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Neurociencia

Descubre cómo el amor modifica tu cerebro

El amor transforma la arquitectura de tu cerebro y produce cambios en él orientados hacia la dicha, el gozo, la motivación y la regulación emocional. ¡Te cambia!

Tomás Álvaro

El doctor Arthur Janov es conocido por ser el creador de una forma de psicoterapia basada en el grito primal. Pero, además, es el autor de un libro bellísimo titulado Biología del amor, en el que explora cómo a nivel neurológico el amor determina la estructura cerebral y corporal del ser humano.

El Dr. Janov estudió especialmente las vías neurales que el cerebro desarrolla en respuesta a estímulos amorosos desde el momento del nacimiento y los períodos prenatal y perinatal. Apuntó que la carencia afectiva en las primeras etapas de la vida, la falta de cuidados amorosos, de caricias y de atención, suponen una auténtica catástrofe en el desarrollo físico, inmunológico y emocional, que determina el curso vital de la persona.

Cerebro: la importancia del amor en la evolución

El cerebro representa el mapa donde queda plasmada nuestra historia evolutiva. Según la propuesta del Dr. McLean del cerebro trino, está compuesto por una primera serie de estructuras antiguas o reptilianas, que incluyen los mecanismos de control de los instintos; un segundo cerebro emocional o mamífero, con capacidad de procesar los sentimientos; y finalmente un cerebro humano, el más evolucionado, donde se asientan los circuitos de regulación, comprensión y razonamiento. Este último constituye la corteza cerebral, mientras que nos referimos a los dos primeros como estructuras subcorticales, por estar enterradas en las profundidades del cerebro.

El hemisferio derecho es el hemisferio del amor. Es de mayor tamaño que el izquierdo y se encarga de procesar sentimientos y emociones. Su sistema límbico está más desarrollado que el izquierdo y madura mucho antes, habiendo completado su desarrollo casi totalmente hacia el segundo año de la vida. En este proceso interviene de forma decisiva el amor recibido en la primera infancia, que estructura literalmente el cerebro e impulsa su desarrollo. En la primera infancia, la vivencia del amor está directamente relacionada con la satisfacción de las necesidades básicas, el contacto físico, crucial en los primeros años de vida y también en el adulto.

La ausencia de la experiencia amorosa impide que tanto el cuerpo como el cerebro se desarrollen adecuadamente. Por eso el amor constituye un evento químico literal, reflejado en la arquitectura cerebral que da soporte a emociones y sentimientos.

La neuroplasticidad

El mecanismo de neuroplasticidad permite modificar la estructura cerebral, integrar las experiencias vividas y propiciar el funcionamiento básico de crecimiento y evolución. El poder del amor radica en que este sentimiento no es solo una idea, sino que queda escrito sobre células, tejidos y sistemas. Muy especialmente sobre el sistema nervioso, pero también sobre los sistemas inmune y endocrino. Es la radiación del amor que hace vibrar las moléculas de información de esos sistemas, citocinas, hormonas y neurotransmisores, diseñadas para difundir el gozo amoroso por todo el organismo, sus tejidos y sus emociones.

El amor romántico es un estado motivacional asociado al deseo de mantener una estrecha relación con otra persona y compartir con ella la vida. Su efecto es de tal magnitud que tiene la capacidad de inducir cambios cerebrales tanto en el que lo da como en quien lo recibe.

La ciencia explica el enamoramiento

Los estudios de resonancia magnética permiten investigar el procesamiento de la regulación emocional, la motivación y la recompensa. Cuando los enamorados ven fotografías de sus parejas, es posible observar en directo los cambios que se producen en la arquitectura cerebral como consecuencia del estado de enamoramiento. A través de esta técnica, un grupo de investigadores chinos ha conseguido identificar las estructuras cerebrales implicadas en el estado de gozo de los enamorados.

