Diario de una loca
Sol Camarena
Paciente de salud mental
Sol Camarena

Alguien que comprenda

Regla no escrita: no hacerte amiga de otras locas

A las locas nos prohíben hacernos amigas de otras locas, pero nadie nos comprende mejor. Todos tenemos heridas, ¿quién decide que son trastornos?

Amigas locas

La regla no escrita de los centros donde se realizan terapias de grupo para la recuperación de los denominados “trastornos mentales” es no hacerte amiga de tus compañeras de terapia.

Y no es difícil porque, contra todo pronóstico, en terapia de grupo no se comparten vivencias muy íntimas ni que puedan “afectar en exceso” a las compañeras (y digo “compañeras” y no “compañeros” porque, por otro lado, al menos cuando hablamos del denominado trastorno límite de la personalidad las terapias de grupo están compuestas mayoritariamente por mujeres y chicas).

Las "trastornadas" no podemos ser amigas

Pero, aunque no sea difícil no hacerte amiga de tus compañeras de terapia de grupo, no pasarte de la raya trazada por el profesional a cargo y limitarte a saludarlas cordialmente y aprender junto a ellas a gestionar mejor tus formas de sentir; a mí me sigue resultando frío y forzoso no poder escuchar cómo ha ido realmente el fin de semana de la de al lado, qué le ha pasado para estar así, si está mejor o peor y por qué. No poder quedar a tomar un café, una cerveza o lo que sea, y conocernos más; ya que, al fin y al cabo, estamos juntas en esto.

Y es que además, parece que la regla no escrita sí se aplica más a rajatabla de lo que yo pensaba. O, al menos, eso me comentaba una conocida; que, cuando ella estuvo interna en un centro de recuperación de trastornos de la conducta alimenticia, pasaron una hoja donde apuntaron sus redes sociales las diferentes internas para mantenerse en contacto y los profesionales a cargo se la requisaron.

Mi propia psicóloga hace mucho hincapié en que, si yo estoy herida, no estoy en mi mejor momento para proporcionar cuidados a personas con las mismas heridas psicológicas. Ni ellas para proporcionármelos a mí.

Herida o trastorno, ¿quién lo decide?

Pero todo esto no me lleva más que a preguntarme ¿son estos profesionales conscientes de que todos, todas, tenemos heridas psicológicas? ¿De que la división entre “personas traumatizadas e inestables”, “personas enfermas mentales”, “locas” que nos digo yo y “personas estables”, “personas sanas”, “personas cuerdas” es más bien imaginaria?

Unas personas exteriorizamos nuestro dolor y nuestro sufrimiento de formas catalogadas como “síntomas de trastorno mental”, otras han aprendido a gestionarlo mejor o, a veces, ni eso: de forma menos visible. Pero a todas nos duele algo, y todas sufrimos, de forma más o menos periódica, de forma más o menos crónica.

Una comprensión insustituible

Y, sin embargo, de entre todas las personas que he conocido han sido otras “locas”, otras de las catalogadas como “enfermas mentales” las que han estado al pie del cañón cuando yo estaba al borde de una crisis, cuando los impulsos suicidas me asediaban, cuando me daba un ataque de nervios, cuando me desconectaba de la realidad y perdía la conciencia de dónde estaba o quién era.

Porque quienes sienten lo que yo lo comprenden, saben qué necesito oír, saben cómo validar mis dolores y mis sentimientos a la par que me ayudan a gestionarlos de formas más sanas con vistas al futuro.

No estoy diciendo que no pueda apoyarme y dejarme cuidar, cuidar yo misma de personas que no conviven con la etiqueta impuesta de “enfermas mentales” o “locas”. Lo he hecho y lo hago.

Estoy diciendo que no estoy de acuerdo con la asunción generalizada de que estas personas no diagnosticadas, o que no se medican, o que no acuden a terapias individuales o de grupo; no sufren también y necesitan de cuidados emocionales específicos y periódicos como mis amigas más íntimas y yo.

Estoy diciendo que, a la hora de la verdad, un “no te ralles, tía” o un abrazo no me hacen llegar viva al día de mañana. Un diálogo basado en la comprensión, o como mínimo en las ganas de comprenderme, en el conocimiento de causa y (por supuesto) en el amor y el afecto que sobrepasan tabúes y estigmas socialmente aprendidos, sí.

Por todo esto, por mucho que conozca de cerca los “peligros” de conformar relaciones, sobre todo de amistad, con otras personas (en mi caso, sobre todo otras mujeres) “inestables”, “traumatizadas” a la hora de que me repercutan las crisis de mi amiga o de tener que llorar una recaída e incluso un suicidio… por mucho que sea más que consciente de todo lo que implica conformar y forjar estas relaciones, las sigo eligiendo día tras día.

Porque la regla, escrita o no escrita, de que las “locas” no podemos ser amigas, amantes, novias las unas de las otras vulnera mi derecho a relacionarme con las que mejor me comprenden y cuidan a la par que parte de la falsa asunción de que existen personas “totalmente idas de la olla” y personas “innegablemente estables” en contraposición.

suscribete Octubre 2017