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Hogar sano

Bioconstrucción: el goce de trabajar en un entorno saludable

Las propuestas armonizadoras de la bioconstrucción reducen el estrés laboral, protegen la salud y mejoran el rendimiento físico e intelectual de los trabajadores.

Desde mediados del siglo XX, la contaminación atmosférica crece –por el humo de fábricas, calefacciones y coches–; una polución que podemos oler. Somos menos conscientes de la polución acústica, que, si bien podemos oír, llega a ser imperceptible porque nos acostumbramos a ella. Inadvertidamente nos invaden ondas electromagnéticas en la calle, la casa y el trabajo, pero no captamos esta “polución invisible” e inmaterial.

Estos y otros factores ambientales nocivos para las personas los definimos como domopatías. Y la existencia de domopatías, en casa o en el trabajo, afecta a nuestra salud.


Edificios enfermos que afectan a nuestra salud

El Ministerio de Empleo y Seguridad Social considera como “edificio enfermo” el inmueble cuyos factores ambientales internos resultan molestos o nocivos para sus habitantes. El primer problema identificado en el síndrome del edificio enfermo (SEE) es la calidad del aire. La visión oficial se centra en las patologías del aire acondicionado, la renovación de aire (CO2), el control termohigrométrico –temperatura, humedad y ventilación– y el control microbiológico. Según el Instituto Nacional de Higiene y Seguridad en el Trabajo, que depende del Ministerio de Empleo, el 30% de los edificios laborales están enfermos (1996). Sin embargo, si aplicamos los criterios más rigurosos de la bioconstrucción, el 80% de los edificios modernos pueden ser considerados nocivos para las personas.

La seguridad e higiene en el trabajo tiene en cuenta los riesgos laborales, y el Instituto Nacional de Salud e Higiene en el Trabajo elabora las Notas Técnicas de Prevención sobre patologías laborales. Con el incremento de quejas surgió la preocupación por la ergonomía, la iluminación o los materiales nocivos, como el amianto. A partir de 2006, los frecuentes brotes de lipoatrofia semicircular obligaron a replantear los criterios de salud laboral.

Factores nocivos y la esperanza de la bioconstrucción

La bioconstrucción identifica el edificio enfermo como un espacio hermético –generalmente no se pueden abrir las ventanas–, con climatización centralizada y déficit de ventilación, problemas de calidad del aire, sustancias tóxicas –gases, polvo, microfibras– y alteración del ambiente bioeléctrico con escasez de iones negativos. El ambiente interior se altera por materiales inadecuados, que son radiactivos, emiten tóxicos –como el formaldehído– o resultan dieléctricos (malos conductores de la electricidad), generando cargas electrostáticas. La contaminación electromagnética crece con la proliferación de sistemas wireless (DECT, GSM, WiFi, Bluetooth), que emiten microondas.

La iluminación mal diseñada genera efectos nocivos, tanto ópticos como electromagnéticos. A esto se suma el ruido a causa de una arquitectura ligera (con paredes de pladur, por ejemplo). También aparecen problemas de bioclimática, con disconfort térmico y derroche energético. La situación es más crítica en entornos subterráneos, por la falta de luz natural, y más aún en el trabajo por turnos, que altera la glándula pineal y, por lo tanto, el ciclo de la melatonina.

Este ambiente enfermante se traduce en un incremento del estrés laboral, que afecta a las defensas inmunitarias y el rendimiento.


Domoterapia y prevención

Las propuestas armonizadoras de la bioconstrucción, según el Institut für Baubiologie IBN –alemán, aunque tiene una filial en España–, plantean el uso de materiales biológicos, preferentemente naturales, no tóxicos ni radiactivos, que sean transpirables y eléctricamente conductores. Se realizan instalaciones biocompatibles, bien climatizadas, con aire oxigenado, limpio y correctamente ionizado, usando luz natural o iluminación biológica y reduciendo la polución acústica y electromagnética con distancias de seguridad y otras medidas preventivas.

El resultado es una ergonomía “invisible” que reduce el estrés laboral, protege la salud, elimina el absentismo y mejora el rendimiento físico e intelectual del trabajador.