Desarrollo Personal

6 razones para quererte más y descubrir cuánto vales

Deja que surjan las emociones reprimidas de tu infancia. Así aprendes a amar profundamente al niño que fuiste y permites que forme parte de tu vida

Mireia Darder

Mujer saltando en la playa

Al hacernos adultos, vamos dejando por el camino aquellos aspectos que creemos que no nos van a permitir conseguir lo que queremos y los relegamos al olvido, con la consiguiente pérdida de recursos personales.

Motivos para quererte todavía más

Para recuperar estas partes escondidas y volver a descubrir cuánto vales, te proponemos el siguiente ejercicio, con 6 puntos que pueden ayudarte a reforzar tu autoconcepto.

1. Rememora tu niñez

¿Qué partes dejaste por el camino? Intenta que afloren las actitudes que te fueron censuradas, las emociones que te hicieron reprimir, el tipo de comportamiento que te castigaron. Deja que emerjan las frustraciones de tu niñez. Escribe unos cuantos recuerdos para descubrir cómo es tu niño herido.

Es posible que al principio te cueste conectar con tu herida; no es fácil. Simplemente, permítete sentir qué cosas te dolieron cuando eras pequeño. Si a pesar de todo te sigue costando realizar este viaje al pasado, pasa al siguiente ejercicio.

2. Escribe una carta al niño que fuiste

Escribe a este niño herido que fuiste desde el adulto que eres ahora. Cuéntale desde la emoción lo que sientes por él. Para poder realizar este trabajo, busca un lugar tranquilo donde te puedas relajar. Regresa mentalmente al lugar donde viviste a los cinco o seis años, recrea el ambiente que había y busca recuerdos de esa edad.

Obsérvate desde fuera y, como el adulto que eres ahora, escribe una carta a ese niño. Intenta expresar especialmente la emoción que sientes hacia él, las emociones que te provoca, qué cosas le dirías desde lo que sabes ahora. Te ayudará empezar diciendo: “Hola, te estoy viendo y me gustaría decirte que... Sé que te sientes...”.

3. Tu yo adulto mira a tu niño interior

Cuando le hayas escrito, coloca ante ti dos objetos (dos cojines, dos sillas...). Escoge cuál de ellos va a ser tu yo adulto y cuál va a ser tu niño herido. Colócate en el lugar que corresponde al yo adulto y desde allí visualiza a tu niño herido.

Ahora, contemplando a la criatura que tienes ante ti, léele la carta que has escrito en voz alta. Deja que la emoción aflore. No corras, ve despacio. Mira la cara de tu niño.

La aventura de ser tú

Autoconocimiento

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4. Tu niño interior habla con tu yo adulto

Cambia de lugar y siéntate en el lugar del niño herido. Recibe todo lo que está diciendo el adulto. Al escucharlo, ¿cómo reaccionas? ¿Cuál es tu emoción ante esas palabras? ¿Te sientes incluido, aceptado? Mira si quieres compartir algo con él o, sencillamente, agradecer lo que te está diciendo.

5. Tu yo adulto abraza a tu niño interior

Vuelve a colocarte en tu yo adulto, escucha lo que ha dicho tu niño interior, déjate impregnar por su mensaje y míralo como si fuera simplemente un niño. Deja que surja todo tu amor y compasión hacia él, actúa como actuarías con un hijo tuyo.

Acógelo y siéntelo cerca de ti. ¿Puedes verlo con amor y abrazarlo? ¿Puedes darle ese amor que no recibiste de niño? ¿Puedes atender sus demandas y darle lo que necesita?

6. Coloca al niño dentro de ti

Una vez que hayas sentido el contacto con este niño, puedes imaginar que lo colocas en una parte de tu cuerpo, ya sea en el pecho, sobre la barriga, bajo tu brazo... Incorpóralo en tu cuerpo convirtiéndolo en una parte de ti.

Cuando quieras conectar con él, puedes tocar esa parte de tu cuerpo de forma afectuosa para volver a sentir su fuerza.

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