optimista y realista

Realismo inteligente

4 estrategias para convertir tu negatividad en optimismo

Frente a los ataques de pesimismo, podemos detectar cómo funcionan las trampas de la negatividad y desactivarlas. Practica las 4 estrategias de Martin Seligman

Eduardo Jauregui

¿Por qué siempre le quitamos valor a lo bueno? ¿Por qué nos ponemos en lo peor? Todos nos dejamos llevar a veces por el pesimismo. Unas veces es porque nos sentimos atrapados en una mala racha. Otras veces es una cuestión más de carácter, utilizamos un extraño mecanismo de protección para no hacernos ilusiones, para evitar la decepción.

Muchos incluso creen que ser optimista es de soñadores o de ingenuos, que no se puede ser optimista y realista. Intentaremos demostrar que eso no es así.

Tomemos como ejemplo las ideas pesimistas más radicales, que sin embargo se escuchan a menudo o que, alguna vez, todos hemos tenido: “La vida es algo horrible, el mundo es un asco, la especie humana es despreciable”. ¿Son ciertas estas afirmaciones?

Desmontando la negatividad: 4 estrategias antipesimistas

Si nos fijamos en las guerras, los crímenes y las maldades que configuran buena parte de los libros de historia y del telediario, puede parecer que sí, que estas afirmaciones son ciertas y todo es un desastre.

Pero si las analizamos con espíritu crítico, veremos que son ideas que se tambalean sin remedio. En la vida hay alegrías, hay belleza, hay risa, hay placeres del cuerpo y del espíritu, hay bondad, cariño, sacrificio y solidaridad.

Como dijo en cierta ocasión Mahatma Gandhi, “La regla general es el amor. Lo que sucede es que las noticias y los libros de historia recopilan todas las excepciones a esta regla”.

Por eso, el optimismo no tiene que ser “poco realista” o “ingenuo” sino todo lo contrario. No se trata de vivir en un mundo ficticio e ilusorio sino de sembrar dudas razonables respecto a creencias a menudo poco fundadas o limitadas a una sola perspectiva.

Es fundamental percatarse de que los sentimientos casi siempre reaccionan ante las creencias y las interpretaciones, no ante los hechos reales.

Martin Seligman proporciona algunas pistas más sobre cómo combatir nuestras propias creencias negativas y evitar las trampas que nos ponemos. Puedes practicar estos trucos para luchar contra los ataques de pesimismo.

1. Encuentra los puntos débiles de tus creencias negativas

Siempre los hay, solo los tenemos que dejar de lado nuestra opinión e investigar un poco. ¿El hecho de que te hayan suspendido el examen de conducir significa realmente que nunca serás capaz de conducir? Investiga entre tus amistades cuántas de ellas suspendieron una, dos o incluso tres veces antes de obtener el carné; habrá más de una.

¿La lluvia del viernes por la tarde significa que hay que cancelar el viaje del fin de semana por mal tiempo? Consulta las previsiones para el sábado y el domingo porque a lo mejor te sorprende saber que ahí adonde tú vas brillará el sol.

2. Revisa todas las opciones, no solo las malas

Durante un ataque de pesimismo, solemos escoger las causas más generales, destructivas y permanentes. Piensas “seguro que es un cáncer”, en vez de “será un bulto insignificante”; o “soy un idiota”, en lugar de “no estudié lo suficiente para el examen”.

Tu objetivo debe ser buscar todas las alternativas posibles, aunque no te convenzan del todo, porque el objetivo final no es convencerte es sembrar dudas razonables respecto a la interpretación más negativa.

Hay que tener en cuenta que, cuando nos ponemos cenizos, no escogemos la interpretación más negativa porque es la más creíble sino porque es la peor de todas. Nos centramos en ella y no vemos las alternativas.

Pero en la práctica del optimismo, no se trata de negar la interpretación más funesta sino de equilibrarla con otras posibilidades.

3. Acepta la realidad pero minimiza las consecuencias

En algunos casos, puede suceder que los hechos sean demasiado claros y no haya manera de negar el infortunio: efectivamente es cáncer, conducir no es lo tuyo o el fin de semana va a diluviar en toda la Península.

En ese caso, nos queda la táctica de minimizar las consecuencias: Hoy en día existen muchos tratamientos eficaces contra el cáncer. Hay mucha gente sin carné de conducir que vive feliz, moviéndose a pie, en bicicleta y en transporte público.

O dale la vuelta a la moneda, busca alternativas… Cambio de planes: ¡fin de semana tranquilo en casa disfrutando de la pereza matutina, la lectura, el bricolaje, el cine, la cocina, los museos, la música y el parchís!

4. No le quites valor a lo bueno

Somos lo peor, porque muchas veces nuestro pesimismo llega incluso a afectar a los sucesos positivos. Tendemos a interpretar estos hechos como aislados, puntuales o casuales.

Por ejemplo, si me hacen un cumplido no es porque me lo merezca sino porque “quieren quedar bien conmigo” o porque “no me conocen realmente”. Si apruebo el examen es por “suerte” o porque “le doy pena al profesor”.

En estos casos, debemos tratar de buscar interpretaciones positivas que apunten a causas generales, permanentes y personales: “El cumplido refleja una de mis virtudes personales” o “el examen lo aprobé porque conozco bien la materia”.

Y aunque no nos creamos del todo estas interpretaciones, lo importante es equilibrar la tendencia a desvalorizar lo positivo.

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