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Empatía

Neuronas espejo y neuroeducación: ¿en qué consisten?

Ponerse en la piel del otro, o la conexión entre cerebros

Salvador Nos-Barberá

¿Has probado a ponerte en la piel del otro?
No. ¿Por qué debería ponerme en la piel de nadie?
Pues porqué quizá entenderías mucho mejor su punto de vista y eso acercaría vuestras posiciones en vez de alejaros. A fin de cuentas en una negociación lo importante es que todo el mundo gane algo y que se pueda explicar. No que todas las partes cedan algo y se sientan mal por lo que han cedido o dejado de ganar.
Tenemos intereses diferentes. No veo porqué tengo que ser yo quien cambie mi manera de pensar.
Ya pero yo no hablo de los intereses y sus diferencias por legítimas que sean. Ni tampoco de que tu cambies tu manera de pensar. Hablo de otra cosa. Hablo de ponerse en la piel del otro para sentir lo que siente la otra persona y al entenderla mejor, se facilita el acuerdo estable...

¿Qué significa ponerse en la piel del otro? ¿Sentir lo mismo que siente el otro? ¿Pensar como el otro al mismo tiempo? Pero… ¿como lo hacemos? Y sobre todo ¿porqué lo hacemos? ¿No somos individuos, seres humanos pluricelulares pero individualmente completos y separados del “otro”? ¿Porqué nos ponemos en el lugar del otro, cuando queremos y cuando no queremos no? ¿Filosofía o Neurociencias?

En el cerebro del otro: las neuronas espejo

Podemos llevar este pensamiento al escenario que queramos: ¿Porqué llora un bebé si ve o si oye llorar a otro bebé? No es exactamente “solidaridad”. Tampoco miedo. ¿O si? ¿Porqué “nos duele” –con dolor propio- una escena dolorosa que vemos en la televisión? ¿Porqué nos metemos en la piel –otra vez la piel- de un personaje que sabemos es de ficción o histórico pero muy alejado de nosotros mismos, cuando leemos un libro o vemos una “peli”? ¿Porqué podemos sentir la caricia cuando vemos que otra persona le proporciona una caricia a otra sea una mamá a su bebé, sean dos adultos entre sí? ¿Porqué sentimos sed o ganas de coger una bebida si vemos que alguien la bebe en un anuncio o en una situación real? Si es una especie de “empatía emocional”, ¿de donde sale?

Somos individuos, cierto. Pensamos y sentimos individualmente pero a la vez estamos conectados unos con otros y no precisamente desde la aparición de Facebook y las redes sociales, aunque a alguien se lo parezca. Lo que nos permite estar conectados con los demás salvaguardando nuestra individualidad, es la interacción dinámica entre señales de circuitos frontales inhibitorios, un tipo de neuronas especiales (tanto frontales como parietales) y señales nulas de nuestros receptores en la piel y articulaciones. Acabamos de referirnos a las neuronas espejo.

En los años 90 el grupo de neurobiología de Giacomo Rizzolatti, en Parma, Italia, en un experimento con monos a los que se monitorizaban determinados parámetros cerebrales, observaron que se activaban ciertas áreas cuando cogían un cacahuete que se les ofrecía o cuando veían que otro individuo cogía cacahuetes y los comía. Rizzolati describió que cierto grupo de neuronas en el área F5 de la corteza prefrontal y en el lóbulo parietal inferior se encargan de procesar cual es el objetivo de una acción y de descodificar todo lo relacionado con la acción motora vinculada a aquella acción. Las llamaron neuronas espejo. Lo más fascinante era que no era necesario que los monos vieran a sus congéneres comiendo cacahuetes, era suficiente con que lo imaginaran o dedujeran en base a algo, por ejemplo escuchar el sonido hace una cáscara de cacahuete cuando se parte. Este chasquido era suficiente para inducir a otro mono a “pensar” que su compañero comía cacahuetes. En el 2004 y 2006 publicaron los trabajos en que describían la existencia de las misma neuronas en el cerebro humano, en el área cerebral relacionada con el lenguaje. Para Rizzolatti eso significó sobrepasar un hito: “el cerebro que actúa es un cerebro que comprende”.

¿Cómo se activan estas neuronas?

A partir de esta observación podemos desarrollar lo que al final será un algoritmo funcional en las neuronas espejo. Las neuronas espejo se activan:

1) Al ejecutar una acción

2) Al ver que se ejecuta una acción

3) Al creer que se ejecuta una acción

Vayamos a lo práctico. ¿Qué consecuencias tiene todo esto?

El bebé tiene un instinto innato de imitar los movimientos de adultos o de otros niños a su alrededor, ¿no? Pues no. No, no… de instinto innato nada, después de nacer se activan este grupo de neuronas que perciben primero el movimiento de los demás, analizan y ordenan imitarlo, constituyendo la base del aprendizaje. El bebé cree que el aprendizaje le será útil (y no se equivoca).

