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Relativizar

El desamor no mata

Roy Galán

El desamor es un auténtico privilegio.

 

Un privilegio de quienes tienen tiempo, salud, dinero y espacio para compadecerse de sí mismos.

 

Si al final resulta que era maligno, ¿qué coño importa el desamor?

 

Si tu hermano muere atropellado, ¿qué coño importa el desamor?

 

Si no tienes agua, ¿qué coño importa el desamor?

 

Si hay guerras, ¿qué coño importa el desamor?

 

Sí, nos permitimos deprimirnos por desamor y mostrar a todo nuestro egoísmo lleno de azúcares añadidos.

 

Con nuestro sentimiento VIP.

 

No me ama, dices llorando.

 

No soy el rey del mambo, dices llorando.

 

No soy la puta ama, dices llorando.

 

Es que me han dejado solo, es que me encuentro sola.

 

Somos unos 7.502.560.981 habitantes en el planeta.

 

Y tú quieres que te ame un habitante, el que tú eliges, para siempre. Venga ya.

 

Ahora sientes cada respiración porque te falta el aire.

 

Ahora ves cada hueco porque te sobra espacio.

 

Y la cinta de tela negra que marca el libro se ha quedado pegada a la misma página que lees una y otra vez.

 

Pero no es el final del libro.

 

Solo somos niños jugando a compartir saliva, a proporcionarse placer, jugando a introducirnos en los otros para rascar a ver qué sale, jugando a que sabemos lo que hacemos dentro de nuestras casitas.

 

Niños buscando aprobación.

 

Lo estoy haciendo bien: me ama.

 

Soy especial: me elige.

 

Soy bella: me lo dijo.

 

Claro que eres especial.

 

Estás vivo.

 

No hay nada más especial que eso.

 

Y no es porque alguien te ame, no es porque alguien te elija, no es porque algo te señale con un dedo: lo quiero.

 

No, para nada.

 

No pierdas tu tiempo, por favor.

 

Olvídate de la idea del romance.

 

Olvida el capricho.

 

Olvida la queja.

 

Olvida las margaritas y estrújalas.

 

Olvídate de la industria del desamor, de los tranquilizantes, de las dietas, de las cirugías, de las llamadas de teléfono para adivinar tu futuro amoroso, del sexo por consuelo, de la búsqueda nocturna.

 

Solo existen vínculos que se crean y se destruyen para adoptar nuevas formas.

 

Eres tú el que pone amor a esos vínculos: tu amor.

 

Es el resto el que pone amor a esos vínculos: su amor.

 

Atrapa todo el amor que puedas antes de que se acabe todo.

 

Somos lo que amamos.

 

Y si alguien encuentra a otra persona.

 

Sigues siendo.

 

Y si alguien se muda de casa y te deja tus llaves.

 

Sigues siendo.

 

Y si alguien te dice que no eres lo que busca.

 

Sigues siendo.

 

Nacemos cada vez que pestañeamos, en el imperceptible y automático pestañeo.

 

Y puede ser que tras el siguiente pestañeo no puedas ver esta pantalla.

 

Que no puedas seguir siendo.

 

Hoy se hace de noche un poco antes, es verdad, pero lo hace.

 

Por ahora, siempre anochece.

 

A veces ya no anochece nunca más para otros.

 

Otros que se quedan sin la posibilidad real de volver a amar.

 

Tranquilo, todo está bien.

 

Y tranquila, desde aquí, solo se puede ir a mejor.