Diario de una loca
Sol Camarena
Paciente de salud mental
Sol Camarena

Deshumanizados

¿Los locos son peligrosos? Un estereotipo letal

Diego Pérez fue asesinado al pedir ayuda mientras sufría una crisis. ¿Se trataba de un loco violento?

Violencia contra enfermos mentales

La madrugada de un 11 de marzo de 2014, Diego Pérez, un hombre con diagnóstico de esquizofrenia, llamó a la comisaría de Cartagena para pedir ayuda “porque unos vecinos lo querían matar”.

Después de subir a un coche patrulla, apareció muerto 15 días después, su cuerpo flotando en el mar. La autopsia reveló todo tipo de “lesiones traumáticas vitales”.

Supongo que, ante noticias semejantes (porque en Estados Unidos es el pan de cada día que, sobre todo si eres racializada y más concretamente negra, la policía te asesine cuando tú o tu familia llamáis para pedir ayuda durante una crisis de salud mental), habrá quien se pregunte qué podía hacer la policía ante un “loco peligroso”. Si acaso tenían otra opción que no fuera apretar el gatillo.

A quien se haga esta pregunta primero le diré: ¿es realmente posible defender que los "cuerpos de seguridad" torutren a una persona con diagnóstico psiquiátrico hasta matarla? Porque las “lesiones traumáticas vitales” no las ocasionó un solo tiro.

Pero también le diré que, una vez investigué los comportamientos de los oficiales de policía en San Antonio, Texas; me quedó claro lo que siempre había sospechado. Que es posible interactuar, incluso ayudar a una persona con diagnóstico psiquiátrico sin recurrir a la violencia y menos aún al asesinato (ni hablar ya de las torturas gratuitas).

Y es que en San Antonio, Texas, los oficiales de la policía están entrenados para reconocer los llamados “síntomas de trastorno mental” y responder a ellos de forma pacífica. Así, en esta ciudad se han reducido significativamente los ataques violentos de la policía a la ciudadanía.

¿Locos violentos? No, locos violentados

El problema, para mí (más allá del patrón repetitivo de torturas y malos tratos policiales en el Estado investigados incluso por el Tribunal Europeo de Derechos Humanos de Estrasburgo) es que en el mero imaginario colectivo ya se asocia un diagnóstico psiquiátrico con la tendencia a la violencia.

Si no ¿por qué, cuando Andreas Lubitz estrelló el avión de Germanwings, todos los titulares hacían referencia a su diagnóstico de depresión? Y eso que Andreas Lubitz tenía diagnosticada depresión, un “trastorno mental” que no se liga tantísimo a los estallidos de violencia en la mentalidad popular como sí puede pasar con un brote psicótico.

Y la realidad es muy distinta. Demuestra lo contrario, de hecho. Ya hay estudios que explican cómo poseer un diagnóstico psiquiátrico te hace más proclive a ser víctima de violencia que a perpetuarla, y a mí no me extraña.

Si hasta en los mismos hospitales psiquiátricos y alas de psiquiatría en que se supone que van a cuidarnos y ayudarnos nos atan, inmovilizan, aíslan… ¿qué podemos esperar de una persona promedio totalmente desinformada en cuanto a salud mental?

Por todo esto, estoy convencida de que Diego Pérez no es ni la primera ni la última víctima de malos tratos y asesinato por lo que debería, en mi opinión, calificarse como crimen de odio hacia una persona con diagnóstico psiquiátrico u otro tipo de “discapacidad”.

Y no es que lo diga yo. Es que hay casos y casos, sobre todo de personas con Síndrome de Down o autistas, que demuestran que la crueldad de la gente puede no tener límites cuando se trata de torturar a aquellas personas que no son (o somos) consideradas personas como ellas. Que somos deshumanizadas sistemáticamente retroalimentando esta violencia que más tarde nos victimizará.

Por todo esto, nada más enterarme del caso de Diego Pérez, quise escribir sobre ello.

Soy consciente de que no digo nada nuevo. Soy consciente de que el tipo de personas, oficiales de policía o ciudadanos de a pie, que cometerían este tipo de crímenes probablemente no me estén leyendo ahora mismo.

Pero necesitaba escribirlo. Porque vi en Diego Pérez a una persona que sufrió lo indecible en una de las peores situaciones en las que una persona puede sufrir: cuando espera recibir ayuda y obtiene precisamente lo contrario.

Porque vi en Diego Pérez a mis seres queridos con brotes y alucinaciones, a mí misma cuando tengo una de mis peores crisis (que no se limitan a episodios depresivos).

Porque, al fin y al cabo, no puedo dejar de preguntarme cuántas de nosotras seremos un día Diego Pérez. Y solo pido que todas luchemos porque, un día, ser Diego Pérez no suponga un peligro para la integridad e incluso la vida de una misma.

Por nosotras. Por él.

Etiquetas:  Esquizofrenia Violencia

suscribete Octubre 2017