Famila cuadrado

Renovación vital

¡Cambia tu vida en 21 días! 5 expertos te dicen cómo

Por fin has tomado una decisión: vas a tomarte las cosas con más calma... o a mejorar tu vida sexual, o a comer más sano. Sea lo que sea, la clave está en los primeros 21 días

Los cambios siempre asustan. Sumidos en nuestra zona de confort, en ocasiones no somos capaces de ver más allá.

El cambio siempre supone adoptar nuevas rutinas y hábitos, y aunque queramos cambiar, notamos el peso de la rutina sobre nosotros, amarrándonos a una vida gris.

¿Cómo cambiar de vida? 5 psicólogos responden

Hemos contactado con cinco psicólogos de reconocido prestigio para conocer cuáles son las claves para cambiar de hábitos de forma permanente. ¿Estás preparado?

1. Cuídate más por dentro (y por fuera): siéntete más sano y enérgico

Por Núria Roura, asesora en nutrición por el Institute for Integrative Nutrition de Nueva York

Cualquier experiencia de cambio de hábitos pasa por varias etapas, y cada persona se mueve hacia delante o hacia atrás a su propio ritmo. Si eso ocurre, lo fundamental es visualizar nuestro propósito, centrar de nuevo el foco en ello y retomar el camino. Es crucial entender que los cambios nunca serán efectivos si no vienen de la mano del amor, la aceptación y el respeto hacia nosotros mismos. Te propongo 14 rutinas de alimentación y cuidado.

  1. Al levantarte, bebe un vaso de agua tibia con el zumo de medio limón.
  2. Bebe un zumo o batido verde cada mañana con fruta y verdura, si puedes, ecológica. Por ejemplo: una pera + una taza de lechuga o espinacas + unas hojas de perejil + un poco de canela + unas hojas de estevia + una taza de agua.
  3. Añade hojas verdes crudas (rúcula, canónigos, escarola, endivias, apio, espinacas) y germinados en cada plato.
  4. Antes de salir de casa, prepara snacks fáciles de llevar: fruta fresca o deshidratada, tomates cherry, kale chips, trufas crudiveganas...
  5. Incrementa el consumo de verduras redondas y de raíz (calabaza, nabo, chirivía, zanahoria, puerro) hervidas, al vapor, en cremas, al horno...
  6. Cena antes de las 21 h, o lo más pronto posible.
  7. Bebe agua o infusiones, lejos de las comidas para no interferir en la digestión.
  8. Cambia la sal común por sal marina sin refinar; el azúcar o el edulcorante artificial, por endulzantes naturales; el vinagre de vino, por el de manzana y el de umeboshi.
  9. Añade semillas a tus platos: de chía y cáñamo en el desayuno; de sésamo molidas y de girasol a mediodía, y de calabaza por la noche.
  10. Comienza un diario de alimentos donde escribas tus emociones y sensaciones antes y después de cada comida.
  11. Antes de acostarte, escribe tres motivos por los que estás orgulloso de ti y completa la frase: “Doy las gracias por...”.
  12. Aprovecha el fin de semana para hacer tu propio spa.
  13. Consume productos ecológicos.
  14. Incorpora cada semana un alimento saludable que no hayas probado nunca.

Bebe un zumo o batido verde cada mañana con fruta y verdura, si puedes, ecológica

Si a pesar de estos cambios no te encuentras bien, elimina los alimentos más inflamatorios o alérgicos de tu dieta –gluten (trigo), lácteos, huevos, maíz y frutos secos– durante cuatro semanas y reintrodúcelos por separado, semana por semana.

2. Mejora tus relaciones: pasa más tiempo con los tuyos

Por Mireia Darder, psicóloga y fundadora del Instituto Gestalt de Barcelona

Lo que te propongo para mejorar tus relaciones es recordar que detrás de todas ellas está el amor, y la manera de que este florezca es dedicarles el tiempo que merecen.

Hace poco murió mi amiga Cristina Dicutzzo de leucemia. Tras un año de enfermedad, escribió: “He podido abrir mi corazón para por fin comprender cuánto amor hay en el mundo también para mí. He podido tocarlo, saborearlo, llorarlo, reírlo, sentirlo en todo mi ser. Y vino de donde menos lo esperaba, vino de la vida misma disfrazada de temor y enfermedad. Hasta que el miedo se hizo tan presente que me iluminó. Y su luz me permitió comprender que detrás estaba solo el Amor”. Gracias, Cristina.

“He podido abrir mi corazón para por fin comprender cuánto amor hay en el mundo también para mí"

La mayoría de las personas, cuando repasa su vida, se arrepiente de haber trabajado demasiado y no haber pasado tiempo con los amigos, la familia y la pareja. Hazlo realidad, despeja tu agenda para estar con los que quieres.

