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Ante el espejo

La autoestima, y cómo influye en tu vida sexual

Placer y autoestima van de la mano. De hecho, se alimentan mutuamente.

Mireia Darder

La autoestima y una vida sexual placentera suelen ir más unidas de lo que habíamos pensado. Solo si mejoramos la valoración de nuestra imagen, si nos amamos y aceptamos, mejorará nuestra satisfacción sexual. En cambio, cuanto más nos obcecamos en construir un cuerpo ideal, más nos alejamos de lo que sentimos, de los deseos y del placer.

La autoestima y la imagen corporal determinan poderosamente el nivel de satisfacción en las relaciones sexuales de las mujeres. Y está demostrado. En un estudio realizado en la Universidad de Vigo se llegó a la conclusión de que a mayor insatisfacción corporal, menor actividad sexual. Porque una de las variables que más influía en el comportamiento sexual de las universitarias era la percepción que tenían de su atractivo, las que se veían con menor atractivo físico mostraban también menor actividad sexual. Y viceversa, claro: cuanto mayor era la autoestima general, más positivamente se relacionaba con su sexualidad y mostraba mayor índice de satisfacción.

También se comprobó algo muy importante: que la satisfacción sexual no estaba en función de su índice de masa corporal, es decir, de si la chica tenía sobrepeso o no, sino de cómo se veía de atractiva y cuán satisfecha estaba o no con su cuerpo.

La importancia de las creencias en nuestro bienestar sexual

Las creencias y aquello que nos decimos a nosotras mismas sobre nuestro cuerpo acaban siendo más determinantes para la satisfacción sexual que la misma biología. De hecho, el concepto que hemos construido a lo largo de la vida sobre nuestro cuerpo y sobre el valor que nos damos va a influir en nuestro comportamiento en momentos tan importantes como en las relaciones sexuales, en las que estamos en intimidad con el otro e intercambiamos afecto y nos nutrimos.

Este autoconcepto se construye con la mirada que hemos recibido desde pequeños por parte de nuestros padres y de nuestro entorno, un factor mucho más influyente que el resto de experiencias vividas y de la realidad presente. En muchas ocasiones me he encontrado con mujeres que tenían un cuerpo escultural que respondía a los cánones que nuestra cultura considera superatractivos y que en cambio tenían un mal concepto de sí mismas y pensaban que su cuerpo no era suficientemente bonito.

Es cierto que también queremos crearnos un cuerpo ideal a causa de las presiones sociales, que nos dan un modelo de belleza muy restringido y difícil de alcanzar. Y nos menospreciamos porque nuestras desmesuradas expectativas no se cumplen. Estamos inmersos en una lucha entre el cuerpo ideal y el cuerpo real que nos desgasta, nos cansa y, lo peor, nos aleja de la sensación. Hemos de aceptar el cuerpo real y tener en cuenta que una cosa es cómo nos hemos construido y el concepto que tenemos de nosotras mismas y la otra, cómo podemos trabajarnos para mejorar nuestra valoración y la nota que nos ponemos.

El camino para encontrar la valoración: permitirnos sentir a través del trabajo corporal las sensaciones de bienestar que se generan en nuestro cuerpo. Si siento que me da placer y satisfacción, me va a ser más fácil aumentar mi autoestima. De hecho, estamos ante un círculo vicioso que hay que romper, ya que cuanto más placer, más autoestima; y cuanto más autoestima, más posibilidad de ir a una relación y así tener más placer.


Si amas tu imagen, aflora el placer

Varias claves nos explican cómo nuestra autoestima aumenta nuestro placer, y viceversa.

1. ¿Seguro que no te criticas excesivamente?

Date cuenta de todas las veces que juzgas de forma negativa tu cuerpo… ¿Lo haces a menudo? Recuerda que a peor concepto de uno mismo, menos satisfacción sexual. ¿Crees que es cierto lo que dices de ti misma? ¿Bajo qué criterios? Si tu cuerpo hablara, ¿qué diría? ¿Qué pasaría si en lugar de observar tu cuerpo por partes lo valorarás en su totalidad? Seguro que mejoraría mucho esa imagen que ahora tienes de ti misma.

2. Belleza y atractivo varían con la cultura

Hace unos siglos a las mujeres que estaban muy morenas porque habían tomado mucho el sol y las que eran delgadas no se las consideraba bellas. Cuando nos valoramos a nosotras mismas, tenemos que tener en cuenta que el concepto de belleza y atractivo varía a lo largo de la historia y según la cultura. Lo importante no es que nuestro cuerpo cuadre o no con el modelo social que se nos impone, sino aquello que nosotras pensamos sobre él.

3. Amplía tu autoconcepto

Cuanto más restringido sea el concepto que tienes de ti misma, más difícil te resultará tener una sexualidad plena. Es importante ampliarlo dándote permiso para explorar más allá de lo que crees correcto o incorrecto o de lo que crees que se espera de ti. También de aquello que crees que te da placer o displacer a priori. Para ello conviene que experimentes y veas hacia dónde te llevan distintas posturas corporales, algo que propician el baile, el movimiento libre, el teatro, la danza… Utilizar alguno de estos recursos te ayudará a ampliar tu registro de sensaciones y tu autoconcepto.

4. Vivifica tu cuerpo: dale espacio al deseo

Estamos muy anclados en una manera de hacer que prioriza el deber (la mente) por encima del placer (sexualidad). Saca tiempo para dar más espacio al cuerpo, a despertar sensaciones agradables pidiéndote que te acaricien, caminando descalza por el césped, moviéndote desde tu impulso interior… Sustituye el “debo” por “deseo".

  • Estamos en una lucha entre el cuerpo ideal y el cuerpo real que nos cansa y nos aleja de la sensación
  • Nuestro autoconcepto se construye con la mirada que hemos recibido desde pequeños