Diario de una loca
Sol Camarena
Paciente de salud mental
Sol Camarena

Activismo y salud mental

Mi bienestar es un poco de paz en un mundo en guerra

Mi bienestar en sí mismo importa. No quiero decir que vaya a dejar de ir a manifestaciones, pegar carteles o publicar en las redes. Quiero decir que me reservo momentos para conservar algo de paz.

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Te levantas. Acudes a una manifestación. Asistes a una asamblea para preparar unas jornadas feministas. Vas a pegar carteles de difusión de un acto del colectivo en el que militas. Publicas tu opinión en tus redes sociales tratando de concienciar sobre el último suceso de actualidad desde una perspectiva crítica.

Estás todo el rato pendiente del teléfono móvil para no perderte ningún aviso ni ninguna pregunta de ninguna de las organizaciones en las que te mueves.

Pero también trabajas, o estudias, o las dos cosas. Tienes una familia, probablemente. A veces discutes con tus seres queridos; otras, simplemente estás ahí para ellos y ellas.

Tienes aficiones como leer o pasear o ver películas o sacar fotografías pero hay días que llegas a casa demasiado quemada con el mundo como para desarrollar un poco más cualquiera de estas.

¿Os suena lo que estáis leyendo? Probablemente, a algunas personas más que a otras. A mí, mucho.

Y es que la cotidianeidad de la lucha por un cambio social, por un mundo diferente, es imprescindible para conseguir estos. En nuestro día a día, debemos implicarnos en la militancia y en el activismo, muchas veces al 100%; si realmente deseamos conseguir aquello por lo que luchamos.

El compromiso con organizaciones o sencillamente con causas sociales no puede ser un asterisco en nuestras vidas (mientras esté dentro de nuestras posibilidades dedicarle tiempo y esfuerzo, por supuesto).

Luchar también por uno mismo

Sin embargo, hace poco reflexionaba en mis redes sociales sobre lo importante de cuidarnos a nosotras mismas todo lo posible dentro de un contexto de constante confrontación con un mundo cruel en primer lugar y con las exigencias de la lucha en segundo lugar.

Porque el primer párrafo de este artículo describe a la perfección mi día a día, o como mínimo, muchos de mis días. Y voy a ser sincera: no me arrepiento.

No me arrepiento de poner mi granito de arena para construir un mundo diferente, un mundo mejor; de dedicarme en cuerpo y alma a la construcción de una sociedad que reemplace a esta tan cruel que habitamos desde hace tanto.

Pero hay días que me pregunto si acaso no podría haberle pedido a otra compañera que haga lo que yo he hecho porque no era mi mejor día, si acaso no podría haber aplazado una tarea porque ya estaba ocupada ese día, si acaso no podría haberme dedicado unas horas de ese día a mí misma; que también soy otra de esas personas por las que lucho, al fin y al cabo.

Entre cambiar y aceptar

Y es que desde las luchas sociales abogamos por el cambio, pero ¿qué hay de la aceptación?

En terapia de grupo aprendo que debemos encontrar un equilibrio entre el cambio y la aceptación; que no todo lo que deseamos cambiar se puede cambiar, al menos inmediatamente, y menos aún si lo intentamos sólo nosotras.

Así que, poco a poco, voy asumiendo que hay violencias más o menos sutiles que en el día a día me toca tolerar por no poder destruirlas al momento; y menos aún, yo sola por mi cuenta.

Que, al fin y al cabo, todo lo que vengo a decir no es más que lo que expresa la conocida frase “elige tus batallas”; hay conversaciones, comentarios, actos que me toca dejar pasar no ya por mi bienestar, sino porque además a menudo provienen de figuras de autoridad.

Por eso, ahora elijo mis batallas. Tengo en cuenta que no debo culparme por callarme ante ciertas expresiones de poder por parte de los que están por encima de mí; que, al menos, me estoy dedicando plenamente a desmontar las ideologías que sustentan sus violencias.

Porque mi bienestar también importa. Y no solo porque una activista, una militante, una luchadora agotada y con el ánimo por los suelos no es al final del día la luchadora que necesitamos. También porque, me repito, mi bienestar en sí mismo importa y con esto no quiero decir que vaya a dejar de acudir a manifestaciones, reunirme en asambleas, pegar carteles, publicar contenidos en Internet y lo más importante; estar ahí para quien me necesite.

Con esto quiero decir que, al final del día, intentaré reservarme algún momento para mí y para conservar algo de paz en un mundo de constante guerra.

suscribete Octubre 2017