Diario de una loca
Sol Camarena
Paciente de salud mental
Sol Camarena

Trabajo emocional

Atrévete a llamar la atención, ¡mereces que te cuiden!

Las mujeres son las principales cuidadoras, pero también las primeras en ser ridiculizadas y humilladas cuando, a su vez, piden que las cuiden.

llamar la atención

Recibir atención es un derecho. Todas las personas intentamos “llamar la atención” para recibir cuidados que son, en el mejor de los casos, recíprocos.

Si esto es así ¿por qué el estigma, la vergüenza que rodea los casos de personas con diagnósticos psiquiátricos que manifestamos uno u otro síntoma para “llamar la atención” que no nos ha sido dada, hasta el punto de que existe el término “attention whore” (“puta sedienta de atención”)?

Y es que las mujeres somos fácilmente tildadas de “putas sedientas de atención” en cuanto alzamos la voz para requerir los cuidados que merecemos.

¿Que a qué viene todo esto? Todo esto viene a que estoy cansada de que algo tan legítimo como un grito para pedir ayuda nos vuelva a las personas, y especialmente a las mujeres, en blanco de comentarios despreciativos y rechazos.

Todo esto viene a que, sí, hay veces que las personas que convivimos con dolencias psicológicas requerimos más atención de la que pueden darnos y no siempre la pedimos de la mejor de las formas; pero eso no quita que, al final del día, merezcamos atención.

Y volviendo al concepto de “attention whore”: ¿es realmente tan ridículo, tan patético que una mujer, sobre todo si es joven; intente llamar la atención ya sea de formas más drásticas (auto-lesionándose, por ejemplo) o pidiendo ayuda directamente cuando esa atención le ha sido negada sistemáticamente?

Porque las mujeres realizamos la gran mayoría del trabajo reproductivo en el mundo. Y en este caso me gustaría hablar en concreto del trabajo emocional.

Los cuidados (y la falta de ellos) tienen nombre de mujer

Se define el trabajo emocional como “proceso de gestionar los sentimientos y las expresiones para cumplir con los requerimientos emocionales de un trabajo”. Pero yo no hablo solo de trabajo como tal. Hablo también del trabajo emocional que conlleva cuidar, cuidar en cualquier sentido.

Y somos principalmente las mujeres las que cuidamos. Es un hecho. Lo dicen las estadísticas; estadísticas que hablan de cuidados en el sentido más práctico de la palabra, pero ¿qué hay de los cuidados que todas las personas deberíamos proporcionar sencillamente tratando de escuchar, comprender y consolar a nuestros seres queridos?

Pues esos cuidados los proporcionamos principalmente mujeres. Igual que es típicamente una mujer la que cuida del anciano que ya no puede cuidar de sí mismo, es típicamente una mujer a la que acudes en busca de consuelo y ayuda emocional.

Y sin embargo, luego demasiadas personas nos tildan de “attention whore” (o, si no conocen el término, sencillamente piensan que somos unas “exageradas” y que estamos… sedientas de atención, desesperadas por llamar la atención); cuando somos nosotras las que requerimos de esos cuidados emocionales.

¿Quién no requiere de cuidados emocionales? Sobre todo cuando te pasas la vida proporcionándoselos al resto de personas. Sobre todo cuando eres la vasija de lágrimas de todo el mundo.

Por todo esto, declaro abiertamente que sí, merezco atención. Merecemos atención. Tu vecina, tu madre, tu prima, tu amiga, tu novia y yo. Y tú. Y todas. Todas las personas, en general, pero sobre todo las mujeres a las que nos es negada sistemáticamente y las mujeres que conviven con dolencias psicológicas en particular. Porque nosotras siempre somos las que “hacemos una montaña de un grano de arena”.

Y también, por supuesto, hago autocrítica y me planteo de qué formas pido e incluso exijo esa atención. Intentar suicidarte no es la mejor forma de llamar la atención. Autolesionarte, tampoco.

No voy a negar que es toda una vida de sentir que no merecía esa atención la que me empuja a llamarla de las formas más drásticas, pero tampoco voy a respaldarme en eso para continuar “llamando la atención” de formas probablemente patológicas y definitivamente dañinas para mí y para mi entorno.

Por eso, abogo por una sociedad en que se nos dé atención desde el momento mismo en que nacemos. En que no nos haga falta llamarla más que berreando de bebés, y después, aprendamos a pedir afecto y cuidados (que son la verdadera atención que merecemos); y a darlos, de forma recíproca y sana, cada una como podamos y sepamos. Pero sabiendo mejor, desde luego.

Etiquetas:  Emociones

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