3. Gana serenidad: pasa una hora sin hacer nada

Por Jorge Bucay, escritor, médico y psicoterapeuta

Vivimos en gran medida buscando llenarnos de cosas que no necesitamos, de objetos que nunca usamos: una biblioteca llena de libros que no hemos leído, ahorros que no sabemos si llegaremos a disfrutar, una cabeza sobrecargada de información y conocimientos muchas veces inútiles, una agenda llena de nombres de personas a las que apenas vemos y con quienes hablamos demasiado poco... Se trata de una carrera desenfrenada para no sentirnos vacíos, ya que el estado de quietud y silencio nos llena de miedo. Tanto, que buscamos llenar el silencio con palabras y la quietud con movimiento, pues no soportamos la idea de la nada.

Te propongo que de hoy en adelante encuentres una hora cada semana para sentarte en silencio y no hacer nada. No te asustes. Cualquiera puede, y tú puedes estar una hora sin hacer nada. Ni leer, ni escuchar música, ni ver una película. Nada de nada. Los primeros minutos, te sentirás un tanto confundido de tan solo mirar las cosas que hay dentro de ti. A los quince minutos, estarás molesto o inquieto y tendrás ganas de dejarlo. Si perseveras, quizá surjan desde tus adentros inútiles y molestos autorreproches, tristeza, desazón y cosas todavía más desagradables.

Tú puedes estar una hora sin hacer nada. Ni leer, ni escuchar música, ni ver una película. Nada de nada

Si no huyes y puedes seguir allí sin juzgarte, llegará el momento en que la inquietud desaparecerá y, desde abajo, surgirá tu serenidad: la serenidad de los que no temen lo que pueden encontrar fuera porque no están asustados de lo que ven dentro y que son capaces de vivir jerarquizando lo que son y no lo que tienen. Una serenidad, en definitiva, que muchos llamamos “ser feliz”.

Tal vez te suceda como a muchos: después de haber practicado varias veces el ejercicio, puede que comiences a notar que durante el día tiendes a pasar más tiempo quieto o en silencio. Es lógico, pues estando en paz con el mundo exterior y con tu interior, llenar la realidad de excesivas acciones o palabras se vuelve innecesario.

4. Mejora tu vida sexual: aprende a tratarte con amor

Por Marta Trigo, terapeuta especializada en sexualidad femenina

Una de las causas más comunes de que la vida sexual de muchas mujeres sea mejorable es la relación creada con una misma y con el placer. Un propósito sencillo y que sentará una base sólida para mejorar las relaciones sexuales es conseguir amarnos al mirarnos desnudas. Lo que haremos es desnudarnos ante un espejo que nos muestre de cuerpo entero (al menos el tronco y la cabeza) y, durante dos minutos, mirarnos con amor y decir cosas como: “Qué guapa eres”, “Qué cuerpo más bonito”, “Te quiero mucho”, “Eres lo más importante para mí”. Solo dos minutos. Cada mañana durante 21 días.

Nos desnudamos ante un espejo que nos muestre de cuerpo entero y nos miramos con amor

Y por la noche nos miraremos la vulva con un espejo y la acariciaremos y le diremos cosas bonitas. No hace falta llegar al orgasmo. Solo dos minutos (o más, si deseas continuar). En total, cuatro minutos de un día dedicados a mirarnos con el amor que merecemos. ¿Es demasiado pedir?

5. Recupera la actividad física: pon en forma tu cerebro

Por el Dr. Fernando Gómez-Pinilla, neurocientífico de la Universidad de California en Los Ángeles

El deporte tiene enormes beneficios sobre nuestras neuronas. Cada vez que ejercitamos los músculos, enviamos sustancias químicas al cerebro. Entre ellas, la IGF-1, cuya actividad impacta en el BDNF, una proteína que actúa como un neurotransmisor, es decir, ayuda a las células a comunicarse. El BDNF está implícito en casi todas las actividades que conducen a un pensamiento complejo. Si lo bloqueamos, bloqueamos el aprendizaje y la memoria. De ahí que en enfermedades como el alzhéimer, no practicar ejercicio se considere un factor de riesgo.

Practica ejercicios en los que se usa la coordinación y el pensamiento

La falta de actividad física también se relaciona con trastornos como la depresión. No estamos hablando de aumentar nuestros músculos a base de pesas. Al contrario: ejercicios como correr, nadar o jugar al fútbol, en los que se usa la coordinación y el pensamiento, son los más importantes para el cuidado de nuestro cerebro.