Psiquiatría con empatía
Ibone Olza
Psiquiatra perinatal
Ibone Olza

Aprender a cuidar

¿Puede un feminicida trabajar de psiquiatra?

La respuesta parece obvia, pero planteémonos igualmente la pregunta: ¿puede un feminicida ejercer la psiquiatría?

Psiquiatra José Diego Yllanes

Esta semana supimos que en una consulta de psiquiatría privada de Madrid ofrecía sus servicios José Diego Yllanes, el hombre que mató a la joven Nagore Laffage en Pamplona un 7 de julio hace casi diez años. El revuelo que se armó en las redes fue tal que la clínica rápidamente retiró el perfil de Yllanes de su página.

Son muchas las cuestiones que suscita el tema. La primera es empatizar con la familia y amigos de Nagore: tiene que doler, y mucho, ver que este hombre que, en mi opinión, injustamente, no fue condenado por asesinato sino por homicidio, esté ya fuera de prisión y pueda ser contratado. Aquella sentencia se me antoja absolutamente injusta y leve, ¡qué poco parece costar matar a una joven!

Cuando cometió el crimen, Yllanes era residente de último año de psiquiatría, así que no pudo completar la especialidad. Por eso en la clínica psiquiátrica se anunciaba como médico, no psiquiatra.

Al verlo me surgió una duda ¿sabrían las otras profesionales del centro quién era Yllanes? Por lo poco que he sabido, a ellas tampoco se les avisó de que este se anunciaría en la misma página web, y se han visto injustamente expuestas a la hoguera mediática, como si por trabajar ahí fueran “cómplices” de no se sabe bien qué.

Probablemente muchos de los pacientes de ese centro médico también se hayan sentido muy mal al ver a Yllanes en la página web. Desde fuera parece, como mínimo, una enorme falta de cuidado y sensibilidad, por parte de la(s) persona(s) que hayan decidido contratar a Yllanes, hacia la familia y amigos de Nagore, pero también hacia el resto de trabajadores y pacientes de la clínica.

La reinserción de criminales machistas

Pero la cuestión de fondo es: ¿puede ser aceptable que Yllanes vuelva a trabajar como médico o que termine su especialidad de psiquiatra? O bien, ¿cómo se reinsertan los hombres condenados por crímenes machistas?

La pregunta ya surgió hace unos años cuando el músico francés Bertrand Cantat salió de prisión tras cumplir una brevísima pena por matar a golpes a Marie Trintignant (la autopsia confirmó que Marie murió a raíz de la paliza recibida). Cantat volvió a cantar e incluso a ocupar algunas portadas, y el padre de Marie, el actor Jean-Luc Trintignant tuvo que declinar la invitación a un festival de teatro donde también iba a actuar Cantat aludiendo a las náuseas que le producía la simple idea de compartir espacios con el asesino de su hija.

En el excelente documental “Nagore”, de la cineasta navarra Helena Taberna, se narra cómo fue el juicio a Yllanes. Destaca y emociona en el film la fortaleza de la madre de la víctima y el respeto a su memoria.

Aunque es cierto que al acabar el juicio Yllanes pidió públicamente perdón, su arrepentimiento resulta poco creíble puesto que antes se negó a facilitar datos muy relevantes sobre lo que pasó en esas casi tres horas en que retuvo, violó y mató a la joven enfermera.

Estremece sobre todo su capacidad de olvidar: con un escueto “no me acuerdo” el agresor evita las cuestiones más terribles de sus actos. En el documental se ven imágenes del juicio; en uno de los momentos le dicen al acusado: “un psiquiatra debe de tener tranquilidad en situaciones difíciles”. Parece que en su caso esa tranquilidad le sirvió para planear como deshacerse del cuerpo de la joven. Cuesta creerle cuando dice que no recuerda apenas nada.

¿Y en el ámbito de la salud?

La pregunta que se plantea estos días es ¿qué hacer con los médicos con antecedentes penales por delitos sexuales o de sangre? Más allá de que cumplan la condena, creo que sería importante, por el bien de toda la sociedad, asegurar que todos estos hombres que han cometido crímenes machistas, aprendan a cuidar.

Idealmente, antes tendrían que haber hecho terapia: para comprender sus demonios, para poder empatizar con sus víctimas, para sanar sus heridas, para reconstruirse como hombres.

Para aprender a cuidar, mi sugerencia es primero que pasen años ocupándose de plantas y animales. Trabajo físico en el campo, mucho, con plantas y huertas, responsabilizándose también del cuidado de perros, gatos, etc.…

Una vez que hayan demostrado cierta capacidad de cuidar la vida, creo que tendrían que pasar a prodigar cuidados a otras personas necesitadas, siempre, por supuesto, bajo supervisión estrecha y con el consentimiento de esas personas. Sí, hablo de ayudar a comer, de cambiar pañales y hacer camas, de hacer compañía durante interminables horas a personas en situación de dependencia, de ayudar o participar en los cuidados a personas extremadamente dependientes…

Siempre supervisados y acompañados por la gente que suele desarrollar esas tareas, verdaderas heroínas y sabias (las cuidadoras suelen ser mayoritariamente mujeres) que suelen permanecer en el anonimato.

Creo que es en todo ese entrenamiento en cuidados y servicios donde más reside la oportunidad de reparar, de empatizar, de cuidar, de recuperarse. De sanar las propias heridas, que sin duda deben de ser enormes en personas que han cometido crímenes tan terribles, y de aprender a ponerse en la piel del otro.

Creo que sólo después de haber demostrado la capacidad de cuidar a otros y de cuidar la vida, podría plantearse la opción de volver a su trabajo previo. Aunque quién sabe, igual entonces ni ellos mismos lo querrían.

Etiquetas:  Feminismo Salud

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