Desarrollo personal

6 pasos para abrazar tu timidez y empezar a superarla

La timidez y el miedo suelen ir de la mano: miedo a equivocarse, miedo a lo que pensarán los demás, miedo a quedar en ridículo...

Mireia Darder

timidez

Es mucho más frecuente en la infancia o en la adolescencia, pero la inseguridad y el miedo siguen instaladas muchas veces durante la edad adulta. Ser tímido acaba minando nuestro autoconcepto, dificultado nuestra vida social o de pareja. Incluso, seguramente, acaba complicando nuestro trabajo.

Cómo evitar el miedo al rechazo, al ridículo, a la opinión de los demás...

En este texto explicaremos algunas claves para empezar a disfrutar de las relaciones interpersonales sin miedo.

1. Reconocer y aceptar

La timidez es una emoción relacionada con el miedo y, como ocurre con otros miedos, una posibilidad para salir de ahí es reconocerlos y amigarse con ellos.

Es vital darse cuenta de que no es algo congénito e inamovible, sino un funcionamiento basado en unas creencias que se puede modificar.

2. Pensar que no somos los únicos

La mayoría de las personas tímidas dan por sentado que son las únicas que tienen miedo ante una nueva situación, las únicas que tienen dificultades para relacionarse con los demás.

Estaría bien que preguntaran a quienes consideran sociables cómo se sienten cuando se tienen que enfrentar a nuevas personas y situaciones. Se sorprenderían al comprobar que todos vivimos momentos de inseguridad a la hora de relacionarnos.

3. Confesar la timidez sin temor

Una fórmula que nos puede ayudar a tranquilizarnos es expresar al otro o los otros que somos tímidos para avisarlos y, a la vez, demostrarnos que la timidez es algo que entra dentro de los posibles comportamientos de las personas.

Esta confesión da el permiso para actuar de forma diferente, para ser uno mismo rebajando la exigencia del otro y la propia.

Recurrir al humor al expresar lo que consideramos un defecto puede ayudarnos a vencer la sensación de ridículo. El sentido del humor cambia el estado de ánimo y tomar menos en serio la situación ayuda a desdramatizar lo que nos ocurre.

Cuando uno es capaz de hacerlo, se puede decir que ha trascendido la timidez logrando un gran paso en el proceso de conectar con los demás y con uno mismo.

4. Trascender la fantasía

La mayoría de los casos de timidez están basados en el hecho de que la persona se queda anclada en su mente creando pensamientos constantes sobre lo mal que lo va a hacer ante las relaciones, sobre el miedo que esto le ocasiona, evitando cualquier contacto con el otro.

De este modo, se boicotean a sí mismos con sus fantasías y no se atreven a empezar una conversación o a presentarse a alguien.

Poder darme cuenta de que tengo recuerdos, fantasías o creencias que no me permiten pasar a la acción es el siguiente paso para trascender la timidez.

Muy a menudo, las personas tímidas están convencidas de que serán rechazadas y de que no van a gustar a los demás, lo que les impide mostrarse tal y como son porque no quieren sufrir.

Hacerlo a pesar de estas fantasías catastróficas nos puede ayudar a trascenderla y a vencer este miedo al rechazo y a no gustar.

5. Atreverse a romper las reglas

¿Qué pasaría si no gustásemos a los demás? ¿Realmente es tan importante? Seguro que no podemos gustar a todo el mundo.

El problema surge cuando me pongo exigente y perfeccionista conmigo, queriendo mostrarme de una manera determinada como dando por sentado que existe una única forma “correcta, normal y adecuada” de mostrarse.

6. Buscar el rechazo a propósito

Giorgio Nardone, creador de la terapia breve estratégica, plantea en estos casos a sus clientes el ejercicio de buscar el rechazo expresa y conscientemente.

Les propone que lleven a cabo conductas por las que creen que serán rechazados, que una vez al día busquen experimentar ese rechazo. No es fácil, pero a medida que lo vayamos haciendo iremos descubriendo que no nos rechazan constantemente.

Comprobaremos que no siempre ocurre lo que habíamos fantaseado, y que muchas veces encontramos más aceptación de la que esperábamos.

Cuanto más nos exponemos, más posibilidades tenemos de comprobar que el rechazo no siempre tiene lugar y, así, viviremos en la realidad y no tanto en la fantasía de lo que va a ocurrir.

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