Jorge Luis Tizón

"El miedo es un arma de destrucción masiva"

Nos permite sobrevivir y, como todas las emociones, es una fuente de creatividad, pero hemos de aprender a manejarlo para que no nos genere excesiva ansiedad

Eva Millet

Jorge Tizon

Jorge Luis Tizón es psiquiatra, psicoanalista y neurólogo y autor de diferentes libros, entre ellos, El poder del miedo (Milenio). En en unos tiempos en los que el miedo se ha convertido en un fenómeno dominante, en esta obra aborda su influencia sobre el individuo y la sociedad.

¿Estamos en una época particularmente miedosa?


Hoy el miedo es el arma de destrucción masiva fundamental. El miedo generalizado, sabiamente dosificado, acompañado de los llamados “metamiedos”, los grandes miedos, es un medio de control eficacísimo.

¿Por qué es tan efectivo?

Porque parte de la población está dispuesta a aceptar lo que sea, por miedo a que lo otro pueda ser peor... El miedo también puede ser una vía para la creatividad, pero hoy se está utilizando como un sistema para parar la conciencia, el pensamiento y la solidaridad.

¿El miedo es, entonces, más coyuntural que innato?

Disciplinas como la neurofisiología, la etología y la antropología afirman que hay miedos preprogramados en la especie. Nacemos programados para temer, lo que nos permite sobrevivir. Lo que sucede es que, si tenemos una buena crianza, una relación próxima y estable con nuestros padres o cuidadores, aprendemos a controlar y modular los miedos.

Dice que el miedo puede ser creativo...

Todas las emociones pueden ser la base de la creatividad, y el miedo es una emoción. Esta es la aportación fundamental: no tratar las emociones como algo que hay que domar –lo que nos han enseñado en el catolicismo, el judaísmo y el calvinismo– sino como algo básico en la cultura que nos permite conocer el mundo.

¿Y cómo lo hacemos?

Si logramos elaborar el miedo, producimos nuevos elementos mentales, creativos, a partir de los que evolucionar; aparece la solidaridad, una de las mejores maneras de combatir el miedo. La idea de que el miedo es un enemigo que hay que eliminar es falsa.

¿Qué opina del lema “La libertad es la ausencia de miedo”?

Respeto el punto de vista literario; pero, desde el punto de vista científico, la frase no es muy exacta. No hay ausencia de miedos porque nunca desaparecen; no hay forma de sobrevivir sin miedo, y ¡no creo que la libertad sea la de los cementerios! La libertad debería consistir en tener herramientas, individuales y sociales, para afrontar los miedos que cada uno y cada sociedad tienen.

¿Cuántas enfermedades mentales se deben al miedo?


En términos generales, se considera que el aumento excesivo de la ansiedad es lo que produce los trastornos mentales. Cuando tenemos una emoción fuerte, sea la que sea –miedo, asco, ira, pero también amor o placer–, nos ponemos ansiosos. Con cada emoción excesiva hay ansiedad excesiva; pero el problema no es la ansiedad en sí sino la emoción que la ha generado. Y hay trastornos mentales, como las fobias, las psicosis y el estrés postraumático, que tienen mucho que ver con el miedo, que es la emoción que las ha hecho aflorar.

¿La crisis ha aumentado las patologías mentales? 


Se sabe que los trastornos, en tiempos de crisis económica y social, aumentan. Pero en mi opinión, los trastornos aumentan también porque cada vez se “institucionaliza” más a los niños, llevándolos a guarderías con pocos meses y escolarizándolos tempranamente. Cada vez se da menos aquella figura próxima y estable que cuida a los niños durante largos años. Desde el punto de vista científico, no es necesario escolarizar a los niños antes de los 6-7 años.

Es el sistema...

Sí, es necesario desde el punto de vista social; es una necesidad del sistema. Esta institucionalización precoz es una ideología construida sobre un “metamiedo” social: “¿Qué pasará si no llevo a mi hijo a escolarización precoz?”.

¿Por qué tendemos a culpar a los demás de nuestros miedos?

Echar lo que nos molesta, “vomitarlo”, es una tendencia básica en el organismo. Si hay miedo, la culpa es de los inmigrantes, los profesores, el marido, la mujer, el hijo... sin embargo, la forma de lidiar con él debería ser trabajarlo con la mente y en la relación social.

Todos menos uno mismo... ¿Existe el miedo a uno mismo?

Sí, aunque quizás es también un poco literario. Creo que está vinculado a cuando uno carece de una identidad segura, como en la adolescencia, una etapa con muchos miedos y en la que el adolescente se pregunta: “¿Qué será de mí? ¿Dónde acabaré?”.

¿El miedo delata inmadurez?

En absoluto, es un error cultural. Tener miedo es un síntoma de madurez. Pero dejarse dominar por él, arrinconarse o perder capacidades cognitivas por el miedo es un síntoma, no sé si de inmadurez, pero sí de no haber elaborado suficientemente los miedos.

Entonces, ¿cuándo hay que pedir ayuda médica?


Cuando dificulta las relaciones o el desarrollo personal y social. El miedo a volar (un miedo primitivo, ¡los hombres no vuelan!) puede romper la vida a un ejecutivo. Los miedos excesivos en un niño o un adolescente pueden alterar muchísimo todo su desarrollo.

¿Cómo podemos enseñarle a un niño a dominar el miedo?

Más que enseñarle hay que acompañarle para dominarlo. Una forma es el juego, un elemento educativo fundamental. Jugar con un bebé al “cucu tras” (ahora no estoy, ahora aparezco) es buenísimo porque, con humor, enseñamos al niño que su mamá o su papá se van, pero vuelven. Le ayudamos a dominar un temor básico: el miedo al abandono.

¿Hay miedos inconfesables?

Uno fundamental es mostrar miedo. No debería ser un tabú: lo que corresponde en situaciones como la actual es mostrarlo y no quedar paralizado.

¿El miedo a morir es el más universal?


Sin duda, es la quintaesencia de los miedos. Todas las religiones y culturas han tenido sepulturas y mecanismos de duelo. Son sistemas para ayudar a afrontar el miedo a la muerte, la propia y la ajena.

suscribete Octubre 2017