Mentes insanas
Brigitte Vasallo
Escritora
Brigitte Vasallo

Nunca sobra purpurina

Estar sola en Navidad

Aunque tengamos amigos, parejas y otras familias escogidas, la Familia de Verdad siempre tira y algunas Mentes desheredadas nos quedamos solas en Navidad.

Estar sola en navidad

Queridas Mentes Insanas,

A estas alturas del año, sabiendo que estamos a 6 de diciembre más o menos, la cuestión ya es ineludible y hay que ponerla sobre la mesa: llega la Navidad, queramos o no queramos.

Ya me imagino las caras de fastidio, porque decir que te gusta la Navidad no está de moda, igual que no lo está decir que te gusta Eurovisión. Pero como son mis únicos placeres legales por los que no me pueden mi multar ni nada parecido, pues aprovecho para reivindicarlos a lo grande.

La Navidad, como Eurovisión, me gusta especialmente, me encanta un montón. Soy de las que decoran, dibujan postales, compran infinitos regalos minúsculos para todo quisqui, de las que ponen árbol de Navidad y cantan canciones cursis a todo trapo durante semanas. Me gusta con el mismo placer con el que me gusta el color dorado y las revistas del corazón baratas. Me gusta y me hace feliz que me guste.

Pero antes de lanzarme a mi particular orgía de purpurinas varias, sobre estas fechas del puente de diciembre, yo y la gente como yo nos tenemos que parar un segundo a pensar con quién pasaremos la Navidad.

Porque por muchos árboles que pongas, por mucho brillo que le des a la cosa, la Navidad va mucho de sangre y de familia. Y aunque la mayoría del tiempo puedas vivir perfectamente sin lo uno ni lo otro, cuando llegan estas fechas no tener familia es bastante bestia, porque es ahora cuando te das cuenta de quién sí la tiene y quién no.

Me explico: aquí todo el mundo despotrica de la familia. Bueno, hay algunas Mentes Suertudas que les ha tocado una familia maravillosa, comprensiva y todo lo demás que ya pueden dejar de leer porque esto no va con ellas. Mi sincera enhorabuena y qué envidia me dais.

Luego están las Mentes que despotrican de la familia y que no se relacionan demasiado pero que la tienen. En el fondo, están. Esas que a pesar de los desacuerdos, de las diferencias y de todo lo demás, han conseguido encontrar un espacio en el que, de alguna manera, pasar la cena de Navidad en la misma mesa es posible. Pasarla y despotricar en twiter entre plato y plato. Eso también me da mucha envidia.

Porque luego estamos las que no, las que de verdad de la buena no tenemos familia. Las que tenemos amigas y amigos, familias escogidas, compañeras, núcleos afectivos y cosas muy maravillosas que funcionan bien hasta que llega la Navidad y todo el mundo tira por la sangre, por la Familia de Verdad® que es con quién se reúne todo el mundo para no darle un disgusto a la abuela.

Y nosotras, las expulsadas, sabemos de verdad que no tenemos familia. O que no la tenemos cerca, que es otra forma de tenerla sin tenerla por Navidad. Y eso, a veces, abre mucho las heridas que empiezan a sangrar como si no hubiese mañana. Y no hay canción hortera que valga, ni árbol de Navidad que consuele eso.

Este año para mí pinta muy bien. Tengo a mi chusma de desheredadas conmigo y vamos a montar un cenorrio maravilloso y todo lo kistch que se merece la fecha. Y vamos a ser muy felices.

Pero para las que tenéis planazo A de familia maravillosa o planazo B de familia tostón pero aceptable, igual adoptar una desheredada ni que sea por estas fechas no es mala idea. A mí me han salvado muchas Navidades tristes las amigas y los amigos que me han llamado a su mesa y me han hecho de madres y de padres durante un rato.

Así que nada, sacad los móviles y pensad en qué Mentes de vuestro alrededor se quedan solas e igual un mensajito para tantearlas les da la vida en estas fechas.

¡Feliz semana, Mentes!

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suscribete Octubre 2017