Diario de una loca
Sol Camarena
Paciente de salud mental
Sol Camarena

Resiliencia

Hablemos de autoestima (y no olvidemos el papel del entorno)

Nos invitan a valorar nuestra productividad sobre cualquier otra cosa, olvidando otros puntos mucho más importantes como nuestra autoestima.

Autoestima

En terapia; en conversaciones sobre psicología y hasta clases de psicología; hasta en conversaciones sobre cualquier tema y clases sobre cualquier materia; en revistas, libros de autoayuda y libros que no son de autoayuda… en definitiva, en multitud de espacios y diálogos, no dejamos de hablar de la autoestima. Hablar de la autoestima “está de moda”.

Y por supuesto que hay que hablar de la autoestima.

Hay que hablar de la autoestima porque ha sido durante demasiado tiempo la eterna olvidada.

Una autoestima calculadamente ausente

Porque nos quieren estudiando para trabajar (o trabajando directamente) y priorizando nuestra productividad antes, mucho antes, que potenciando nuestras “otras” fortalezas y valorándonos a nosotras mismas como personas.

Porque, especialmente en el caso de las mujeres, somos demasiadas las que padecemos del llamado “Síndrome de la impostora” del que tan bien escribe Adriana Andolini en la revista Grazia. Y, por ende, creemos que no merecemos nada de lo que tenemos o conseguimos y que nuestros logros no son más que fachadas que se derrumbarán de un momento a otro; y nos dejarán de nuevo expuestas a las críticas (muchas de ellas puramente misóginas) que llevan machacándonos toda la vida a tantas de nosotras.

Y, sin embargo, tengo muchas quejas (como siempre, dirán) ante la forma en que se plantean todas estas conversaciones y diatribas sobre la autoestima. Es decir ¿depende realmente la autoestima plenamente de cada persona? Porque a mí me parece un enfoque tremendamente individualista. Porque, si las personas nacemos con la capacidad de valorarnos y querernos a nosotras mismas pero esta capacidad no se ve reforzada por nuestro entorno; si sufrimos acoso y maltrato escolares, abusos sexuales, abandonos y golpes y malas palabras por parte de quienes deberían cuidarnos (la familia); entonces ¿qué sucede?

¿Se pretende que nuestra autoestima se mantenga a sí misma contra viento y marea, siempre intacta, siempre flamante referente?

Pues yo no creo que sea así. La familia, más o menos cercana; el colegio; la situación económica; son factores de los que no podemos no tener en cuenta cuando hablamos de autoestima. Porque la autoestima se construye, sí, pero son demasiadas las veces que el entorno tira piedras sobre nuestros tejados. Y no, no somos nosotras mismas como personas tirando piedras sobre nuestros propios tejados. Es el entorno.

Con todo esto no quiero, por supuesto, sugerir que debamos regalarle (como dice mi terapeuta) la llave de nuestra felicidad y en este caso de nuestra autoestima al resto de personas que nos rodean. Nuestra autoestima debemos reforzarla, construirla y demasiado a menudo reconstruirla nosotras mismas como personas. Jugamos un papel clave a la hora de edificar el hogar que debe ser el cuerpo propio, eso para mí está clarísimo.

Pero no puedo dejar de recalcar que, sobre todo en el caso de las mujeres y teniendo en cuenta que no existe una sola mujer y que hay más factores que modifican la forma en que la misoginia nos afecta y nos ataca (de ahí las diferentes experiencias de mujeres bolleras o trans que no cumplen o cumplimos con los roles de género, de mujeres gordas, de mujeres discapacitadas o con diversidad funcional o de mujeres racializadas); sobre todo en nuestro caso, la sociedad entera se erige en parte sobre la ausencia calculada de nuestra autoestima.

Porque, ya lo he dicho muchas veces y desde luego no soy la primera en decirlo ni escribirlo, una mujer que no se quiere tiene más difícil rebelarse. Una mujer que no se valora a sí misma tiene más difícil exigir todo lo que se merece. Que es mucho. Muchísimo.

Así que, por supuesto, hablemos de autoestima. Y recalquemos siempre nuestra propia capacidad para (re)construir nuestra propia autoestima. Para felicitarnos, como hacemos en una de las terapias de grupo en las que participo, cuando hacemos algo que nos cuesta o disfrutamos del momento y también cuando valoramos esos pequeños a la vez que enormes logros (es decir, felicitándonos doblemente).

Pero, por favor, no olvidemos el papel del entorno. No culpabilicemos a nadie, menos aún a una mujer víctima de la sociedad patriarcal, por tener una autoestima inexistente en un mundo que se la mina diariamente; por activa y por pasiva, de forma más o menos directa pero siempre sistemática.

¿Autoestima? Sí. ¿Construir entornos que la refuercen, un mundo que no la anule? Pues también.

Etiquetas:  Autoestima

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