Mentes insanas
Brigitte Vasallo
Escritora
Brigitte Vasallo

Soluciones simples

Si no hay cucharita, no es mi revolución

Nos complicamos la vida, cuando a veces la solución puede ser muy sencilla. Un pequeño gesto de afecto que desafía al heteropatriarcado, especialmente entre hombres.

cucharilla soluciones simples

Queridas Mentes Insanas,

Vengo pensando que a veces buscamos remedios muy complicados para problemas que, efectivamente, lo son, pero que tienen soluciones sencillas, aunque no simples. Esperad, rectifico: a veces buscamos soluciones simples para problemas demasiado complejos que tienen, sin embargo, soluciones sencillas. Que una cosa es lo simple y otra cosa es lo otro.

A lo que voy. Pongamos un ejemplo así al azar… mmm… el machismo. Qué complicado acabar con el machismo, ¿no? Pues resulta que esta semana he encontrado una fórmula.

Os cuento.

Hacer la cucharita contra el heteropatriarcado

Estaba dando una conferencia en Girona cuando se me ocurrió proponer la cucharita como gesto revolucionario, así medio de broma y para rebajar un poco la tensión de otros bombazos que había lanzado por esta boca mía.

La cucharita, ya sabéis: eso de meterse en la cama con alguien y dormir haciendo un 4. Pero propuse la cucharita entre amigas, que es algo que le quita tanto peso a la pareja que no os lo podéis ni imaginar. Porque una de nuestras necesidades básicas, Mentes mías, es la piel, el tacto, el contacto, los mimos, los abrazos, dormir sintiendo que todo está bien y que no te puede pasar nada.

Pero como hemos sexualizado el tema de dormir con alguien, la cucharita va ligada al maromo® o a la maroma® y ya es todo otro percal.

Feliz día de la heterosexualidad

Cuestión de maromos

Feliz día de la heterosexualidad

Pues no: cucharita entre amigas, y que dormir con una colega sea una pla-na-zo. Ibais a flipar de cuántas tonterías se pasan con un gesto tan sencillo y cuánta dependencia romántica os sacáis de encima así de un plumazo.

Pero esto no es todo.

Después de esta propuesta, simplemente puntualicé que los hombres también deberían dormir con sus amigos. Y la sala se vino abajo. Estallaron las risas nerviosas, los cuchicheos, los culos inquietos sobre las sillas, las cruzadas de brazos, como si una hubiese propuesto no se qué.

Y entonces me di cuenta de lo que había propuesto: dos hombres adultos, heterosexuales y fornidos, durmiendo juntos haciéndose la cucharita, nada menos, como dos gays cualquiera. Porque ahí está el tema, claro, que hay una homofobia rampante en cada gesto cotidiano que no nos da la vida.

No pasa nada, queridos. Aún en el caso de que os acabase dando morbo vuestro colega, aún en el caso de que tuvieseis una noche de sexo con él, aún en el caso de que os “hicieseis” homosexuales ya de por vida, no pasa nada. En serio. No seríais ni siquiera menos hombres, algo a lo que tenéis un apego bastante insensato pero vosotros sabréis.

Y aún así, la cucharita no iba de enrollaros con vuestro amigo, sino de daros cariño. ¿Os imagináis? Y me pregunto yo, ¿cómo se curan los hombres el corazón roto si no hacen cucharita con los amigos?

El tema, además, tiene aún más miga. Mis confidentes heteras me informan que cuando hacen cucharita es el hombre el que hace la cuchara grande, es decir, el que abraza por la espalda y ellas las que hacen irremediablemente la pequeña, es decir, la que queda acurrucada en la panza del otro. Se ve que lo contrario es muy difícil, porque la cuchara grande es la protectora, la fuerte y nosequé más.

Y lo escribo y me da la risa de pensar que incluso una cucharita, que es la cosa más tierna del mundo, pueda ser un follón tan grande…

¡Feliz semana, Mentes!

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