Mentes insanas
Brigitte Vasallo
Escritora
Brigitte Vasallo

Abrazar las rarezas

¿Quién teme a la playa, vaya, vaya?

La misma mirada con la que juzgamos e incomodamos a los demás por sus rarezas es la que nos incomoda a nosotras con las nuestras. ¿Lo cambiamos?

playa vacia

Queridas Mentes Insanas,

A más de 40 grados, salgo precipitada de la playa para ponerme a escribir, señal inequívoca de que algo anda mal. He estado allí repasando la lista de asistencia, con mi papel y mi boli, para ver quién está en el mundo, en la vida cotidiana, en el metro, en las calles, pero no está en la playa. Y no me salen las cuentas.

Repasemos mi lista.

  • Todas las personas que he visto tenían dos brazos, dos piernas… no he visto grandes cicatrices, ni personas en silla de ruedas, ni mastectomías, ni nada parecido. ¿Dónde han ido a parar todos esos cuerpos que existen pero no están? ¿Acaso no pasan calor?
  • No he visto a ninguna mujer con vello corporal ostentoso… y todas sabemos que lo tenemos. La depilación no es una alternativa: la hemos convertido en una obligación. ¿Cuántas veces no habéis tenido tiempo de depilaros y, ante de la perspectiva de ir a daros un bañito peludas, habéis renunciado a hacerlo y os habéis quedado en casa, sudando la gota gorda?
  • He visto, eso sí, a una única familia de personas negras y se ha montado un revuelo a su alrededor. ¡Vaya, los negros también toman el sol! Y risitas. Eso, multiplicado por decenas de voces. Me he mirado a mí misma, de origen celta como yo sola, pelirroja, blanca como la leche y muy pecosa. Debería ser yo la señalada pues, con mi piel, la playa es un ejercicio de alto riesgo: me quemo mucho antes de llegar a la arena. Pero eso no cuenta…
  • He visto un cuerpo trans, que de hecho me acompañaba. Un hombre con pechos. Y todo el mundo nos miraba. Alguna gente incluso se pone de pie para ver mejor, o nos sigue hasta el agua para tener mejor perspectiva. Así, a cada vez.
  • No he visto a mis amigas musulmanas que quieren bañarse cubiertas por un bañador de licra totalmente certificado y que no debería suponer ningún problema para nadie. Es fresco, se seca muy rápido, es tan higiénico como cualquier otro, les evita las quemaduras y no ensucian el agua con las cremas solares. Pero mis amigas están cansadas de ser el centro de atención y tienen miedo de que las insulten.

Podría seguir, pero os dejo la lista para que la acabéis vosotras, Mentes, si os apetece.

La playa, la piscina, el río, el lago, el pantano o lo que sea, debería ser un espacio al que ir a relajarnos, a refrescarnos, y a pasar una tarde aceptablemente tranquila. Pero no lo es. Y lo peor es que somos cada una de nosotras las que convertimos ese espacio en un desastre. Un desastre hacia los demás y hacia nosotras mismas.

Porque la incomodidad que generamos en las rarezas de los demás es la misma que legitima que los demás nos miren con rareza. ¿Os imagináis bajar a la playa con alegría, amando a nuestros cuerpos como son por el simple hecho de que son nuestros cuerpos? ¿Os imagináis dejar de cotillear, dejar de señalar, dejar de comentar? ¿Os imagináis ser conscientes del daño que hacemos?

Pues eso, queridas Mentes Insanas, depende de nosotras. Solo hay que ponerse.

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