Rumbo y sentido

3 preguntas clave para retomar el control de tu vida

Para hacemos responsables de nuestra vida, solo tenemos que querer hacerlo. Después deberemos plantearnos tres cuestiones para seguir avanzando.

Demián Bucay

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Para tomar el control de mi vida basta simplemente con decidir hacerlo. En el momento en que yo lo quiera así, puedo poner a mi cargo la conducción de mi vida con sólo decirme y decir: "Está a mi cargo".

Cómo volver a tomar el timón

Hay tres cuestiones básicas que nos permitirán reorientar nuestra vida en la dirección que deseemos.

1. ¿Hacia dónde quiero ir?

Por supuesto que, aunque la decisión sea simple, esto no quiere decir que sea fácil, pues no es un acto sin consecuencias. Dirigir mi vida me pondrá frente a una importante tarea: la de escoger el rumbo que deseo llevar, el hacia dónde.

Es una pregunta que puede tener muchos niveles, pues ese "hacia dónde" puede responderse desde algo concreto que deseo alcanzar, hasta algo más intangible, como la felicidad o el sentido de la vida. Pero no hay que preocuparse: las respuestas provisionales sirven para ponerse en marcha; otras respuestas se irán articulando durante el viaje.

Una aclaración: dirigir mi propia vida no significa que pueda elegirlo que ocurrirá o que el resultado final será satisfactorio o no, lo que sí puedo decidir es la dirección que deseo tomar.

2. ¿Por qué delego en otros?

Si es otra persona la que marca el rumbo en mi vida, creo que habría que preguntarse: "¿por qué 1o he permitido?". Nadie puede tener las riendas de mi vida, si soy adulto, a menos que yo se las haya dado.

Quizá no me crea capaz de decidir adecuadamente, quizá crea que el otro sí sabe, quizá no quiera lidiar con el enfado que le produciría a esa persona soltar mis riendas. En primer lugar, para vivir plenamente, tendré que dejar a un lado la ilusión de que otro puede saber mejor que yo lo que deseo. Bemard Shaw decía:

"No hagas a otros 1o que querrías que te hicieran a ti: ellos pueden tener gustos distintos".

En segundo lugar tal vez aquellos que manejan el timón de mi vida se molesten cuando intente recuperarlo. Entonces deberé darles tiempo; si me quieren, se darán cuenta de que nada es mejor para mí que decidir el camino.

3. ¿Qué camino tomaré?

Hay que diferenciar el rumbo del camino. El rumbo es una dirección, por ejemplo, el oeste. En cambio, hay infinitos caminos que puedo tomar para ir hacia el oeste: unos atraviesan cientos de ciudades y otros recorren kilómetros de páramo.

Para decidir qué camino seguir, quizá deba preguntarme por mis recursos –si no sé nadar, mejor no elegir un camino atravesado por ríos–, y por mis intereses e inquietudes –si lo que me estimula es el contacto con otros, preferiré el camino de las ciudades al del desierto–.

Sea cual sea el que elija, mientras vaya en el rumbo que deseo sentiré que avanzo, aún cuando en ocasiones deba dar rodeos o desandar lo andado para retomar otro camino.

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suscribete Octubre 2017