Psiquiatría con empatía
Ibone Olza
Psiquiatra perinatal
Ibone Olza

Adolescentes

Hablemos del suicidio juvenil

Como psiquiatra, he vivido con miedo de que mis hijos se suicidaran. Me afectaba al acompañarles en su desarrollo y decidí hablar con ellos.

Suicidio juvenil

Todos los psiquiatras sabemos que tarde o temprano alguno de nuestros pacientes terminará suicidándose.

Es cuestión de estadística y, sin embargo, todavía es un tema tabú del que nos cuesta hablar con franqueza. De cómo nos sentimos y de cuanto nos afecta a lo largo de nuestra vida profesional: son pacientes que nunca olvidaremos.

Los que trabajamos con adolescentes o adultos jóvenes estamos más expuestos si cabe al desconcertante dolor que producen las muertes por suicidio de los más jóvenes. En mi caso, siendo psiquiatra infanto-juvenil y madre de tres hijos he tardado en comprender hasta que punto el trabajar con esta realidad casi a diario me afectaba en la relación con mis propios hijos.

De alguna manera ser consciente de que a veces no hay indicios que permitan prevenir estos suicidios, o si los hay nadie los ve, el haber acompañado a familias que perdieron así a sus hijos o hijas queridos, me hacía tener un miedo exacerbado a la posibilidad de que mis hijos se suicidaran. Un miedo que en ocasiones me impedía tomar decisiones o acompañarles en esos años tan impetuosos de la adolescencia de forma sana.

Sí, tenía miedo a que mis hijos se suicidaran. Mi miedo seguramente era fruto de tantos años atendiendo a jóvenes con ideas y conductas suicidas y a algunas familias cuyos hijos se suicidaron. Mi miedo me paralizaba demasiadas veces, aunque yo no fuera capaz de verlo.

Finalmente opté por hablarlo con ellos (además de abordarlo en mi espacio terapéutico). Por hablar del suicidio, del dolor de quien siente o piensa que ya la única salida posible es poner fin a la propia vida, y también del dolor de los que le sobreviven. Si, sobrevivientes.

Hablé con mis hijos como hemos hablado del consumo de drogas o de otros temas delicados. Intentando abordar la complejidad, los riesgos, lo que parece que se consigue, lo que no, como afecta a los demás, a uno mismo, como intentar prevenirlo o que hacer en situación de crisis…

No sé si lo hice, si lo sigo haciendo, bien. Supongo que aprendí a nombrar ese miedo.

Mis pacientes me enseñaron que no hablarlo era mucho peor y más arriesgado. Tengo tanto que agradecer a las personas a las que he atendido en mi vida profesional…

El suicidio es la principal causa de muerte entre los adolescentes

Ahora que he leído el testimonio de la psicóloga Cecilia Borraz, que tras perder a su hijo por suicidio logro transitar el duelo con ayuda de una excelente psiquiatra y finalmente cofundó: “Después del Suicidio: Asociación de Supervivientes” comprendo que es labor de todos: hablar del suicidio, escuchar a los supervivientes, nombrarlo, prevenirlo. Investigar y facilitar todas las estrategias que han demostrado servir para prevenir suicidios.

Mirar a otro lado sólo sirve para aumentar los casos y por desgracia las estadísticas no son favorables. En Europa el suicidio ya es la principal causa de muerte entre los adolescentes según la OMS.

Hablar y sobre todo escuchar a los hijos, prevenir el consumo de alcohol a edades tempranas y de drogas, estar presentes, facilitar el acceso a recursos especializados de salud mental en cuanto lo requieran, y por último hacer el difícil trabajo de aceptar que incluso haciéndolo todo a veces el suicidio no se logra prevenir.

En esos casos, el apoyo de asociaciones como Después del Suicidio parece crucial para poder seguir viviendo.

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suscribete Octubre 2017