Sus hallazgos confirman la participación del sistema límbico, cuyas estructuras aumentan de tamaño y de función de forma significativa en el grupo de estudio de los enamorados. Los cambios se relacionan con la duración del enamoramiento y de la pérdida del estado amoroso. Otras zonas de la corteza cerebral prefrontal implicadas en la regulación emocional, así como la amígdala y el núcleo accumbens, que está en relación con la dicha y con el placer, muestran una especial receptividad al estado amoroso.

Los cambios cerebrales relacionados con el amor incluyen áreas corticales y subcorticales. Las primeras son las que se encargan de mediar la recompensa y el estado de gozo, la motivación y la regulación de la emoción. Y las últimas dirigen principalmente la cognición social, la atención, la memoria, las asociaciones mentales y la imagen de sí mismo. El amor esculpe la arquitectura cerebral a través de cambios asociados a lo que algunos investigadores consideran un estado de psicosis transitoria. Bajo su efecto, se producen alteraciones de la cognición y el comportamiento, del foco de atención, la euforia, la obsesión, la distorsión de la realidad, la dependencia emocional, los cambios de la personalidad y la asunción de riesgos.

El patrón de actividad neuronal de los enamorados enciende regiones cerebrales como el hipocampo, el núcleo accumbens, el núcleo caudado y el hipotálamo, implicadas en la percepción de los sentimientos y la regulación de las emociones. A la vez, se produce la disminución de la activación de la amígdala, la corteza prefrontal y los lóbulos temporales, estructuras más relacionadas con el miedo y la precaución.

Armonizando nuestro estado emocional con el de la pareja

Los estudios indican que los enamorados y su cerebro hacen esfuerzos frecuentes para activar las partes del cerebro que se encargan de monitorizar su propio estado emocional, así como el estado emocional de la pareja. Con ello, de forma consciente o inconsciente, se consigue armonizar los conflictos y se emplean estrategias cognitivas para resolver posibles escollos y mantener así la relación inmune a los problemas. La activación de esas áreas consigue también aliviar los síntomas relacionados con la ansiedad y el estrés propios del estado amoroso.

En conclusión, el amor modifica la arquitectura cerebral y produce cambios de la actividad funcional del cerebro orientados hacia la dicha y la regulación emocional, que permiten esta gran experiencia...

¿Es posible medir el amor?

Por supuesto que no. El amor no se mide con números, porque sus reglas no son de este mundo. El amor invierte el modelo que habitualmente usamos, por ejemplo, en nuestra economía cotidiana: si te gastas un euro, tienes un euro menos, pero en la economía del amor, si tú das un beso, no lo pierdes, sino que lo ganas. Y cuantos más das, más recibes. Y si los guardas y te los quedas, entonces no tienes nada y los pierdes.

Cualquier forma de medir el amor es insustancial y limitada. Asumiendo todas las limitaciones, algunos investigadores han creado sistemas de elaboración simple que permiten conocer el grado y la profundidad que una persona enamorada siente por otra. Ello permite al propio enamorado conocerse un poco más a sí mismo, y además disponer de una referencia con la que comparar sus deseos y expectativas con los de su pareja. En este sencillo test te proponemos una forma simple de conocer qué tipo de amor tienes, cuáles son tus puntos de excelencia y dónde deberías mejorar.

Después, puedes invitar a tu pareja a que realice el mismo test para poder superponer vuestros resultados y valorar un proceso de mejora. Los estudios muestran que el mejor indicador de satisfacción de la pareja es la similitud en los parámetros evaluados, tanto respecto al nivel percibido como al ideal. Por otra parte, en caso de disfunción en la pareja, ayuda a conocer donde radica la dificultad.

La teoría de Sternberg


Para conseguir evaluar el tipo de amor que sientes y el de tu pareja, vamos a utilizar la propuesta de medición de Sternberg, que considera tres componentes como los elementos clave en el amor: la intimidad, la pasión y el compromiso.

Existen otros componentes, como la comunicación, pero ninguno de ellos tiene un papel tan importante en la satisfacción de la pareja. Antes de iniciar el test, vamos a definir exactamente estos tres factores que deben evaluarse, ya que es habitual que cada persona haga su interpretación en función de su propio sesgo.