Catherine Millot

"La soledad es buena cuando uno no sufre por ella"

Aunque tiene tan mala fama, la soledad no solo es buena, es también necesaria. En la vida hay que estar disponible tanto para el amor como para la soledad.

Eva Millet

Catherine Millot

Catherine Millot es psicoanalista y profesora de Psicología de la Universidad de París VIII.

Discípula de Jacques Lacan, compagina su vocación por la escritura con su trabajo de profesora. En su obra, ¡Oh, soledad! (NED Ediciones), reflexiona sobre las facetas de la soledad.

Desde la soledad melancólica, la que se siente por la ausencia de algo o alguien, a la soledad buscada: la que según Millot se encuentra más allá del abismo de la angustia y puede ser positiva para quien la experimenta.

En su libro, a medio camino entre el ensayo y la novela autobiográfica, la soledad es representada metafóricamente como una travesía por el desierto. Un viaje en el que siempre acompaña la literatura, que tanto ha ayudado a la autora a lidiar con este estado de ánimo que, bien llevado, puede conducir a la serenidad.

¿Por qué la soledad tiene tan mala fama?

Creo que la soledad equivaldría, como decimos en francés, a que se nos deja de lado, se nos abandona, como si se nos apartara. Esta es su dimensión. Creo que la mala reputación de la soledad se debe a que tiene este significado: ser abandonado, rechazado, no ser parte del grupo, que es a lo que aspiran las personas.

Usted vincula la soledad al desencanto amoroso...

Sí, la vinculo con el desamor. Para mí, la soledad es no compartir la cama con nadie. De hecho, mi primera consciencia de la soledad vino después de una ruptura amorosa. Como explico en el libro, a raíz de ello se formó un borde de angustia que he tratado de domesticar toda mi vida. La angustia solo se apaciguaba con una presencia a mi lado.

Pero de niña, por la profesión de su padre, que era diplomático, usted ya experimentó muchos altibajos. ¿Cómo lo encajaba?

Cada cambio de casa, de país, significaba para mí que no había una vuelta atrás, un camino sin retorno. Era una pérdida tras otra; de mis amigos, de mi casa... Y cuando eres pequeña, eso te asusta. ¡Cuando volví a Francia a los catorce años no quise volverme a ir! A mí me gusta viajar, pero no irme a vivir a otro lado. Sufrí un tipo de soledad; pero, cuando la estaba viviendo, no me enteraba de que existía. Fue después cuando me di cuenta de que había crecido muy aislada.

Porque los niños son sociables por naturaleza, ¿no?

Sí, y como resultado de aquella infancia, en mi vida adulta nunca he soportado durante mucho tiempo seguido la vida en grupo. El hecho de ser psicoanalista es bueno porque una tiene una relación individual con el paciente. No tengo jerarquías, ni jefes a quienes rendirles cuentas; estoy sola.

El amor, pero no solo de la pareja, sino también el amor de los amigos, la familia..., ¿es el mejor antídoto para la soledad?

El amor no se puede buscar, o llega o no llega. Creo que en la vida hay que estar disponible tanto para el amor como para la soledad.

Aceptar una cosa o la otra según los avatares de la vida, porque a menudo uno no decide: en la vida hay momentos en los que uno está acompañado y otros en los que no. Y sí, si no vivimos en pareja, en general todo el mundo se las arregla para tener una vida con amigos, familia... No existe solo la pareja.

¿Se puede uno sentir solo estando en compañía?

Sí, claro, aunque cuesta más darse cuenta de que uno está solo cuando se está rodeado de gente. De todos modos, no es lo mismo sufrir la soledad que ser solitario: hay matices en esta palabra que no merecen la mala fama que tiene.

¿Para qué sirve la soledad cuando es positiva?

La soledad es buena a partir del momento en el que uno no sufre por ella. Además, hay gente que tiene más o menos necesidad de soledad, todo depende de cómo la definamos. Durante nuestro día, tener un rato para estar a solas es muy importante. Es indispensable, en todo caso, cuando uno crea o produce algo, como cuando uno escribe: la escritura es forzosamente solitaria y demanda mucho tiempo sin nadie. Lo mismo sucede con la lectura: durante mi jornada necesito, siempre, un tiempo conmigo misma.

¿Tendríamos que aprender a estar solos?

Creo que hay que dejar que los niños se aburran un poco, precisamente porque si se aburren van a encontrar algo que hacer.

Eso forma parte del aprendizaje de la soledad: pasar por la prueba del aburrimiento cuando eres niño.

¿Los niños no saben aburrirse en parte porque los padres no les dejan?

Sí, realmente es así. Yo, en cambio, de niña tuve esta experiencia porque debido a los traslados frecuentes de mis padres yo no iba a la escuela. Además, era hija única. Conocí este aburrimiento de la infancia... hasta que descubrí los libros y estos se convirtieron en mis compañeros para el resto de mi vida.

Con todo este bagaje, ¿se considera una persona solitaria?

Tengo una determinada necesidad de soledad, pero no me considero una persona solitaria. No. Prefiero vivir con alguien. Y creo que soy capaz de convivir con los demás de manera bastante fusional, pero, al mismo tiempo, respetando mi propio espacio.

¿El afán por estar solo, cuándo se convierte en una patología?

En los jóvenes, el replegarse sobre uno mismo puede ser señal de una esquizofrenia emergente, pero no es lo mismo encerrarse en uno mismo para trabajar en soledad que el aislamiento de los esquizofrénicos. En el caso de la agorafobia, gente que no sale de casa porque tiene miedo, angustia y quiere estar sola, eso puede ser un síntoma. También está la clinofilia: personas que no salen de la cama. A mí me encanta estar en la cama, en casa, en mi despacho... pero nunca he tenido miedo de salir, de ver y estar en contacto con la gente. Lo que a mí me gusta es tener la posibilidad de no salir de mi casa si yo quiero, si nada me atrae en el exterior.

Hoy parece que la gente tenga terror a estar sola y tiende a compartir lo que hace en su vida, por fútil que sea, en las redes sociales, los mensajes de móvil... ¿Es algo sintomático de nuestro tiempo?

Es ciertamente un síntoma de aislamiento y de miedo a la soledad. De miedo a quedarse solo con uno mismo. No es una buena señal, en absoluto. Yo no tengo Facebook, ni Twitter... Recibo correos electrónicos y me basta.

También cada vez se tiene más miedo al silencio, tanto el exterior como el interior.

Sí, en el libro hablo mucho de la búsqueda del silencio, incluso del interior. Del discurso interior, de la necesidad de que se pare, que se calme.

Cuando la soledad no se percibe como algo positivo, ¿qué cosas nos ayudan a convivir con ella?

En mi caso, en los periodos en los que no he vivido con alguien, la amistad, sin duda, ha sido algo importantísimo. Y el trabajo, que te vincula a los demás, sobre todo en mi oficio, en el que estoy ligada a mis pacientes. De algún modo, no estoy nunca sola porque estoy siempre con visitas.

¿Quiénes lidian mejor con la soledad, los hombres o las mujeres?

Yo creo que las mujeres. En general, las mujeres la gestionan mejor.

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