Diario de una loca
Sol Camarena
Escritora y paciente de salud mental
Sol Camarena

Un sistema obsoleto

Contención mecánica: un eufemismo cruel

La contención mecánica está prohibida por ley en países como Islandia. En España, aún nos falta mucho para deshacernos de esta pseudo camisa de fuerza.

contención mecánica

Cuando ingresé en el ala de psiquiatría del hospital, había correas en la cama de mi compañera de habitación.

Otras chicas me han contado como, en psiquiatría infantil, las ataban e inmovilizaban por meros ataques de ansiedad; y en psiquiatría adulta las abandonaban, inmóviles, durante más de un día y en situación de aislamiento sin que pudiera ir nadie a visitarlas.

Saber esto me hizo darme cuenta de que lo que para mí había sido una de las experiencias más traumáticas de mi vida para otras habría sido un golpe de suerte. Porque a mí nadie me ató, aunque una enfermera me persiguiera al verme llorar y me dijera que parecía un bebé.

Aunque, tras contarle que otro paciente me había tocado las tetas, su única respuesta fuera: “la próxima vez, grita”. Aunque la única alternativa a colorear fuera andar de un lado a otro del pasillo con la bata blanca y la mirada ida, como en las películas.

Hace poco, un paciente psiquiátrico ingresado en una Unidad de Hospitalización Psiquiátrica de A Coruña fallecía mientras se hallaba contenido mecánicamente.

Lo que a algunos puede parecerles una excepción, un caso aislado, un fuera de contexto a otras nos toca donde más nos duele por sonarnos familiar la noticia. Y es que las contenciones mecánicas, atar e inmovilizar con correas hablando alto y claro, se siguen utilizando y mucho más de lo “necesario” (si es que alguna vez son realmente necesarias).

¿Por qué me atrevo a plantear que las contenciones mecánicas, esa evolución de la camisa de fuerza que tan de película de terror se nos aparece, no son necesarias actualmente? Porque, en países como Islandia, están prohibidas por ley.

Esta prohibición se les antoja a muchos médicos, enfermeros y psiquiatras del Estado español como un sueño lejano, pues falta personal, faltan medios, faltan modelos como el de diálogo abierto aplicado en Finlandia (donde te atienden en tu casa y se reúnen con tu red social, véase familiares, amigos, pareja…).

Hacen falta nuevas propuestas en salud mental para eliminar las contenciones mecánicas, hacen falta inversiones. Pero me atrevo a plantear, también, que muchas veces es el mismo personal el que juzga necesaria una contención mecánica cuando hay otras vías mucho más respetuosas para con la persona que podrían ponerse en práctica.

Y es que el sistema de salud mental está totalmente obsoleto. Yo ingresé en el ala de psiquiatría ilusionada con que me ayudarían y salí dos días después tras amenazar a mi madre con abrirme la cabeza contra una pared si no me sacaban, y aun así, la psiquiatra que allí me trataba me amenazó con llamar a un juez para retenerme contra mi voluntad.

Porque la psiquiatría, desde sus inicios, ha sido una herramienta de represión y no de cuidados y desafortunadamente aún no hemos cambiado eso.

Porque, cuando por fin estaba fuera del ala de psiquiatría, justo entraban las bandejas de comida y me propusieron volver un momento para comer con mis compañeros.

Mis padres me vieron temblar ante la posibilidad de volver allí dentro y entramos al ascensor rápidamente, pero la mayoría no tienen tanta suerte.

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