Entrevista a Jorge Bucay

‘‘La felicidad es recorrer tu camino"

Es psicoterapeuta, escritor y uno de los divulgadores más brillantes de psicología positiva. Nos invita a reflexionar sobre el sentido de la vida.

Elisabet Riera

Jorge Bucay

Nacido en Buenos Aires en 1949, se graduó en Medicina y se especializó en enfermedades mentales. Autor de más de veinte libros de gran éxito, es editor de Mente Sana desde su primer número. Actualmente coordina el proyecto Desarrollo humano para todos de la Universidad Juárez, de México.

Entrevista a Jorge Bucay

En tu primer libro, Cartas para Claudia, decías que “la felicidad consiste en permitir que todos los sucesos sucedan”. Pero en la vida nos pasan cosas que preferiríamos evitar. ¿Es posible hacer compatibles el dolor y la aceptación?

En principio, no hay contradicción entre el concepto de aceptación y el de adversidad, ni tampoco correlación directa entre el placer y la felicidad. Esta felicidad de poca monta a la que se confunde con la alegría no es felicidad; es alegría y nada más. La felicidad no es estar contento, es recorrer con certeza el camino que hemos elegido para nuestra vida y que da sentido a la propia existencia.

A menudo has expresado la idea de que la felicidad no es un lugar, sino un camino. ¿Qué nos recomendarías llevar en la mochila para hacer más enriquecedor el viaje?
Todos nuestros recursos, incluidos nuestros sentimientos más luminosos y los más oscuros, un buen conocimiento de uno mismo, fortalezas y debilidades, el amor de los amigos y, lo más importante, todos nuestros sueños.

La felicidad no es estar contento, es recorrer con certeza el camino que hemos elegido para nuestra vida

Uno de sus relatos hablaba de un elefante encadenado que no se atrevía a arrancar la débil estaca que lo tenía sujeto porque desde pequeño había aprendido que… ¡no podía hacerlo! ¿Nuestras creencias son las mayores causantes de nuestra infelicidad?

Nuestras conductas son el resultado de nuestras creencias, y nuestra historia es indudablemente el resultado de nuestras conductas... Por lo tanto, nuestra vida y nuestro destino dependen en gran medida de nuestras creencias; y estas, de nuestra educación y experiencias vivenciales.

A veces no nos atrevemos a ser felices del todo, no nos damos permiso. ¿Por qué?

Muchos condicionamientos nos condenan a la infelicidad, la mayoría ligados a algún mandato o regla que nos tragamos con la leche materna y los primeros consejos de nuestros padres. Pero, además, ser felices implica la decisión de hacer, decir y pensar cosas que no siempre son aplaudidas por nuestro entorno, que siempre está dispuesto a repetir aquella frase que mi madre repetía con la mejor intención, pero que podría haber causado la peor consecuencia: “¡Si sigues siendo así, nadie te va a querer!”.

Esta apuesta por uno mismo es lo que llamas egoísmo sano. Pero ¿no es más bien el altruismo lo que puede procurarnos felicidad? Los estudios de la psicología positiva lo afirman...

No soy yo quien va a cuestionar las afirmaciones de Seligman o los popes de la psicología positiva, pero yo no entiendo su planteamiento como altruismo. Altruismo es: los intereses y las necesidades de los demás (de todos los demás) antes que los míos, y no creo que ese sea un principio positivo, ni para la felicidad ni para la vida sana.

Tanto es así que, en oposición a ese planteamiento, yo he diseñado humildemente el concepto de egoísmo solidario, que se podría describir así: frente a la necesidad de un hermano (aunque no sea hijo de mi madre) me da tanto placer sentir que puedo ayudarlo que, egoístamente, no me quiero privar de hacerlo.

Y este egoísmo sano, ¿cómo encaja con las relaciones de pareja, con el amor?

Encaja absolutamente. Lo que no encaja es la asociación forzada de amor con pareja, como si esos dos conceptos vinieran ligados necesariamente, como si el lugar donde está el amor, o donde hay que buscarlo, es en la pareja y no es así. Se ama a los amigos, a los hijos, a los padres, a una ciudad, a una sinfonía, a un poema, a una idea y a la gente de mi barrio, de mi país y, por qué no, de mi planeta.

De tus textos se desprende que la felicidad va ligada a la libertad. Pero el contexto socioeconómico actual parece que nos deja poco margen para ello. ¿Qué espacio tenemos?

Sinceramente, creo que la mirada de una sociedad que no deja escapatoria es nefasta para nuestro futuro. Ciertamente hay una sociedad que no desea que seamos libres, que podamos elegir y que nos animemos a volar; se llama sociedad de consumo y nos necesita cautivos para poder seguir vendiendo lo que vende, incluidos sueños estandarizados apoyados en la promesa de una felicidad que deviene del tener y no del ser.

La pirámide de Maslow, de la que has hablado mucho en tus conferencias, muestra las necesidades básicas del ser humano. En el primer nivel, alimento y cobijo. En el último, la autorrealización. ¿Crees que con los años ha cambiado?

Creo que la sabiduría de Maslow mantiene en esta pirámide una guía de lo que es prioritario y primario, y de cómo hay que ocuparse primero de la base y después de lo demás. Lo que sí ha cambiado son las cosas que componen cada piedra de la pirámide.

Las necesidades primarias pueden definirse de otra manera, la seguridad se consigue desde otros logros, la inserción se percibe diferente y la subjetiva sensación de saberse reconocido y valorado no volverá a ser la misma que la que era antes de la invención de Internet y la fuerza de las redes sociales. Pero, en esencia, la pirámide para sentirse realizado como persona sigue y seguirá siendo, creo, la misma.

Artículos relacionados

suscribete Octubre 2017