Desde la consulta
Ramón Soler
Psicólogo
Ramón Soler

Hiperresponsabilidad

Las consecuencias de un amor condicional

Si de niñas no recibimos de nuestros mayores un amor libre de condicionamientos, de adultas nos cuesta reconocer nuestra verdadera valía.

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Cuando vino a consulta, Elisa se sentía responsable del bienestar y de la felicidad de todo el mundo. No sólo de su familia y de sus allegados, sino también, de todas las personas con las que se cruzaba en su vida diaria, tanto en el trabajo, como en la calle o en las redes sociales.

Elisa siempre saludaba a los vecinos, iba con cambio al supermercado, cedía el paso en el tráfico, colaba a los ancianos en el supermercado, ayudaba, a veces durante horas, a sus amigas de Facebook a solucionar sus problemas, realizaba todas las tareas del hogar, llevaba al niño al colegio, se ocupaba de cocinar para sus padres, etc.

Elisa pensaba que podía y debía ayudar a todo el mundo a ser feliz, que ella era la responsable de la felicidad de los demás. Sin embargo, por su parte, como ella misma me contó, lejos de ser feliz, en realidad, se sentía triste, desgraciada e incluso, físicamente agotada (un fuerte dolor de espalda la acompañaba perpetuamente). Elisa había llegado a un punto en el que había comprendido cómo las personas de su alrededor, incluso su pareja y su hijo, abusaban de su buena voluntad, de su disposición a ayudarles, pero no sabía cómo establecer límites para no dejarse abusar por ellos.

En realidad, estos límites de autoprotección y defensa del yo y de sus propias necesidades, Elisa nunca había sabido cómo crearlos y marcarlos. Cuando retrocedimos en su historia, vimos como desde que nació, en su relación tanto con su madre, como con su padre, el amor siempre había estado condicionado a la disponibilidad y la sumisión de la niña al deseo de sus mayores. A diario, la niña escuchaba frases como “para que mamá sea feliz, tienes que cuidarla mucho y ayudarla en todas las tareas”, “sé una niña buena y dale el mando de la televisión a papá”, “si no le haces caso, papá va a dejar de quererte”

Por otra parte, si la niña se enfadaba o mostraba su rechazo, por ejemplo a los deberes del colegio, también la manipulación emocional de los padres se hacía sentir: “mamá está muy triste, no es feliz, hasta que no hagas los deberes no te va a querer...", “le has dado un disgusto a papá que le ha quitado años de vida”.

Como vimos en su trabajo terapéutico, en el Amor que Elisa recibía de sus padres, siempre mediaba una exigencia, una manipulación o un castigo. La niña, continuamente tenía que cumplir los deseos de los padres, sus condiciones, para recibir amor, cuidados y protección.

De esta forma, Elisa acabó asimilando la idea de que para ser amada, tenía que ayudar a los demás a ser felices sin importar sus propios deseos, necesidades o felicidad. "Ramón” me contó en una de las sesiones, “noto un inmenso peso en mi espalda. Siento que llevo el peso del mundo”.

Elisa, tras un profundo trabajo terapéutico, logró cambiar su visión del Amor y de las relaciones con las demás personas. Por fin, aprendió a amarse y a establecer unos límites saludables que la protegían del abuso de los demás. Tras un enorme esfuerzo, logró cambiar el curso de su vida, se separó de una pareja abusiva y pudo establecer una relación de mutuo respeto con su hijo.

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