Psiquiatría con empatía
Ibone Olza
Psiquiatra perinatal
Ibone Olza

Triple estigma

Cuando el enfermo mental es el psiquiatra

Paradójicamente, ejercer la psiquiatría te hace más propenso a ser un paciente de psiquiatría. Fuera tópicos y estigmas y cuidemos de nuestra salud mental.

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“¿Quién es alcohólico? El que bebe más que su médico, decía un chiste antiguo que escuché varias veces durante mi formación como psiquiatra. Sonreíamos a escucharlo porque sabíamos que en parte tenía razón: los médicos y más aun los psiquiatras a veces usamos como rasero de medir el trastorno mental ajeno nuestro propio bienestar o malestar psíquico. Según lo estresados o deprimidos que estemos en algunos momentos de nuestra vida profesional y personal calificaremos lo que nos cuentan algunos pacientes como normal o patológico.

Muchos médicos piensan que ellos son inmunes a los trastornos mentales, y esto parece darse especialmente entre los psiquiatras. Resulta difícil diferenciar entre la psiquiatría como factor de riesgo para sufrir un trastorno como el burnout (síndrome de estar quemado) debido al alto estrés emocional de la profesión, los aspectos organizacionales que no suelen cuidar de la salud mental de los médicos, los rasgos de personalidad previos que hacen que alguien elija precisamente la psiquiatría como profesión.

En los años, 50 Terman afirmó por ejemplo, que los médicos tenían más tendencia a sentirse inferiores, y estudios más recientes han señalado que los médicos suelen ser más conscientes y autocríticos, pero también más obsesivos que la media de la población.

Algunos (pocos) estudios han indagado en qué sucede cuando el que sufre una enfermedad mental es el o la psiquiatra. Por lo visto nos cuesta mucho más reconocerlo y llegar a recibir la ayuda adecuada, y nos enfrentamos a un estigma aun mayor que el resto de pacientes psiquiátricos. Como si nuestra profesión debiera protegernos de la enfermedad mental, cuando los estudios señalan que por el contrario aumenta el riesgo de sufrir algunos trastornos mentales

Son pocos los colegas que han llegado a hablar públicamente de su dificultad con la enfermedad mental. La psiquiatra estadounidense Suzanne Vogel-Scibilia es una de las pocas que ha contado públicamente su vida con trastorno bipolar y lo que ha supuesto tener esa enfermedad siendo psiquiatra.

En una deliciosa charla que encontré en YouTube cuenta como su trastorno comenzó en su infancia y no fue hasta sus años de estudiante de medicina en que fue diagnosticada. Se acostumbró a vivir con altibajos emocionales todas las estaciones, a escuchar voces y a tener alucinaciones de vez en cuando; así que, cuando siendo médico residente de medicina interna de guardia vio a un paciente meterse en el armario de las fregonas en medio de la noche, pensó que era otra de sus alucinaciones. Tardó en darse cuenta de que era un paciente que, como ella en otras ocasiones, estaba delirando.

Finalmente, Vogel-Scibilia dejó la medicina interna y decidió dedicarse a la psiquiatría, donde también como residente tuvo que sufrir el estigma de la enfermedad mental incluso por parte de sus propios colegas. Ahora trabaja como directora de un centro privado.

Esta mujer con su testimonio describe el triple estigma que tenemos los psiquiatras al sufrir una enfermedad mental: el de ser una minoría, el de tener enfermedad mental y, encima ser psiquiatras. A lo que añade, los psiquiatras como pacientes no pueden esperar encontrar mucha empatía de otros pacientes psiquiatras ya que estos muchas veces acumulan bastante resentimiento hacia el gremio de psiquiatras.

El mejor médico es el peor paciente. Otra frase común entre los profesionales que refleja la dificultad de muchos profesionales de la salud para cuidar de si mismos.

Va siendo hora de acabar con los tópicos y reconocer el riesgo que supone estar en contacto permanente con el sufrimiento de la enfermedad mental y la muerte. En el caso de los psiquiatras, habrá que empezar a crear espacios de cuidado para nuestra salud mental y reclamar también a quienes gestionan los servicios de salud mental una mayor sensibilidad hacia la dificultad que conlleva reconocer y tratar de manera adecuada el sufrimiento psíquico de los profesionales de salud mental.

Basta ya de ¡en casa de herrero cuchillo de palo!

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