ser invisible

Encuentros con Max

Parece que soy invisible

A menudo vamos por la vida tan enfrascados en nuestros asuntos que no vemos a los demás

Ferran Ramon-Cortés

Clara no tenía clase esa mañana y se había acercado al bar de José para desayunar. Estaba profundamente inquieta por un episodio ocurrido la semana anterior con una maestra, compañera suya.

Como no podía quitárselo de la cabeza, de­cidió aprovechar ese momento para llamar a su amigo Max:

—Max, soy Clara, estoy en el bar de José. Tengo un problema y he pensado que po­dríamos hablar. ¿Por qué no te acercas a de­sayunar conmigo?

Max, intuyendo por la voz de Clara que el conflicto no era menor, hizo otra propuesta:

—Mejor te ofrezco un café en mi casa.

Clara no se lo pensó dos veces; en pocos minutos se presentó en casa de Max, que le estaba esperando con el café preparado. Sentados en la cocina, Clara le dijo:
—Max, la semana pasada tuvimos una reu­nión en la escuela. Estábamos todos los maestros. Discutíamos sobre cómo organi­zar la fiesta anual y, en cierto momento, le pedí la opinión a Sonia, una de mis compa­ñeras. Pero, para mi sorpresa, me contestó: “no sé por qué te interesa ahora mi opinión si para ti parece que soy invisible...”.

—¿Y tiene razón?

—Claro que no. Valoro mucho la opinión de Sonia, como la de otra compañera.

Max dejó que Clara reflexionase, hasta que ella misma rompió el silencio:

—Aunque reconozco que algo hay, Max. So­nia es una chica discreta, que no hace mu­cho ruido, y a veces me pasa inadvertida, no caigo en su presencia... Si soy sincera, debo reconocer que alguna vez ni siquiera me he dado cuenta de que estaba ahí. Pero de aquí a que piense que es invisible para mí...

Max quiso llegar al fondo de la cuestión:

—Clara, esta mañana en el bar de José, ¿a quién has visto?

—No te lo sabría decir...

—¿Y con quién estaba José?

—No lo sé, ni siquiera recuerdo que José es­ tuviera en el bar... Cuando he entrado estaba tan concentrada en mi problema que no he prestado atención, la verdad.

—Pues esta es la historia, Clara. Estamos concentrados en nuestra vida o en nuestros problemas y dejamos de percibir el entorno. Y, por el camino, hacemos invisibles a muchas personas que nos importan.

Clara escuchaba con atención y se reco­nocía perfectamente en este comportamien­to. Max continuó:

Y lo más importante es que actuar así tiene consecuencias. Porque cuando las personas se sienten ignoradas, lo toman como un des­dén. Como reza el dicho: “No hay mayor des­precio que no hacer aprecio”. No es agradable pasar desapercibido a los ojos de los demás.

—Pero hay personas que se hacen invisibles...

—Sí, es cierto. Y algunas lo hacen para aho­rrarse problemas, para no contraer respon­sabilidades. Pero la mayoría son simplemen­ te personas discretas a las que no les gusta llamar la atención, o que tienen poca seguridad. No buscan deliberadamente ser invi­sibles. Es más, sufren por el hecho de serlo a los ojos de algunos.

—¿Y qué puedo hacer?

—Clara, cada uno de nosotros tiene su parti­cular lista de personas invisibles, personas que a menudo nos pasan desapercibidas. Pasamos por su lado sin saludarlas, muchas veces no sabemos exactamente qué es lo que hacen ni cuáles son sus inquietudes, y no contamos con ellas para lo que nosotros hacemos u organizamos. Nos ocurre en el trabajo y nos pasa también en la familia y con los amigos. Y esto es así porque, dema­siado centrados en nuestros problemas, no prestamos suficiente atención a quienes nos rodean. Pero es importante tomar concien­cia de esta lista y reducirla, ir tachando nom­bres hasta dejarla a cero.

—¿Y cómo tachamos nombres?

En primer lugar, recuperando la comuni­cación que reconoce su presencia. No son necesarias grandes conversaciones, a menudo bastará con un saludo sincero mirando a los ojos, un detalle, un pequeño gesto... Y en segundo lugar, tomándonos el tiempo necesario para tener suficientes intercam­bios con las personas que nos rodean...

Clara apuró su café. Sabía que tenía que cambiar, pues su lista de personas invisibles no era precisamente pequeña.

Al día siguiente, a media mañana, Max se acercó al bar de José. A esas horas, su ami­go no tenía mucho trabajo, así que pudieron charlar un rato. En un momento de la con­versación, José le dijo:

—Clara ha estado aquí esta mañana y se ha acercado a la barra para saludarme. Me ha sorprendido, porque últimamente había lle­gado a pensar que era invisible para ella...

5 consejos para no hacernos invisibles

  • Saludémonos siempre cuando nos cruzamos por la mañana, y hagámoslo sinceramente. No pasemos a un palmo el uno del otro sin dirigirnos la palabra.
  • No nos ignoremos si compartimos un espacio. Cada uno estará concentrado en lo suyo, pero reservémonos pequeños momentos para reconocernos.
  • No asumas que “ya estoy bien así”. Quizás a mí me cueste más llamar la atención pero esto no significa que no sufra si tú no me ves. Si eres más abierto, puedes llevar la iniciativa, pero
  • Ayúdame a participar, a no hacerme invisible.Cuando estemos con más gente, tal vez me sienta cohibido y tenga la tentación de encerrarme en mí mismo.
  • Siempre habrá una ocasión en que no tendremos tiempo ni para un saludo. Hagamos que sea solo una excepción.

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