Entrevista a Manel Martínez

"El niño debe buscar sus objetivos, no los del adulto"

Frente a los colegios tradicionales donde los alumnos son parte de una secuencia de producción, las escuelas libres proponen que el protagonista sea el propio niño.

Laura Gutman

En las escuelas libres los objetivos son los del niño

Manel Martínez es director de Liberi, una escuela libre de Primaria y ESO, donde los niños eligen qué quieren aprender, y cómo hacerlo.

Entrevista a Manel Martinez, director de Liberi

¿Cuál es la realidad de los niños en las escuelas?

Existe una falsa percepción en mucha gente de que “ahora se exige menos a los niños”, cuando la realidad es que están sometidos a unas condiciones que los adultos no toleraríamos para nosotros. En muchos casos se hace difícil entender cómo el niño y su familia sostienen situaciones imposibles.

¿Por ejemplo?

Niños que no pueden salir del aula para beber agua o hacer pis, que deben mantener el orden en una fila, que no pueden hablar cuando ellos lo deseen, que deben esperar que el adulto dicte las normas.

Niños que son juzgados, diagnosticados, medicados porque “no siguen el ritmo” de la clase o “se mueven demasiado”. Niños que llegan a casa exhaustos y tienen que hacer dos horas de deberes.

Pero no todas las escuelas serán así...

En la escuela, como institución, existe una obsesión por el resultado, por las lógicas del éxito y el fracaso, por la especialización, por la tecnología, por la competividad. Si nos fijamos, parámetros que bien servirían para gestionar una empresa privada y no tanto para hablar de escuelas, que se componen de sujetos y no de objetos mercantiles. El principal problema de la escuela es tratar a los niños como objetos y no reconocer su condición de sujetos.

Los niños son tratados como “cosas” al servicio aparente de su progresión, avance e hipotética felicidad futura.

Y claro, por eso decimos que muchos niños “fracasan”.

Los niños invierten una cantidad ingente de horas para obtener unos resultados, en cuanto a aprendizajes, muy mediocres. ¿Fracaso escolar? Quizás el fracaso es de la escuela, ¿no? ¿Tantas horas de clase, tantos deberes, tanta angustia, para aprender tan poco?

En las escuelas, los niños memorizan cosas que en gran medida no entienden, las regurgitan en un examen, y las olvidan. Lo peor es que en ese proceso pierden la confianza en sí mismos y la pasión por el aprendizaje y por la cultura.

¿Qué es una escuela libre?

La tradición de escuelas libres es larga y amplia, con muchos nombres y referentes importantes, y también con algunas diferencias entre unas líneas y otras. Pero lo común a todas es que el niño es quien decide qué quiere aprender y cómo.

¿Y cómo se acompaña eso? Porque en una clase puede haber muchos intereses diferentes, y muchos ritmos.

Hablaré de nuestra escuela, Liberi. Para empezar no hay grupos ni clases.

¿No hay cursos: Primero, Segundo, Tercero…?

No. Los grupos los forman los mismos niños de manera natural: por intereses, por afinidades. Y entonces nosotros trabajamos a partir de esos grupos, en los que quizás hay edades mezcladas.

¿Y cómo trabajan esos grupos que se forman?

Cada grupo tiene un maestro de referencia, o tutor, o adulto acompañante, o como queramos llamarlo. Lo que hacemos es hablar, hablar mucho con cada grupo. Y entonces cada grupo traza su propio programa de estudios.

Entonces... ¿los niños eligen lo que estudian?

Sí. Expresan lo que les interesa en cada momento, y en base a eso, deciden, y también nosotros les proponemos trabajos y actividades. Construimos horarios. Y les acompañamos en sus investigaciones y en sus trabajos.

¿Y qué ocurre si un niño no quiere estudiar nada?

Eso pasa en la escuela “convencional”, ¿no? El niño que se desconecta. Que no escucha en clase. Que se aburre. Que habla con el de al lado. En Liberi no ocurre nada de esto, porque los niños solo trabajan en aquello que realmente quieren trabajar en cada momento.

¿Por ejemplo, qué hace un niño en esta escuela?

Podría estudiar matemáticas, si quiere, a través de materiales manipulativos: Montessori y otros. Podría hacer juegos de lógica. Podría hablar en otros idiomas, con gente que habla esos idiomas y a la vez hacen otras cosas.

Podría pintar, dibujar cómics, bailar.

Podría sentarse bajo un árbol a leer. Podría hacer puzles de mapas. Podría tener debates con adultos sobre Historia, o sobre temas de actualidad que le preocupen. Podría asistir a las clases, talleres y actividades que hacemos cada día. Podría cuidar el huerto. Mil cosas.

