Desde la consulta
Ramón Soler
Psicólogo
Ramón Soler

Obsesión insana

Hipocondría, cuando el miedo a la enfermedad nos paraliza

La hipocondría es la excesiva preocupación por la salud que nos impide disfrutar de la vida. Esta es la historia de Daniel.

Hipocondria

Daniel vivía con la contínua sensación de que alguna parte de su cuerpo no funcionaba. Debido a la constante preocupación por su salud, nunca lograba disfrutar de su vida.

Incluso, en aquellos momentos en los que no tenía ningún problema físico, su cabeza no cesaba de repetirle “esto no puede ser, seguro que mañana enfermo de algo grave”, “tienes algo latente que no te han detectado”, “seguro que algo va mal”. Sus pensamientos siempre giraban alrededor de enfermedades, miedo, médicos, dolor, intervenciones, hospitales y muerte.

Ante cualquier mínima molestia que sintiera, Daniel acudía al médico, aunque, paradójicamente, era un hombre muy sano y nunca le diagnosticaban nada de importancia. Un doctor amigo suyo, intuyendo que el problema de Daniel tenía otro origen que el físico, le sugirió contactar con un psicólogo para investigar las posibles causas emocionales de sus preocupaciones.

Hipocondría: los miedos que heredamos

Daniel acudió a mi consulta y empezamos a trabajar su historia. Como suele suceder, cuando resolvemos el puzle de la infancia, comprendemos mucho mejor nuestro presente.

Daniel había tenido un hermano mayor que murió de leucemia a los cinco años. Sus padres vivieron de forma extremadamente traumática, como es comprensible, toda la enfermedad de su hijo.

Tras la muerte de su primogénito, los padres de Daniel volcaron en él todos los miedos y preocupaciones surgidos del trauma que habían sufrido tras la muerte de su pequeño hijo de forma tan dramática y prematura. Daniel, un bebé de sólo 16 meses cuando murió su hermano, no recordaba nada del proceso, ni de cómo lo vivieron sus padres. Sin embargo, el pequeño arrastró las consecuencias de este drama durante toda su vida.

La inquietud de los padres por la salud de su hijo acabó transformándose en obsesión. Las visitas a los pediatras y las revisiones se convirtieron en una rutina de su infancia para el pequeño Daniel. Ante cualquier pequeño síntoma, sus padres lo llevaban de peregrinación por diferentes especialistas en un intento de evitar repetir con él la historia que habían vivido con su hermano mayor.

Todas estas visitas médicas fueron grabando en la mente de Daniel la peligrosa idea de que había algo defectuoso en su cuerpo y de que, en cualquier momento, iba a enfermar gravemente y morir. Este pensamiento, con el paso de los años, se reforzó y se consolidó de tal manera que, ya en su adultez, las visitas a los especialistas seguían siendo una tónica en su vida.

Hasta que acudió a consulta, Daniel nunca había relacionado su excesiva preocupación por las enfermedades con la muerte del hermano, al que apenas conoció, y con la posterior actitud hiperprotectora de sus padres. En sucesivas sesiones, pudo colocar cada elemento en su lugar y entendió que no había nada malo en su cuerpo, que había asimilado la obsesión de sus padres por la salud, pero que no tenía nada que ver con él.

También, comprendió el proceso traumático de sus padres por la terrible experiencia de la pérdida de un hijo, lo que le hizo consciente de que él no tenía porqué seguir cargando con ese lastre. Daniel, pudo por fin dejar su historia y su hipocondría en el pasado para centrarse en vivir y disfrutar mucho más su presente.

Cómo liberarnos de la hipocondría

Resulta muy difícil desarmar la hipocondría, preocupación y miedo constante y obsesivo por la salud, puesto que, como toda obsesión, siempre tiene una base de realidad.

La posibilidad de enfermar es algo que está presente en la vida de todos nosotros, por lo que es recomendable llevar una vida saludable y prestar atención ante los síntomas o indicios de enfermedad. Sin embargo, el problema surge cuando este cuidado personal, totalmente sano y aconsejable, es llevado al extremo y nos hace temer, ante cualquier mínimo síntoma, el peor de los desenlaces. Cuando dejamos de disfrutar y no vivimos plenamente por culpa de estas preocupaciones, estamos ante un grave obstáculo en nuestras vidas.

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Para liberarnos de la hipocondría, además de buscar, afrontar y comprender su origen, tenemos que asimilar la idea de que estar constantemente preocupados nos atrapa en el miedo y nos impide vivir de forma plena y real. Vivir tiene sus riesgos, claro está, nadie está exento de enfermar, pero hemos de asumir que no podemos controlarlo todo y que el control nos bloquea.

Cuando dejamos de controlar, empezamos a fluir. No se trata de dejar de preocuparnos por todo, sino de encontrar el equilibrio entre el cuidado personal y el disfrute de la vida.