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Esclavos de las apps

La era Tinder: ¿se puede ligar sin el móvil?

Vivimos en un mundo de gente que lleva relaciones simultáneas, con la esperanza de que alguna dure un poco más. Y con el móvil a mano por si no lo hace.

Ligar sin apps

En la era de los encuentros exprés parece rancio querer disfrutar de la lentitud en el encuentro amoroso. Más aún en los tiempos del esforzado poliamor del que tanto le gusta hablar a Vasallo: ¿qué ventajas puede tener poner toda la energía en construir lentamente una relación íntima?

No sé si es que yo me estoy haciendo muy mayor o que estoy muy cansada, pero a mi lo que me parece agotador a estas alturas de mi vida es estar conociendo gente fugazmente todo el tiempo. Conocer a alguien lleva su tiempo, aunque parezca antiguo o conservador.

Simultanear relaciones y encima con el móvil de por medio me parecería un castigo divino. Lo curioso es que hay quien ya no puede ni imaginar que las cosas puedan ser distintas.

A mi sin embargo me parece que el móvil y sus aplicaciones varias son un obstáculo creciente para las relaciones íntimas: su uso propicia y genera una velocidad de crucero a la que es difícil escapar y que termina pasando una factura emocional, aunque no seamos conscientes de ello.

Mi joven amiga tiene 22 años y vive en Londres. Me cuenta que algunas de sus amigas ya piensan que es imposible ligar sin utilizar una aplicación específica.

Tampoco confían en que puedan encontrar pareja sin recurrir a la red: es el filtro por el que buscan habitualmente prácticamente todo lo que les gusta y consumen, y hace ya tanto tiempo que incorporaron las aplicaciones para buscar pareja o sexo casual a sus vidas que están convencidas de que si no las usan no van a conocer a nadie atractivo con quien iniciar una relación íntima. Además, el punto de partida es simultanear relaciones con la esperanza de que alguna de ellas al menos dure un tiempo prolongado.

Me dice que también ya hace mucho tiempo que no ve una película entera sin interrupción. De hecho, en su piso, que comparte con otros amigos, cuando llevan un buen rato viendo una película la interrumpen unos minutos para que todos puedan chequear el teléfono y contestar algunos de los incesantes mensajes que entran por el WhatsApp. Ver una película entera o leer un libro en papel es algo que varios de sus compañeros llevan ya meses o años sin hacer: y son personas que antes mencionaban ambas cosas entre sus principales aficiones.

Por otra parte, sus amigos viajan por todo el mundo y cambian de país con cierta frecuencia. Son jóvenes del mundo que en muchos casos se han hecho adultos ligando con el móvil y simultaneando relaciones físicas o virtuales y disfrutando del sexo casual.

Nomofobia: esclavos de las notificaciones

Pienso en ellos al conocer que en Brasil ya han abierto un instituto para tratar la nomofobia: la palabra que designa el miedo a estar sin móvil y perderte lo que sucede en la red que refleja para de las nuevas adicciones a teléfonos móviles e internet. Entre otras cosas te entrenan a ver una película sin mirar el móvil o a salir a la calle y dar una vuelta dejando el teléfono en casa. También a conocer gente nueva y relacionarte sin usar aplicaciones ni googlear a la persona nada más conocerla.

El instituto lleva el significativo nombre de “Delete”, ósea, borrar. Si, curiosamente de eso también me habla mi joven amiga, de cómo algunos de sus congéneres ya están decidiendo borrar definitivamente sus perfiles en la red, darse de baja del móvil, para volver a confiar en el encuentro oportuno e imprevisto. Para sentirse libres de interactuar o incluso moverse por la ciudad…Y no sentirse tan perseguidos o controlados en todo momento, lo que a algunos les genera a su vez conflictos con sus parejas.

Parece que nos va a costar encontrar el término medio entre el abuso y la dependencia de las nuevas tecnologías para comunicarnos y la renuncia a las mismas. Seguramente porque llevamos tan poco tiempo en esta nueva era digital y la transformación de nuestra manera de relacionarnos es tan radical me cuesta un poco imaginar cómo será esto de ligar en un futuro no muy lejano.

¿Confiar en las sorpresas que te da la vida será considerado algo obsoleto y antiguo? O, por el contrario, pasado este boom de lo digital y las redes ¿volverá la moda de conversar con los desconocidos en la calle, en el metro o en las estaciones de tren como hacíamos antaño?

¿Seremos nuevamente capaces de dejarnos guiar por nuestra intuición o nuestro olfato para encontrar el amor? ¿Quedará algún lugar para las relaciones a fuego lento, como los buenos guisos, o se impondrá definitivamente el ligoteo casi instantáneo basado en lo que nos dice un servidor digital que previamente ha analizado nuestro comportamiento en la red para extraer un algoritmo que nos facilite encontrar al compañero ideal?

Cuando Googleo "ligar despacio" y similares lo que encuentro son más aplicaciones para el móvil que tienen la peculiaridad de no dejarte decidir en dos minutos si alguien te gusta o no. El error seguramente ya está en el inicio, en googlear. Lo dejo.

Prefiero pensar que aún queda tiempo para el encuentro cotidiano, para mirar a la gente en la calle, en la biblioteca o en el autobús, para conocerse y quedar tranquilamente, para ir avanzando escuchando el cuerpo y el olfato, y reencontrarse por sorpresa. ¡Con lo sabia que es la intuición y lo mágica que es la vida!

Etiquetas:  Amor Relaciones

suscribete Octubre 2017