Mentes insanas
Brigitte Vasallo
Escritora
Brigitte Vasallo

Eternamente niñas

Las mujeres que cumplen años son peligrosas

Cumplo 44 años y me inundan con mensajes compasivos. Pero el problema con mi edad lo tiene el mundo, no yo. Un mundo que nos quiere eternamente infantiles, dubitativas, controlables y muy poco peligrosas.

cumpleaños

Queridas Mentes Insanas,

Inicio este blog en las fechas que rodean mi 44 cumpleaños, abrumada por la infinidad de mensajes que, desde hace ya muchos años, me informan puntualmente de que algo anda mal. No directamente, claro: cuando digo mi edad se hace un instante de silencio tras el cual todo el mundo se lanza a quitarle hierro a la cosa. Y, “la cosa” no es otra que el hecho de que soy una mujer y cumplo 44.

“Oye, pues no se te nota nada”, “parece que tengas 30”, “¿cuántos cumples, 18?” (seguido de risa-risa, codazo-codazo).

Vamos a poner las cosas claras.

Haciendo un cálculo de esa nefasta matemática que soy, 44 años han sido unos 16.071 días sobre la faz de la tierra. En ese porrón de días he dado la vuelta al mundo (que es algo menos romántico de lo que parece), he aprendido varios idiomas que me han dado recursos mentales inesperados, he escrito y publicado varios libros, he construido una red afectiva sólida y bonita, he vivido en un montón de sitios, he tenido un montón de orgasmos, me he llevado una cantidad de palos que prefiero no calcular, me he deprimido unas 4 veces y lo he superado otras tantas, he ido a terapia una vez y he salido bastante renovada, a lo fénix.

Mi deseo se ha modificado en todas las direcciones, de manera que ya he sido de todo, incluso fui un hombre gay sin haber transitado ni nada. Tengo un sentido del humor afinado y una perspectiva sobre el mundo que me alegra la vida y me la amarga simultáneamente, estoy de vuelta de un montón de cosas y estoy que ni he empezado a ir en unas cuantas más. Y cada vez me faltan más cosas por hacer, pues cada cosa que hago me remite a cincuenta que aún no he hecho y que quiero realizar.

Todo esto, queridas Mentes, necesita tiempo. No lo pude hacer con 30, ni mucho menos con 18.

Por lo demás, cada una de estas cosas ha dejado una huella clara en mí, en mi cabeza, en mi espíritu y en mi cuerpo. Tengo magulladuras, cicatrices, arrugas, incluso una específica y vertical entre ceja y ceja de tanto fruncir el ceño y romperme la crisma buscando soluciones a los problemas que he ido encontrando. Y si estoy aquí es porque, de alguna manera, he encontrado esas soluciones.

Mis 16.071 días se notan en todo lo que hago: se notan en los orgasmos que doy y que recibo, en las fiestas que monto, en los artículos que escribo, en las cosas de las que me río y en las que no me hacen gracia, en los límites que pongo y en las cuestiones que dejo pasar y que hace unos años se me hacían chicle en el estómago.

Haber llegado hasta aquí me parece una especie de milagro, visto como anda el mundo. Y hacerlo orgullosa entre todos esos mensajes compasivos por algo que me parece un milagro, hace que el milagro sea aún mayor.

El problema con mi edad lo tiene el mundo, no yo. Un mundo que quiere que las mujeres seamos eternamente infantiles, inexpertas, maleables, dubitativas, controlables y muy poco peligrosas.

Pero yo, queridas, como muchas de vosotras, tengo peligro. Y, la verdad: estoy encantada de ser peligrosa.

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