vasallo
Escritora
Brigitte Vasallo

Comunicación violenta

Facebook acabará con nosotras

La cultura de la difamación, de vomitar la rabia y llevar siempre la razón en las redes está acabando con nosotras. Tenemos que aprender a gestionarnos mejor.

Comunicación violenta redes sociales

Queridas Mentes Insanas,

Vengo de leer un post tan lúcido como todos los que hace mi hermana de vida y activismos Natalia Andújar sobre cómo nos relacionamos en las redes sociales, sobre la cultura de la difamación y la censura y autocensura.

Hace tiempo que lo decimos: Facebook acabará con nosotras. O aprendemos a manejarlo o nos manejará hasta acabar con el nosotras colectivo y reducirnos a individualidades hiperconectadas e hiperenfrentadas.

Como dice mi también amiga Meritxell Martinez de La Xixa Teatre, Facebook es el panóptico, la estructura carcelaria con una torre central que permite a los guardianes vigilar sin ser vistos. Las personas encarceladas tienen así la sensación de observación permanente, de estar siempre en el punto de mira.

En Facebook funcionan las opiniones contundentes, definitivas y permanentes. Nada pasa y, en el fondo, nada queda. Cualquier cosa que digas deja de tener espacio y tiempo para pasar a ser tú, tu opinión, tu persona, y todo puede ser usado en tu contra en cualquier momento y contexto.

En Facebook ni hay derecho al error ni hay espacio para la rectificación. Lo hay, claro que lo hay, pero no se ejerce. Cuando afirmas rotundamente que esto es “así” y alguien te rebate, también con la misma rotundidad, que la cosa en cuestión es “asá”, el centro pasa a ser el “así” y el “asá” y la cosa discutida pierde todo el peso.

Lo que cuenta es tener razón. Tener la última palabra. Y tenerla alta y clara.

Comunicación violenta en las redes sociales

En unas jornadas sobre odio en las redes organizadas hace unos meses en la Ciudad Condal, BCNvsOdi, se hacía una recomendación: no decir en las redes algo que no dirías cara a cara. Mirad qué simple.

Lo he vivido un montón de veces: tomarte una cerveza con alguien entre risas una noche y dos días después ver un post en las redes que hace referencia evidente a mi pero sin nombrarme y poniéndome a caldo. Al no citarme directamente, tampoco puedo replicar, a riesgo de parecer paranoica.

No nos engañemos, también me he metido al lío en muchas ocasiones y también he iniciado yo el lío en otras tantas. Es tentador que te mueres. Te pones frente a la pantalla con la rabia subiéndote a borbotones y lanzas tu rollo en referencias difusas pero efectivas contra esa persona a la que detestas durante 5 minutos y que, pasado este tiempo, olvidarás.

Y me quedo tan ancha después de haber añadido otra nota al ruido y la suciedad global y tranquila de que la otra persona no contestará para no quedar como paranoica. Y así hasta el desastre final.

Como también decía, con ironía, mi otro amigo (estoy fardando de red de afectos) Carlos Delclós también somos ciber-detectives que adscriben intenciones y nos hinchamos a deducir, mucho más allá de lo que dice un post, lo que piensa la Mente Insana que lo ha escrito en el fondo-fondo, qué retorcida idea alberga su alma para decir algo o para pensar lo que piensa en ese momento concreto.

En Facebook hay un botoncito interesante para dejar de seguir a la gente y no ver sus publicaciones. Ya sabemos que hoy en día dejar la amistad facebookera con alguien es mayor agravio que no saludarle en la calle. Pero ese botoncito calma el ruido.

Tenemos que protegernos y proteger a las demás de nuestras idas de olla, de nuestras salidas de tono constantes. Protegernos para no convertirnos en eso, en ladradoras sociales, porque los likes son muy golosos y acabamos reducidas a perfiles ladrantes.

Y no me refiero a las demás, sino a mí, a cada una de nosotras. No nos merecemos hacer eso de nosotras mismas.

Cuando os suba la rabia cibernética, última recomendación: Ojos y capital, un librito maravilloso de la no menos maravillosa Remedios Zafra.

Feliz semana, Mentes.

suscribete Octubre 2017