FARMACO CUADRADA

¿Podré dejar los fármacos? Una pregunta frecuente

Jorge L. Tizón

Hace siete años (yo tenía 26), mis padres y mi hermana murieron en un accidente de coche. Yo no iba con ellos. Justo al mes siguiente, perdí el trabajo que tenía como becario. Y... todo se derrumbó. Me diagnosticaron un trastorno bipolar, que sin duda ya tenía antes pero nunca se había manifestado de aquella manera. Empecé a medicarme con litio y me estabilicé. Desde entonces, cuando he creído estar bien, he intentado dejar la medicación. Pero basta que lo haga para empezar una espiral autodestructiva. ¿Podré alguna vez dejar de medicarme? Y en caso de que pueda, ¿cómo debería hacerlo?

Hemos leído cuidadosamente tu relato y nos parece que la mejor respuesta no es la de decirte cuándo ni cómo deberías abandonar el tratamiento con litio sin sufrir esa “espiral autodestructiva” que ya has experimentado al dejarlo anteriormente. Creemos que es más prudente y puede resultarte mucho más útil que hablemos contigo sobre el tema que te preocupa con un enfoque un poco más amplio.

En primer lugar, nos llama la atención que la referencia a la pérdida de los tres familiares, tus padres y tu hermana, sea relatada de paso, como si se tratara de un dato biográfico más en tu vida. Tal vez haya especialistas que lo vean de este modo, pero nosotros no creemos que tú lo puedas sentir así. Por lo tanto, no sabemos cómo viviste esa pérdida: ¡tres familiares tan próximos desaparecen de tu vida de un día para otro en un accidente! Tal vez estuviste triste y muy derrumbado durante los primeros días o semanas. Quizá luego decidiste motu proprio o por consejo de otros enfrentar la pérdida “tirando para adelante”, como diciéndote: “Hay que superar esta situación, hay que salir adelante, hay que seguir, no puedes quedarte todo el día lamiéndote las heridas, lamentando tus pérdidas...”.

Pero hay muchas formas de “salir” y muchas formas de “tirar para adelante”. Una de las más típicas consiste en negar, procurar no pensar en lo que aquello (u otros hechos anteriores) te afectó e incluso aún te afecta. Un remedio para ese “seguir adelante” son los antidepresivos, el litio y otros fármacos. A veces son imprescindibles, pero tienden a conducirnos a una especie de pseudofortaleza que nos lleva a cubrir un agujero emocional profundo y doloroso con actividades y relaciones continuas, estimulantes, que no dejan pensar... O con fármacos.

Psicofármacos: ¿hasta qué punto generan adicción?

El litio y los antidepresivos te ayudan a mantenerte en un estado de ánimo eutímico, “normal”, ni alto ni bajo, menos doloroso. El litio, en concreto, puede ayudarte a no irte por las nubes ni por los pozos de otros estados afectivos. Probablemente te ayuda a no caer en esas espirales autodestructivas... Pero nosotros nos preguntaríamos por qué tienes tendencia a irte por las nubes. Puede que, como te dirán muchos especialistas, tengas vulnerabilidades para ello, o incluso padezcas un trastorno bipolar. Pero tal vez también, en ese “irse por las nubes”, o en ese “hundirse en los pozos”, influya la forma que tuviste de eludir una realidad excesivamente dolorosa que no pudo ser elaborada en su momento, cuando perdiste a esos tres familiares. No pudiste construir dentro de ti un sustrato emocional más sólido, y el tratamiento es tu muleta, y a veces tu “camisa de fuerza emocional”, con la que tratas de protegerte para no irte a las nubes –los episodios maniacos– ni a los pozos –los episodios depresivos–. Tienes pavor a dejarlo y ahora dependes de sus efectos, tanto bioquímicos como psicológicos. En cierta forma, es tu droga.

¿Qué hacer, pues? Ante todo, no dejes de tomar esos fármacos por tu cuenta, aunque puedas saber mucho más sobre ellos gracias a libros como el de la psicofarmacóloga Joanna Moncrieff (Hablando claro, Herder); consulta con un especialista que sepa de psicofarmacología, pero que también esté en contacto con las formas de psicoterapia que existen para tu situación: pueden ayudarte a ti directamente y pueden ayudar a tu familia y allegados a saber qué hacer para ayudarte cuanto “te vas por las nubes” o “te hundes en el pozo”. No lo puede hacer cualquiera, pero hay especialistas formados en ayudas individuales, ayudas en grupo y ayudas a la familia que te serán fundamentales si deseas depender menos de los psicofármacos, tanto si tienes que seguir tomándolos como si no.

Conectando con nosotros mismos

Se trata de que te ayuden a recolocar en tu mente, en tus esquemas cognitivos y afectivos, lo que te ha ocurrido con tus familiares, con otros sucesos de tu vida, el litio, los allegados, el trabajo, las relaciones personales... Y no solo sucesos del pasado, sino, sobre todo, las relaciones personales actuales y futuras. Eso es lo que hace la psicoterapia, que en casos como el tuyo posiblemente ha de ser individual y familiar separadamente: por una parte contigo; y por otra, contigo, tu familia y tus allegados para que sepan cómo ayudarte cuando “te vas por las nubes”. Eso es lo que hace un psicoterapeuta bien formado. De la misma forma, no debemos ingerir litio o cualquier otro psicofármaco porque nos lo haya recomendado un médico, un enfermero, un familiar o un amigo. Salvo escasas excepciones, solo debería prescribirlo un psiquiatra preparado para ello y, en algunos casos, el médico de cabecera o de familia.

Aprender con la ayuda de un psicoterapeuta y psiquiatra a detenerte en lo que te preocupa, entristece o estimula en el momento actual podría contribuir a construir un sustrato emocional más consistente y probar de dejar el litio. En definitiva, depender más de tu seguridad interior para depender menos de las ayudas bioquímicas o sociales extrínsecas.

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