  • Imito para aprender o también para sentir o para interpretar: Veo bostezar, bostezo. Veo reír, río. Veo llorar, lloro. Empatizo. Las neuronas espejo me permiten empatizar con los demás.
  • Son las neuronas de la “planificación”. No solo permiten planificar una acción, ordenando su imitación o realización sino simplemente simulando que se hace y obteniendo un resultado totalmente “virtual” y no real.
  • Permiten “comprender” lo que los otros piensan y ello no se limita al ámbito motor sino al de la intencionalidad. Se puede suponer que es lo que va a hacer el otro aunque no lo haga. Permiten “especular” sobre acciones e intenciones de los demás. Permiten anticiparnos al “movimiento” del otro antes de que se produzca (y no estamos hablando “solo” de ajedrez).

Lo mencionamos al inicio del texto: si alguien me acaricia la mano, una neurona en el córtex somatosensorial, en la región sensorial del cerebro, se activa.

Cerebro y empatía: ¿cómo logran la conexión?

Se puede complicar más: la misma neurona, en algunos casos, se activará cuando simplemente vea que acarician a otra persona. La mayoría de ellas se activarán cuando me acaricien en diferentes zonas. Diferentes neuronas para diferentes zonas. Pero un subconjunto de ellas se activará cuando vea que acarician a alguien en la misma zona.

La pregunta que surge es: si empatizo lo suficiente simplemente viendo que acarician a otra persona, ¿por qué no me confundo y literalmente siento que me acarician a mí con el simple hecho de ver que acarician a alguien? Es decir, empatizo con esa persona pero no siento la caricia literalmente. Hay una explicación: tenemos un sistema nervioso periférico con terminales nerviosos en la piel, receptores del dolor y del tacto, que le envían información al sistema nervioso central, al cerebro diciéndole algo así como: "Tu tranquilo, que en realidad no te están acariciando a ti. Puedes empatizar con la otra persona, pero no te vayas a confundir; no te está acariciando de verdad". Hay una señal de retroalimentación que veta la señal de la neurona espejo evitando que se sienta conscientemente esa caricia. Ahora bien, si me quitan el brazo o me lo anestesian, cuando vea las caricias literalmente las siento en el brazo.

Ricemos el rizo: Acabamos de decir que si un individuo al que ha perdido el brazo (miembro fantasma) observa que acarician a alguien en un brazo, él lo siente, pero aún más, es que si siente el dolor en su brazo fantasma y coge de la mano a otra persona y la aprieta o masajea sus dedos, le aliviará el dolor de su brazo o mano fantasma. Lo hace una neurona que parece que obtenga alivio al ver que alguien está recibiendo un masaje gratificante.

Es fascinante: se ha derribado el muro o la frontera de la piel o se ha conectado completamente con otro ser humano diferente del individuo “yo”. Puede parecer una metáfora, pero si lo que separa dos individuos es la piel y somos capaces de quitarnos la piel… experimentaremos aquella caricia en la mente. Ya no hay separación entre el “yo” y los “demás” (o algunos demás, probablemente un número muy restringido, uno, dos… pero con “entrenamiento” –práctica- el número crece). El “yo” independiente no existe, sino es vinculado a otros seres humanos. Parece la base de una filosofía oriental o de un nuevo “Facebook” y resulta que es neurobiología...

Entre consciencia y consciencia...

¿Queremos llamarle fusión de dos conciencias? Digámoslo así: la fusión (parcial) de dos cerebros no es filosofía sino neurociencia y eta al alcance de todos y desde siempre.

Ahora que ya lo sabemos, más nos vale que aprendamos pronto a vivir con ello y a aplicarlo. Podemos encargar a la escuela que lo incorpore a sus desfasados métodos y recorridos curriculares, pero igual que ocurre en otros temas hay cosas que no deberíamos delegar ni a escuela, ni a los jueces ni menos aún al Estado (o a la Administración). Quizá deberíamos empezar, más que a explicarlo en las escuelas, a experimentarlo también en las escuelas pero sobre todo en casa, nuestro desaprovechado laboratorio de neurociencia no para hacer experimentos sino para vivir la vida. Ya hay quien le llama neuroeducación. A mí aún me cuesta, pero hace tres años que lo voy viendo más claro cada vez. También los jesuitas, al menos en Cataluña, que parece que se han adelantado a la escuela pública (nuevamente la Administración por detrás de los acontecimientos y de los conocimientos). Le llamarán MOPI o NEI, pero más que un nuevo modelo pedagógico se trata de hacer entrar la neurociencia en el espacio que venimos llamando educación donde pedagogos y psicólogos poseían la verdad hasta ahora.

Pero… ¿quien formará a los formadores para que no deformen? Me imagino, con temor, que en el horizonte del 2020 el “reciclado maestro” obligue a los niños a “abrir la app de la Tablet e la pantalla tal” para que todo el mundo aprenda (a la voz de Arr!) el concepto de “neuronas espejo” y suelte un inmenso rollazo inaguantable para el pobre discente del año 2020 para “explicar las neuronas espejo”, cuando bastaba con acompañar y compartir (conocimiento, empatía, amor) y sobre todo aprovechar que podemos “fusionar cerebros”, en todos los ámbitos de la vida, aunque sea de vez en cuando, si queremos.