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Ibone Olza

(Mala) educación sexual

Juicio al porno que ve La Manada

La Manada es un grupo de 5 hombres tristemente célebres por agredir a una chica en San Fermín. ¿Dónde han aprendido que pueden violar a las mujeres?

Porno machista

Más estremecedor incluso que el relato de lo vivido por la joven asaltada y violada por la tristemente famosa “manada” en los Sanfermines del año pasado, me resulta el hecho de que, pasado ya más de un año, ninguno de los cinco hombres haya mostrado el más mínimo indicio de arrepentimiento o remordimiento por sus actos. De hecho, a través de sus abogados hemos conocido que alguno de los varones ha llegado a afirmar que “ella había disfrutado más que ellos…”.

Mas allá de una sentencia que, necesariamente y por la gravedad de los hechos, deberá ser condenatoria y ejemplarizante, cabe pedir que se aproveche la triste oportunidad que nos da esta brutal agresión colectiva de ir más allá y juzgar a los culpables últimos y conocer los motivos que subyacen a esa terrible violación múltiple y grupal.

Además de a los agresores, lo que se debería juzgar es a “la escuela” de la manada, es decir: al porno feroz (tomo la expresión de Gabriel Núñez Hervás, que valientemente la usó en su artículo El porno feroz en El Estado Mental). Ese porno sexista y violento que obviamente han consumido durante años estos y muchos otros hombres (también algunas mujeres, qué duda cabe). Películas o vídeos en los que se muestran violaciones o relaciones de brutal sometimiento y violencia, donde casi siempre el argumento de fondo es que “ella es una puta” o que “disfruta siendo maltratada”.

Podemos así empezar imaginando la educación sexual que recibieron los agresores. Es fácil. Probablemente haya girado en torno a miles de horas de masturbación, a solas o en grupo, viendo porno, seguramente desde antes de la pubertad, en la ya no tierna infancia, primero en canales de televisión o antiguas películas de vídeo, luego en ordenadores domésticos, ahora ya en el móvil sin pago previo, donde sea, gratuitamente, facilísimamente.

Incluso sin buscarlo adrede, a veces basta hacer cualquier búsqueda en la red para acceder a imágenes o vídeos de mujeres siendo penetradas por varios hombres sucesiva o simultáneamente por todos sus orificios. Secuencias donde una mujer puede acudir a una entrevista de trabajo y al segundo minuto estar realizando una felación al supuesto jefe para luego ser penetrada por muchos otros individuos con los que no mantiene relación afectiva alguna.

Escenas donde las mujeres no tienen deseo ni iniciativa, pero siempre están dispuestas a ser sometidas por varios hombres que se jalean mutuamente. Mujeres de todo tipo, pero, en muchos casos, chicas muy jóvenes, adolescentes, niñas.

Las imágenes están al alcance de todos en todas partes, casi no hay escapatoria. Son omnipresentes, gratuitas, brutales, terriblemente violentas, están normalizadas y nadie apenas habla de ellas. Dan forma al imaginario colectivo en torno al sexo y construyen las expectativas de miles de varones, especialmente.

La escuela de La Manada es la del porno feroz y brutal

Cuando, desde niños, los chicos crecen viendo esas escenas, cuando aprenden así a excitarse y a relacionarse en lo íntimo creyendo que las mujeres son objetos animados, siempre esperando que uno o varios hombres las violen o sometan o penetren de todas las formas posibles, cuando ven películas donde el “no” significa “sí, y encima me agredes”, e infinidad de cosas mucho más terribles que prefiero no describir por el malestar que me producen… ¿En qué clase de adultos se convierten?

Seguramente, muchos de ellos no han tenido apenas oportunidad, lugar ni tiempo para el conocimiento mutuo progresivo, para el cariño y las caricias, para la expresión tierna y amorosa del primer amor adolescente… Visto así no nos extraña tanto que estos hombres parezcan incapaces de comprender el daño causado. No, ya no cabe la inocencia.

Los estudios recientes muestran como cada vez a edades más tempranas las adolescentes occidentales expresan que los chicos les piden tener sexo anal en la primera cita, o que la manera de saber si un chico les quiere o no es hacer todo lo que ellos les piden y que no es sino el reflejo de lo que han visto en el porno…

La escuela de la manada es el porno feroz y brutal. ¿Quién gana con ello? Basta acercarse a las cifras del negocio de la prostitución, la trata y la pornografía para obtener las respuestas. ¿Quién pierde? Probablemente la sociedad entera, la humanidad al completo.

Entonces, ¿no ha llegado ya la hora de juzgar el porno feroz? Tras el juicio a la manada, toca urgentemente tomar medidas para impedir la difusión de la pornografía brutal que alimenta la violencia y los abusos.

Basta ya de confundir la libertad sexual con la promoción de la violencia contra la mujer, el erotismo con la pornografía cosificadora y degradante. El porno condiciona la expectativa de relación con las mujeres mayoritariamente.

Con frecuencia hago dos preguntas a los hombres que voy conociendo.

  1. ¿Has ido o vas de putas?
  2. ¿Ves porno?

A la primera la inmensa mayoría responde que no. Como no me cuadran las cifras, suelo pensar que más de uno miente.

A la segunda la mayoría responde afirmativamente. Creo que es importante hacer esas preguntas, incluso si la respuesta no es sincera.

  • ¿Cómo te afecta ver porno?
  • ¿Qué haces con la excitación que te produce y las fantasías que te genera?
  • ¿Creciste viendo porno?

Urge abordar estas cuestiones y revisar cómo enseñamos a los más jóvenes qué es la sexualidad y como relacionarse con afecto y sin violencia.

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suscribete Octubre 2017