Psiquiatría con empatía
Ibone Olza
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Ibone Olza

Dar a los demás

Ser generosos nos hace felices

Un estudio publicado en Nature demuestra que dar nos hace sentir bien. Mi abuelo ya lo sabía, pero no se puede dar lo que no se ha recibido: la generosidad se aprende en casa.

generosidad

Mi abuelo, una de las personas más generosas y desprendidas que he conocido en mi vida, cuando yo le señalaba mi admiración por su facilidad para dar y regalar sonreía y decía: “- ¡Eso no tiene ningún mérito, si es que en la vida te va mejor siendo generoso!¡Cuanto más das más feliz eres y más recibes!”

He recordado sus palabras al ver un experimento recién publicado en Nature que demuestra que ser generosos nos hace felices (1). Ni siquiera importa cuánto des, ya sólo el simple hecho de pensarlo o prometer dar algo a otra persona nos hace un poquito más felices.

En el experimento realizado en la universidad de Zúrich, a los cincuenta participantes se les prometió una cantidad de dinero que recibirían en las siguientes semanas y que tenían que gastar. A la mitad del grupo se le pidió que gastaran el dinero en alguien que conocieran (como ejemplos se les proponía invitar a cenar o hacer regalos), al resto se les dio la premisa de gastárselo en ellos mismos.

Antes de iniciar el experimento se les pidió estimar cuán felices se sentían. Mientras los participantes iban tomando decisiones sobre cómo o en quien gastar el dinero los investigadores observaban su actividad cerebral (mediante resonancia magnética funcional) en tres áreas específicas relacionadas con la generosidad, la conducta social, la felicidad y la toma de decisiones. Al finalizar se les volvía a pedir que midieran su propia felicidad.

Lo que se observó en las resonancias del grupo que tenía que gastar el dinero en otras personas fue, en palabras de los investigadores, un “cálido resplandor”: una activación en las regiones cerebrales asociadas a la generosidad y a la felicidad, lo que parece demostrar la conexión entre ambas.

El simple hecho de comprometerse públicamente a gastar el dinero en otras personas ya producía ese efecto, incluso antes de recibir el dinero. Por lo visto ya sólo el pensar en dar dinero a alguien querido, incluso si la cantidad es pequeña, nos hace sentir bien. Comprometerse a ello en público refuerza el bienestar. La felicidad sentida no dependía de cuánto dinero se fuera a dar: daba igual que fuera mucho o poco.

Philip Tobler, director del estudio, explica que esto significa que no es preciso hacer grandes donaciones ni entregarse por completo: probablemente pequeños gestos de generosidad cotidianos contribuyan a que vivamos más felices. Los resultados eran independientes de la personalidad o el grado de empatía de los participantes.

Creo que si mi abuelo hubiera visto este estudio se habría reído y dicho que para este viaje no necesitábamos alforjas. Para él, como para muchas otras personas, estaba claro que dar hace feliz.

Claro que nadie puede dar lo que no ha recibido: seguramente la generosidad también se aprenda en la infancia con el ejemplo de los seres más cercanos, aunque para demostrarlo seguramente serán necesarios más estudios.

Bibliografía

  1. A neural link between generosity and happiness (https://www.nature.com/articles/ncomms15964).

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suscribete Octubre 2017