Cuestión de práctica

Enemigos de la alegría: detéctalos y vencerás

Aunque todos nacemos con esta emoción, nuestro día a día la va destruyendo. ¿Podemos recuperarla? Sí, es un músculo que puede entrenarse. No se trata de estar siempre feliz, sino de alejar los boicoteadores de la alegría, activar sus "disparadores" y estar abiertos a vivir las cosas que realmente dan sentido a la vida.

Francesc Miralles

Aliados y enemigos de la alegría

Si observamos a un bebé, a no ser que le duela algo, lo encontraremos sonriendo y admirando el mundo que lo rodea, la misma actitud natural que tienen los animales cuando juegan en contacto con la naturaleza. Todo es motivo de celebración y alegría.

Afirmaba Mario Satz, experto en risoterapia, que “ríe más un bebé que un niño, un niño que un joven, un joven que un adulto, un adulto que un viejo”.

Los enemigos de la alegría

¿Por qué con el paso de los años vamos enterrando nuestra fuente original de emociones que llevan a hacer sentir bien a nuestro cerebro, a todo nuestro cuerpo?

Básicamente porque no somos conscientes de hasta qué punto los boicoteadores de la alegría dominan nuestra vida:

  • Tareas, trabajos y rutinas que realizamos por pura inercia, sin plantearnos si hay otra manera más vibrante y genuina de vivir.
  • Personas que no aportan bienestar, optimismo ni sabiduría a nuestra vida, pero que seguimos tratando, en lugar de buscar compañías más luminosas y que sintamos que realmente nos llenan.
  • Agendas llenas de compromisos que asumimos solo para “quedar bien” porque “hay que estar” o porque tememos el encuentro a solas con nosotros mismos.
  • Un tiempo libre basado en la "distracción" en vez de en la “inspiración”. En esa primera y deprimente categoría entrarían actividades que “ocupan” el tiempo pero no lo llenan de sentido, como ver la televisión porque sí o navegar hasta el tedio por las redes sociales.

Lo peor de estos aniquiladores de la alegría es que a menudo no somos conscientes del papel que tienen en nuestro clima emocional. Y aún es más difícil identificar al “enemigo en casa”, cuando es nuestra propia forma de pensar la que procesa la realidad en clave negativa.

Un ejercicio para pensar en postivio

En este sentido, es muy útil el método expuesto por Byron Katie en su libro Amar lo que es. Tras sufrir una larga depresión, esta autora se acabó dando cuenta de que lo que destruía su capacidad de disfrutar de la vida no era lo que sucedía a su alrededor, sino que eran sus reacciones ante el mundo –su interpretación– lo que la hacía sufrir.

Para clarificarlo, diseñó The Work, un ejercicio muy sencillo y eficaz para limpiar la mente de nubarrones. Funciona así:

Cada vez que te sientas triste, angustiado o estresado –los estados al otro lado de la alegría–, escribe en un papel aquellos pensamientos que te provocan este malestar. El origen de tu dolor está en alguna idea de tu propia mente, y esa idea puede ser identificada y diseccionada para transformarla.

Para lograrlo, hay cuatro preguntas fundamentales que puedes hacerte sobre la idea negativa que has identificado:

  1. ¿Eso que piensas es verdad? (Si la respuesta fuera que no, habría que pasar directamente a la tercera pregunta)
  2. ¿Puedes absolutamente saber que eso es verdad? (Sí o no)
  3. ¿Cómo reaccionas cuando crees en ese pensamiento?
  4. ¿Quién serías sin ese pensamiento?

En la respuesta a esta última pregunta está la clave de la liberación. Puesto que, como decíamos al principio, la alegría es un don con el que el ser humano nace, como un cristal transparente que deja pasar los rayos del sol, cuando no veamos “la luz al final del pozo” lo primero que debemos hacer es limpiar ese cristal –es decir, nuestra forma de mirar el mundo– de las adherencias que se han ido fijando con el paso del tiempo.

Esas adherencias son nuestras interpretaciones sobre lo que sucede, nuestros pronósticos sobre lo malo que podría ocurrir, sobre lo que los demás –tal vez– piensan sobre nosotros…

Si nos desprendemos de todo esto a través de la meditación o de un ejercicio como el de Byron Katie, la luz volverá a entrar y podremos ver el mundo de una manera completamente distinta. Como decía Balzac:

“Aunque nada cambie, si yo cambio, todo cambia”

Expuestos como estamos a un bombardeo constante de crispación y malas noticias por parte de los medios, a veces puede parecer difícil recuperar la alegría de los niños, pero lo cierto es que sigue allí, esperándonos, y es tan abundante que la encontramos en todas partes.

Un ejercicio para recuperar la alegría

Verla y absorberla es cuestión de práctica. Y podemos empezar por un ejercicio tan simple como hacer un “greatest hits” de todas las cosas sencillas que sabemos que nos procuran alegría.

