Psiquiatría con empatía
Ibone Olza
Psiquiatra perinatal
Ibone Olza

Terrorismo

Morir matando

¿Por qué hay personas que deciden morir asesinando a otras personas? ¿Por qué hay hombres que asesinan a sus mujeres y se suicidan? La teoría del apego podría tener la respuesta.

Origen psicologico terrorismo

Pienso en los jóvenes que planearon morir en Barcelona matando a cientos de personas y que al ser descubiertos por las fuerzas de seguridad mostraron sus cinturones de explosivos (falsos) para asegurarse una muerte rápida. También en la cantidad de hombres que se suicidan tras matar a sus ex-parejas o padres que se llevaron a sus hijos por delante antes de suicidarse ellos también.

Todos ellos eligieron morir matando: algunos querían matar a viandantes desconocidos, otros a sus hijos o exparejas. ¿Tienen algún rasgo común?

En todos esos casos nos encontramos ante una persona (en la inmensa mayoría de casos son varones) que ya ha decidido quitarse la vida y que antes de hacerlo decide matar a otras personas, es decir: intenta o pretende causar un daño máximo. Alguien para quien su vida en este mundo ya no vale nada, y a la vez alguien que alberga mucho, muchísimo odio.

Tanto que probablemente en sus últimos días de vida consuele el vacío que siente pensando en el daño que va a causar a terceros. ¿De dónde puede venir un odio tan intenso, tantas ganas de hacer daño junto con tan poco amor por la propia vida como para acabar con ella?

La raíz de la violencia está en la infancia

John Bowlby, que tan brillantemente desarrolló la teoría del apego, observaba la ira intensa que aparece en la primera infancia cuando la figura de apego (casi siempre la madre) no responde a la necesidad de cercanía del niño o niña menor de tres años. El pequeño que quiere tener la cercanía y la atención de su madre y no la consigue regularmente siente mucho enfado, que puede llegar a convertirse en ira u odio, un mecanismo de defensa o supervivencia casi para no sentir la desolación del abandono y a la vez lograr que la madre regrese.

Una de las tareas que comienza a esas edades tan tempranas es precisamente aprender a tolerar esa frustración, a poder vivir con la incertidumbre de no poder tener en todo momento la atención exclusiva de la figura de apego querida junto a la ambivalencia de querer despegarse de ella al mismo tiempo.

Los hombres que matan a personas con las que tienen o han tenido un vínculo muy estrecho probablemente no aprendieron a gestionar esa ira, no tuvieron esa oportunidad. Según esa teoría matan porque no toleran la distancia de la figura central de apego: no pueden ni imaginar su vida sin ella.

No tuvieron la oportunidad de aprender a gestionar esas emociones tan intensas en la primera infancia, aprendizaje para el que se necesita una interacción constante con los padres y familiares que solo se puede lograr con la presencia y el cariño continuos.

Los que eligen morir matando a personas desconocidas seguramente también tuvieron dificultades importantes en esos vínculos tempranos. Las investigaciones sobre los jóvenes islamistas radicales que cometen este tipo de atentados revelan que muchos de ellos comparten el no sentirse de ninguna parte: ni herederos de su tradición cultural ni integrados en sus países de residencia.

Esa falta de raíces e integración favorece ese sentimiento de agravio, afirma la autora del estudio, Sarah Lyons-Padilla. Habrá que investigar también como fueron sus relaciones tempranas en sus entornos familiares, que relación tuvieron con sus padres y otros referentes masculinos en sus comunidades.

En ambos casos se trata de realidad complejas donde además influyen otros factores.

Como dice el refrán los niños necesitan raíces firmes para crecer y alas para volar

Las raíces que previenen la violencia no son sólo las relaciones tempranas y vínculos familiares, también el sentido de pertenencia a una comunidad y a una cultura. Hoy mas que nunca criar y cuidar deberían ser tareas compartidas por toda la sociedad.

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