Diario de una loca
Sol Camarena
Paciente de salud mental
Sol Camarena

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Menos lástima y más compasión

¿A quién ayuda la lástima? A nadie más que al que la siente. Guárdate tu lástima, que a mi no me aporta nada.

Diferencia entre lástima y compasión

Hay una frase de un poema slam de Ollie Schminkey que reza:

“La lástima es la emoción que se da un festín mientras habla de los hambrientos”.

Me veo obligada a citarle porque no sé cómo expresar mejor lo que implica para mí la lástima de otras personas cuando se enteran de mis diagnósticos. De que tomo medicación. De que llevo ya cierto tiempo acudiendo a terapia.

Pero ¿y sus caras cuando se enteran de que he estado al borde de la muerte? De que yo misma he apuntado la pistola (metafórica; las mujeres preferimos otros métodos para suicidarnos) y de que he estado tumbada en una camilla de hospital tras un lavado de estómago.

Esas caras me llenan de vergüenza, incluso de ira. Y sé que yo, probablemente, también le tendría cierta lástima a alguien en mi situación. Pero no puedo evitar avergonzarme e incluso enfadarme cuando veo esa emoción que nunca ha hecho nada por nadie en apuros en el rostro de alguien, más o menos conocido, y sé que soy yo la que ha quedado reducida a un mero muñeco triste que provoca las lágrimas y los cuchicheos ajenos, por bienintencionados que sean.

Y es que volvemos a lo de siempre: son cada vez menos las personas que nunca han tenido “problemas de salud mental”. La dicotomía “loco-cuerdo” no se aplica a la mayoría de seres humanos reales, sintientes, porque la mayoría de las personas conocemos el sufrimiento psicológico en mayor o menor medida.

Es en parte por eso por lo que me repatea tanto ese intento de distanciarse de mi experiencia, como si yo fuera la pobrecita chica que no sabe lo que hace con su vida y que es un caso perdido, cuando probablemente quien me mira desde esa posición de supuesto bienestar psicológico también haya atravesado o vaya a atravesar algún episodio mínimamente similar en algún momento de su vida.

La diferencia entre la lástima y la compasión

Pero no es ya eso. Es que ¿a quién ayuda la lástima? La lástima es a la comprensión y los cuidados lo que la caridad a la solidaridad, un mero sustituto que no da la talla a la hora de ponerse en el lugar de nadie. Porque para comprender, primero hay que dejar atrás las posiciones de superioridad, sean morales o de cualquier tipo. Y para acompañar, apoyar y hasta querer; más aún.

La lástima, el “no se merecía algo así” o “con lo bien que le iba todo”, no me calienta el corazón a mí sino a quien pronuncia la frase que toque.

La lástima hacia una persona por convivir con una dolencia psicológica es ese invitado a un funeral que va por compromiso, que por mucho que quisiese no puede llorar a nadie porque prácticamente ni recordaba ya al fallecido. Pero va al funeral para sentirse bien consigo mismo, para cumplir con su papel en sociedad. Eso es la lástima.

La comprensión, sin embargo, es otra cosa. La comprensión es la escucha activa, el deseo sincero de entender qué me está pasando y por qué más allá de la etiqueta que le ponga mi psiquiatra o del nombre genérico de los medicamentos que tome.

Porque la comprensión es el primer paso hacia el acompañamiento, y sin acompañamiento ¿qué es el amor (de cualquier tipo)?

No me refiero a que haya que estar ahí siempre arriesgando nuestra propia integridad psicológica, sino a que el amor es algo que se practica; no algo que se enuncie. Así que si yo intento actuar en consecuencia con esta máxima, por supuesto fastidiándola a veces, aprecio enormemente que las personas que me importan lo hagan también a su manera.

Porque hay otra frase del mismo poema con cuya cita daba comienzo este artículo en el que Ollie Schminkey se refiere a su pareja y dice: “no necesito que lo sienta, sólo necesito que me escuche”.

Creo, la verdad, que ya está todo dicho.

Etiquetas:  Emociones Salud Mental

suscribete Octubre 2017