¿O podría jugar y ya está?

Jugando es como aprendemos casi todo.

¿Y las relaciones entre los niños cómo son?

Las relaciones sociales son fundamentales, es donde crecemos como seres humanos. Los adultos respetamos mucho las relaciones entre niños, les damos mucho valor. Observamos, estamos disponibles, y cuando consideramos que es necesario, nos acercamos y proponemos hablar.

Esto es lo que más hacemos en Liberi: hablar. Los niños hablan y hablan y hablan: entre ellos, con nosotros.

Y es así, hablando, como aprenden y descubren todas las cosas importantes.

¿De qué hablan?

De todo. De sus relaciones. De sus conflictos. De lo que les preocupa. De lo que viven en sus casas... A veces vienen adultos de visita a Liberi y se sorprenden de la capacidad que tienen los niños para expresar su realidad, sus sensaciones, sus pensamientos. Pero es que eso es lo que hacen todo el tiempo, hablar.

Y si expresan preocupaciones que tienen que ver con el ámbito de su familia, ¿qué ocurre con eso?

Hablamos también con las familias. Hay que aclarar que nosotros somos una escuela y no un espacio terapéutico. Pero el hecho de hablar, en sí mismo, es liberador y reconfortante, en una sociedad en la que no hay muchos espacios de escucha.

Digamos que al colegio entra la familia con sus proyecciones, y que nosotros podríamos contribuir a que esa maternidad y paternidad fuesen críticas con su propio funcionamiento familiar, y que se convirtiesen en energías a favor de la subjetividad de su propio hijo.

Quieres decir que la escuela no solamente recibe a los niños sino que también puede avalar o ayudar a que todos esos conflictos con los que vienen la madre y el padre se regeneren en algo más fluido para con el niño...

Claro. Una familia, ¿qué proyecta sobre el hijo? Proyecta el deseo de que trascienda su condición.

Por ejemplo que cumpla a rajatabla lo que ellos no son.

A veces justamente aquello que nosotros no logramos ser es lo que proyectamos como un mandato sobre nuestros hijos. Y nos enfadamos muchísimo si ellos no cumplen aquello en lo que, previamente, nosotros hemos “fracasado”. Esto por supuesto no lo hacemos de forma consciente.

Y a veces las dificultades de los hijos tienen que ver con esos mandatos de los padres.

Claro. Nosotros intentamos llevar un poco de luz a la dinámica compleja relacional que hace, por ejemplo, que un niño sea lento al leer o no entienda las cosas o que tenga problemas con las matemáticas.

¿Esto qué quiere decir?

Nosotros recibimos a niños que vienen de otras escuelas, donde se ha dicho que ese niño “es lento” o “le cuesta comprender” o “no se esfuerza”.

Y lo que decimos es: “La lentitud no existe”.

Solo existe en relación con lo que tú esperas de alguien. Nosotros no buscamos que el niño trabaje para los objetivos del adulto, sino para su propio desarrollo como sujeto.

Hay muchas familias que eligen la escuela Liberi. ¿Tal vez muchos padres proyectan que en esta escuela les van a resolver los problemas al niño, aunque no entiendan muy bien el funcionamiento?

Se acercan muchas familias explicando: “Es que mi hijo no va bien”. El relato de la familia sobre su hijo tiene claves a nivel social que se repiten. Es frecuente que los padres digan: “Mi hijo tiene problemas en los aprendizajes pero es muy bueno en dibujo, o en música”. Claro: como el arte no es resultadista... tu hijo se ha escondido en algo donde no es juzgado.

Es como si hubiera aprendizajes de primera y de segunda.

La escuela se ha apropiado tanto del resultado y las materias, que ha hecho suyo el conocimiento, pero a nivel real no hay tanta diferencia entre cortar una madera y sumar. Es decir, todo formaría parte de una relación tuya con las cosas.

Nosotros les decimos a las familias que no queremos que el niño tenga tus relaciones con las cosas, sino que queremos que mantenga sus relaciones con las cosas. Si él tiene unas relaciones con las matemáticas es la suya. El número se le presenta como un objeto abstracto y él tiene que sostenerlo. Tendrías que apartarte de su relación, o si no, vívela como él.

O aprende cómo él se relaciona.

Míralo, pero no lo juzgues, porque le estás introduciendo ese parámetro del resultado.

¿Qué dice un niño de 9 o 10 años sobre la escuela Liberi?

Ellos te dirían que en la escuela pueden hacer lo que quieren. Eso sería una visión mítica, porque uno hace lo que quiere, pero en función de sus relaciones, y a veces son una imposición brutal.

Pero ellos lo tienen clarísimo: en Liberi son ellos mismos y son libres.

suscribete Octubre 2017