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Neurociencia en movimiento

El cerebro del deportista: ¿cuáles son sus particularidades?

Bertrand Regader

Aunque existe el mito de que el cerebro es un órgano relacionado básicamente con lo intelectual y con la experimentación de las emociones, lo cierto es que esto no es así. Tiene que ver, y mucho, con el deporte y el movimiento de los músculos, hasta el punto en el que el cerebro del deportista tiene unas características diferentes.

Y esto no es así porque las personas con una mayor propensión al ejercicio nazcan con un sistema nervioso distinto, todo lo contrario. A través del deporte cualquier persona es capaz de cambiar su órgano de la mente y, por consiguiente, su manera de ver el mundo.

El cerebro que se adapta a todo

Todo lo que hacemos diariamente modifica la forma y el diseño de nuestro cerebro, para bien y para mal. Sin embargo, algunas costumbres lo modifican más que otras. Por ejemplo, si cada día hacemos lo mismo y permanecemos en los mismos lugares, nuestro cerebro cambiará muy poco y, por decirlo de algún modo, se volverá acartonado

El deporte es un antídoto perfecto para evitar que esto ocurra. Por un lado , nos mantiene ocupados y aporta una gran cantidad de estímulos, y por el otro, hace que el cerebro se adapte y que se entrene para volverse flexible par afrontar diversos retos.

Así pues, las neuronas de un cerebro deportista tiene más recursos que uno acostumbrado a rutinas rígidas, porque es más experimentado. En la anatomía del sistema nervioso, eso significa que las neuronas del cerebro de alguien que practica deporte han sido enseñadas a relacionarse más entre sí, lo cual hace que en el futuro este órgano tenga más “rutas mentales” entre las que elegir, porque ya las ha recorrido en el pasado.

Un cerebro con mejor salud

La característica más básica del cerebro de la persona que practica deporte moderado de manera habitual es que se encuentra en un muy buen estado de salud. ¿Por qué? Entre otras muchas razones, porque vive con un menor nivel de estrés. Esto es muy importante, teniendo en cuenta que un nivel alto de estrés mantenido durante mucho tiempo hace que nuestro sistema inmune trabaje peor.

El deporte es una excelente manera de descargar tensiones, porque hace que desconectemos de nuestras preocupaciones y pasemos a pensar solamente en aquello que tenemos que hacer con nuestro cuerpo para llegar al objetivo que nos hemos propuesto en esa sesión.

Además, con la llegada del esfuerzo físico intenso y la activación de varios grupos musculares a la vez, nuestro cuerpo empieza a producir mayores cantidades de unas sustancias que producen una gran sensación de bienestar: la dopamina y las endorfinas.

Ese sentimiento de felicidad que aparece después de esforzarse en el deporte no solo nos deja con un buen sabor de boca, sino que también modifican la estructura del cerebro, porque una mentalidad más positiva y alegre evita que la angustia y los nervios constantes secuestren nuestras emociones y empeoren la salud de nuestro cuerpo en general y el de nuestro cerebro en particular.

Un mejor conocimiento del propio cuerpo

Si nos paramos a pensar cerca de lo que hace que el deporte sea deporte, es fácil que lleguemos a una conclusión muy sencilla: consiste en mover partes del cuerpo manteniendo una cierta armonía y coordinación.

El cerebro de las personas deportistas está excelentemente preparado para hacer que esta coordinación de músculos sea lo más exacta posible, pero esto tiene una consecuencia que va mucho más allá del rendimiento que se tenga en un deporte determinado. Quien practica estos ejercicios, a la vez, se está reconciliando con su propio cuerpo, conociendo mejor sus formas y aprendiendo los movimientos que es capaz de hacer.

Cada cerebro tiene un mapa de las partes del cuerpo. El mapa de los deportistas está especialmente trabajado y detallado, porque con la práctica se han ido añadiendo “notas al margen” que permiten conocer mucho mejor lo que está ocurriendo en nuestro organismo. Esto no solo nos vuelve más ágiles y más conscientes de nuestras posibilidades, sino que ayuda a mantener una conducta adecuada. Y todos estos procesos son automáticos, no hace falta concentrar nuestra atención en ellos.

Esto es fácil de ver, por ejemplo, en los bailarines: no solo saben memorizar coreografías imposibles, sino que además son sorprendentemente creativos en las improvisaciones. Esto es así porque en todo momento saben lo que está haciendo cada parte de su cuerpo sin verse desbordados por la cantidad de estímulos que reciben. Su cerebro está cableado de un modo distinto, porque son especialmente hábiles en una capacidad llamada propiocepción.

Mejor capacidad para llegar a los objetivos

Puede que sea cierto que unas personas son más hábiles que otras a la hora de cumplir sus propósitos, pero también lo es que esta habilidad depende del cerebro humano, y este se puede modificar a través de nuestros actos.

En concreto, el deporte practicado de manera habitual es una maravillosa herramienta para hacer que nuestro sistema nervioso lo tenga más fácil a la hora de evitar excusas y distracciones que puedan apartarnos de nuestros objetivos a medio y largo plazo.

Esto es así porque el ejercicio hace que nos concentremos en el aquí y el ahora, ya sea para hacer que nuestro equipo gane o para terminar la serie de sentadillas sin renunciar antes de tiempo. Estas actividades hacen que nuestro lóbulo frontal, que es la parte del cerebro encargado de elaborar planes y hacer que se cumplan, gane poder de influencia sobre otras partes de nuestra mente que son sensibles a los placeres inmediatos y a las distracciones.

Manteniendo lejos la tristeza

Las preocupaciones constantes y la falta de sueño son un reclamo para la tristeza y para los síntomas relacionado con la depresión. Es por eso que el cerebro de los deportistas está bien preparado para hacer frente a los momentos difíciles. Por un lado, está acostumbrado a la liberación de sustancias que estimulan la sensación de felicidad, y por el otro, segrega más serotonina, una sustancia que ayuda a regular el sueño y los estados de ánimo.

En definitiva, el deporte tiene todos los efectos positivos de comer una tarrina de helado cuando se está triste y, además, es mucho mejor para la salud y ayuda a empezar a dormir cuando toca.

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suscribete Octubre 2017