nubes claros

Entender los estados de ánimo

Nubes y claros. ¿Qué tiempo hace dentro de ti?

¿Hace sol o vienen tormentas? Como el tiempo de afuera, todo es pasajero, también la soledad y la tristeza. Aceptarlo así nos ayuda a vivir

Francesc Miralles

Alina aparcó su coche y se enfundó el plumón antes de salir a la intemperie. Hacía un año que había empezado su estudio del cambio climático en aquel enclave al norte de Inglaterra, justo después de su separación. Aquello le había causado tantos altibajos que ya no se sentía la misma persona que, un día no tan lejano, había llevado en la capital una existencia plácida y previsible.

Siguiendo la máxima de Milan Kundera de que “la felicidad es el deseo de repetir”, los días se habían reproducido de forma agradablemente similar hasta que, una noche, su marido le dio la noticia: se había enamorado de una compañera de trabajo y necesitaba empezar de nuevo. Tras el shock, Alina abandonó la gran ciudad y aceptó un puesto de profesora de meteorología en una universidad del Lake District. Las mediciones que se hacían en la estación meteorológica formaban parte de los estudios del departamento.

Alina entró en el módulo donde se recogían los registros de barómetros, termómetros, pluviómetros y muchos otros artilugios que terminaban en “metro”. Con el cambio climático, en varias regiones se empezaba a cultivar viñedos. Su investigación analizaba hasta qué punto se había alterado la meteorología del norte del país.

Tras encender el ordenador, empezó a analizar las curvas de los distintos registros, comparándolas con otros años en aquella misma estación. A la vez que los nubarrones de invierno amenazaban con lluvias sobre la estación, Alina sintió que también su ánimo se iba encapotando. Tal como hacía siempre en momentos de desánimo, decidió llamar a su madre, una dama octogenaria que vivía en Francia desde su jubilación.

—¿Cómo está el tiempo hoy? –le preguntó la mujer con su habitual tono jovial.

—Cambiante… Hemos tenido tres días soleados, con temperaturas extrañamente altas para esta época, pero esta noche han empezado a soplar vientos del norte y ahora se avecina una tormenta.

—Eso es lo que pasa afuera, pero… ¿qué tiempo hace dentro de ti?

Alina sonrió. Su madre tenía un don natural para captar los cambios en su estado de ánimo. En ese sentido, era una estación meteorológica siempre activa.

—Entre nubes y claros… Hoy me he levantado alegre, pero a medida que conducía hasta aquí me he ido apagando. Justo antes de llamarte estaba a punto de echarme a llorar.

—No tiene nada de raro, hija. Así como todos los lugares tienen su propio clima, las personas pasamos a lo largo de la vida por distintos estados de ánimo. A veces, en un mismo día.

—Entonces, ¿no estoy loca?

—En absoluto, pero creo que le das demasiada importancia a borrascas que son pasajeras – la mujer hizo una pausa y Alina supo que estaba llenando su taza de té–. Nuestro biosistema interior es muy delicado y cambiante. Puede lucir el sol y, justo después, aparecen problemas en forma de nubarrones. Luego llegan tormentas que arrastran viejas tristezas y nos limpian las gafas a través de las que vemos la vida. ¿No es perfecto así?

Alina no supo qué contestar.

—Todo cambia constantemente, por fuera y por dentro. El problema es que vivimos lo que nos ocurre como si fuera permanente.

Cuando te embarga la tristeza, cuesta creer que la tempestad pronto amainará. Y, a la inversa, cuando tu cielo interior es radiante, esperas que se quede así para siempre. Saber que todo es pasajero, también la soledad y la tristeza, ayuda a vivir.

Alina respiró, ya más confortada. Su madre pareció percibir el cambio desde el otro lado, ya que le preguntó:

—¿Cómo estás ahora?

—Mucho mejor.

—Lo celebro, hija. Como dijo un pensador escocés:

“La alegría ha sido llamada el buen tiempo del corazón”

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