El escritor Bertolt Brecht redactó una conocida lista con las satisfacciones que aportaban alegría a su vida cotidiana:

La primera mirada por la ventana al despertarse, el viejo libro vuelto a encontrar, rostros entusiasmados, nieve, el cambio de las estaciones, el periódico, el perro, la dialéctica, ducharse, nadar, música antigua, zapatos cómodos, comprender, música nueva, escribir, plantar, viajar, cantar, ser amable.

Elaborar nuestra propia lista significa tonificar el músculo de la alegría, ya que al reconocer las cosas que nos permiten disfrutar de la existencia, las valoramos aún más y buscaremos repetirlas, con lo que nuestra fuente interior no hará más que llenarse.

Especialmente en fases de adversidad o tristeza, recordar momentos en los que nos hemos sentido plenos y dichosos arroja inmediatamente luz sobre las sombras, ya que nos devuelve a un tiempo en el que teníamos el cristal más limpio y recordaremos que tenemos la capacidad de volver a crear esa mirada.

El caso de Steve Jobs

Un caso especialmente emotivo, en este sentido, es el de Steve Jobs, quien poco antes de morir deseó celebrar con su esposa el veinte aniversario de su boda en el mismo hotel y habitación donde se habían casado, en el Ahwahnee Lodge del parque nacional Yosemite.

Tras regresar a aquella habitación que le traía tan bellos recuerdos, Jobs salió unos minutos y dejó a su esposa con una caja llena de las fotos de su boda y la siguiente nota personal de su puño y letra:

Hace veinte años, no sabíamos mucho el uno del otro. Nos guio la intuición; tú me hiciste volar.

Cuando nos casamos en el Ahwahnee, nevaba. Han pasado los años, han venido los niños y hemos pasado épocas buenas y épocas duras, pero nunca épocas malas. El amor y el respeto han perdurado y han crecido. Hemos pasado muchas cosas juntos y ahora volvemos a estar justo allí donde empezamos hace veinte años –más mayores, más sabios–, con arrugas en las caras y los corazones.

Ahora conocemos buena parte de la alegría, del sufrimiento y las maravillas de la vida y aún estamos aquí juntos. Mis pies nunca han vuelto a tocar el suelo.

En este caso, el fundador de Apple fue consciente de la belleza de su vida justo cuando esta se estaba extinguiendo, pero no necesitamos esperar a estar tan cerca de la muerte para ser conscientes de las maravillas que nos rodean.

Celebremos la vida ahora, pues nadie puede asegurar que podrá estar en el mundo un día más. El secreto es no esperar otra felicidad que la que nos procura el momento y aprender a compartirla con las personas adecuadas.

Rodéate de las personas que generan alegría

La clave es saber elegir. Hay personas que siembran dudas y pesimismo, mientras que otras siembran buenas sensaciones.

¿Cómo reconocer a los “sembradores de alegría”? Con toda probabilidad, presentarán algunas de estas características:

  • Saben escuchar, sin emitir juicios gratuitos, y formulan las preguntas adecuadas para ahondar en el tema, ya que tienen un interés verdaderamente sincero por la persona que tienen delante.
  • Su forma de vivir es un ejemplo motivador que invita a hacer las cosas mejor, con más consciencia.
  • Al compartir espacio con estas personas, nos sentimos inmediatamente mejor, más optimistas y dispuestos para la acción, nos regalan un plus de vitalidad.
  • Su sentido del humor nos ayuda a relativizar los problemas y a no quedarnos atrapados en circuitos mentales negativos.

Cuando nos rodeamos de personas con estos atributos, la alegría se convierte en un deporte de equipo.

Un estudio sobre la felicidad compartida

En este sentido, un estudio sobre la felicidad compartida, desarrollado y conducido en Harvard y en la Universidad de San Diego por los doctores Nicholas Christakis y James Fowler, arrojó resultados tan curiosos como sorprendentes:

  • Quien tiene un buen amigo a menos de una milla (1,6 km aprox.) de distancia de su casa aumenta en un 25% la probabilidad de ser feliz respecto a aquellos cuyas amistades viven mucho más lejos.
  • Los gemelos disfrutan, por término medio, de un 14% más de felicidad que el resto de la población.
  • Las personas con pareja estable superan de promedio en un 8% el nivel de felicidad de los singles.

Hablamos de porcentajes de felicidad como la suma de las pequeñas alegrías que marcan nuestro pulso vital. Saber que hay personas por las que merece la pena vivir nos procura alegría, así como tener cosas que hacer que valgan la pena, porque nos dan placer, nos permiten desarrollarnos y ser útiles al mundo.

El solo hecho de poder estar aquí debería ser ya un motivo de alegría, aunque es algo que solo acostumbramos a recordar después de los entierros.

Celebremos el regalo de cada nuevo día, porque, como el bebé que estalla en carcajadas o el cachorro que juega, cada instante es una oportunidad de entrenar el músculo de la alegría, cada instante del mundo es la escuela abierta de la alegría.

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