Diario de una loca
Sol Camarena
Paciente de salud mental
Sol Camarena

Repartamos responsabilidades

El TLP demonizado: guárdate tu estigma

A las personas con Trastorno Límite de la Personalidad se nos trata como a monstruos y a nuestros seres queridos cómo víctimas. Acabemos con el estigma.

Estigma trastorno límite de la personalidad

Cuando buscas en Google “libros sobre TLP” (abreviatura del diagnóstico psiquiátrico “trastorno límite de la personalidad”), entre las primeras ofertas que aparecen se encuentran los siguientes ejemplares: “Deja de andar sobre cáscaras de huevo: retoma el control ante el comportamiento de una persona con trastorno límite de la personalidad” y “Amar a alguien con trastorno límite de la personalidad: Cómo lograr que las emociones descontroladas no destruyan la relación”.

Yo me esfuerzo por convencerme a mí misma de que los autores de estos libros tenían la mejor de las intenciones. Soy consciente de que mi diagnóstico de TLP impacta a mis relaciones (como prácticamente cualquier diagnóstico lo haría, en mayor o menor medida), de que influye en mi forma de tratar al resto, especialmente a las personas más cercanas a mí. Observo con dolor cómo a veces mis ataques de ira, mis disociaciones, mi ansiedad, mis traumas, mi pánico a la separación o al abandono (por enumerar unos cuantos “síntomas”) duelen por igual a mis seres queridos.

Soy consciente de que, igual que mis seres queridos se esfuerzan por adaptarse a mis “necesidades especiales” que las llama la sociedad y a mis limitaciones, está en mi mano esforzarme yo misma también por controlar mi comportamiento pues ningún diagnóstico psiquiátrico es excusa para tratar peor a nadie. Así, quien quiera sacarme de su vida por no estar dispuesto a convivir con mi “locura” o mis dolencias está en su derecho; y quien apechugue y se quede se merece de mis cuidados, se merece que le tenga en cuenta a la hora de exteriorizar mis emociones.

Pero esto no quita que me incomode como poco buscar ayuda para convivir con un diagnóstico tan discapacitante y encontrarme con que dos de los libros más famosos que versan sobre TLP plantean mi vivencia como la de un monstruo destroza-relaciones.

Si me pongo tiquismiquis, incluso podría parecerme injusto que se plantee a mis seres queridos como “víctimas” de mi diagnóstico cuando demasiado a menudo han tenido tanto que ver a lo largo de mi vida con que yo acabe viviendo mis emociones de esta forma. De esta forma patológica ante la sociedad y los médicos. Repartamos responsabilidades (que no culpas), por favor, antes de victimizarnos dramáticamente.

Y esto entronca con la creencia de que las personas con diagnósticos psiquiátricos vamos por la vida haciendo daño y somos “peligrosas” sin medicar y sin tratamiento (y lo digo desde mi perspectiva de paciente que toma medicación y recibe tratamiento terapéutico). Cuando ya hay estudios que demuestran que en realidad nuestros diagnósticos nos vuelven más a menudo blanco de las violencias y los daños, siendo nosotras la diana y no quien dispara.

Repito, todo esto no quita que haya personas con TLP que hemos hecho daño a otras. Es innegable. Yo lo he hecho. Pero me agota que se relacione directamente una conducta mía que podría encontrarse en otra persona “sana” con mi diagnóstico, que se aten cabos tan rápido y parezca concluirse que relacionarse con alguien como yo es “andar sobre cáscaras de huevo”.

Me han hecho demasiado daño, directa o indirectamente, de forma más o menos sutil y voluntaria o involuntariamente personas “sanas” ante la sociedad como para que ahora esté dispuesta a permitir que se achaquen los estallidos de ira o los daños producidos únicamente a un diagnóstico. Especialmente cuando, como mujer, llevo tanto tiempo redirigiendo esta ira hacia mí en forma de auto-lesión.

Cómo ayudar a una persona con TLP

Así que, en mi opinión, si quieres ayudar a una persona cercana con este diagnóstico (e incluso otro) por favor escúchala a ella antes de leer estos libros. Plantéate qué estás dispuesta a dar como persona y qué esperas recibir, y si el balance es positivo, entonces quédate.

Porque es posible priorizar tu propio bienestar y tener en cuenta al mismo tiempo el de tu ser querido, con TLP o no. Porque es posible encontrar un término medio.

Y no creo, personalmente, que esos dos libros (que no son más que ejemplos corrientes de una cultura que nos demoniza a las personas con diagnósticos psiquiátricos discapacitantes) guarden la clave de este pacto de paz como sí lo hacen las conversaciones lo más sinceras y asertivas posibles.

suscribete Octubre 2017