Más autoestima

Liberarnos del miedo a no gustar

Si andamos bajos de autoestima es fácil que sentirnos aceptados por los demás se convierta en una cuestión de vida o muerte

Ramón Soler

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Si de niños no crecimos lo suficientemente respaldados por nuestros padres, no llegamos a forjar una sólida confianza en nosotros mismos. Y ahora, ya adultos, tenemos la necesidad de sentirnos aceptados por los demás por encima de todo.

Cómo superar el miedo al rechazo

De niños, el no someternos a las exigencias de los seres queridos podía acarrear su enfado y menosprecio. Para nosotros, este rechazo suponía una catástrofe.

Sin darnos cuenta hemos heredado esa desaprobación continua recibida y la hemos hecho muy nuestra. Y si nos sentimos poco valorados en nuestra infancia, ahora posiblemente seamos nuestro peor juez.

Recuerda que ya no eres una criatura dependiente de los demás, eres una persona adulta independiente que puede protegerse del peligro. Han pasado ya muchos años y el sentimiento de peligro, que en el pasado nos hizo replegarnos, ya no tiene sentido.

¿Estamos capacitados para cuidarnos y romper esa dependencia? Estas 8 ideas nos describen cómo.

1. Observarnos menos y ¡vivir más!

En el mundo hay más de 7.000 millones de habitantes y es imposible caerles bien o gustarles a todos. Cada persona es única y no tiene sentido alguno compararnos.

Sacrificando sus propios intereses y necesidades, muchas personas para gustar y ser aceptados, acaban adaptándose a los deseos y opiniones de los demás. Pero para ser felices, lo que realmente necesitamos es analizarnos y criticarnos menos.

El gran problema no son los demás, sino esa constante lluvia de autojuicios a la que nos sometemos. Todas somos personas excepcionales y sin embargo cada una se ha convertido en su propia peor enemiga.

2. Atrevernos a ser como somos

Quizá no lo veas claro ahora, pero ser uno mismo, ser auténtico, es el mayor logro que podemos conseguir en nuestras vidas. Ser uno mismo te libera de los miedos, de los frenos y de los condicionamientos ajenos.

Cada persona nace con su propia identidad, con sus propios dones y talentos; muchas veces, por la presión recibida, los abandonamos y no los desarrollamos.

Ha llegado la hora de dejar atrás los sueños y los deseos de los demás para cumplir los tuyos propios. Seguir tu propio camino te va a dotar de una alta autoestima y de un profundo sentimiento de seguridad.

3. Cuidarnos de sufrir con las críticas

A veces dejamos que nos influya en negativo lo que piensen los demás sobre cualquier aspecto de nuestra vida (físico, relaciones, trabajo, forma de vestir, etc.).

Siempre podemos -todos- mejorar. Nadie es “perfecto”. Si alguna persona realiza algún comentario personal sobre nosotros, podemos tomar y aceptar las observaciones constructivas como un beneficio.

Podemos tomar las críticas negativas como una oportunidad para ver más allá en las razones del malestar de la otra persona. Reflexionar sobre la intención que tenía al decirlas y aprovechar para ver si nosotros mismos nos juzgábamos de forma parecida.

4. Empezar a hablarnos diferentes

Creemos que dependemos de la opinión de los demás, pero lo que nos paraliza de verdad es esa “mirada externa” imaginaria que está en nuestro interior.

Una vez asumida esta premisa, podemos centrar nuestra energía y atención en comunicarnos más amablemente con nuestro yo interno.

Al empezar a escucharnos desde este otro lugar, advertiremos que nuestra voz interior llega cargada de reproches

Pero poco a poco, con paciencia, iremos aprendiendo a detectarlos y desactivarlos. Y nos daremos cuenta de que así nos sentimos más fuertes y con más energía disponible.

5. Acercarnos a nuevas personas

Cuando empezamos a conectar con nosotros mismos de otra forma más amable, nos liberamos. Y, entonces, ya no necesitamos poner afuera, a nuestro alrededor, a personas que expresen lo que nosotros de alguna manera ya reproducíamos en nuestro diálogo interior.

Al expresarnos con mayor libertad y autoaprobación, no “perderemos” amistades antiguas, sino que dejaremos de buscar fuera ese juicio negativo que, en realidad, es solo nuestro. Y sí, eso quizás nos hará acercarnos también a otras personas nuevas.

6. Nuestra opinión importa

No tengamos miedo de expresar lo que pensamos, de compartir nuestras ideas, de ofrecer sugerencias, de rebatir a los demás. Nuestra opinión es tan válida como la de los otros, más si cabe, cuando se trata de nuestra propia vida.

Sabemos mejor que nadie lo que nos agrada, lo que nos disgusta, lo que es adecuado para nosotros y lo que no. Atrás dejamos una infancia en la que nuestra voz fue sistemáticamente acallada e invalidada.

Recuperemos nuestras propias palabras, expresémonos con libertad, debate, defendiendo nuestra postura, atreviéndonos a decir que No. Tenemos mucho que aportar si dejamos de frenarnos.

7. Decidamos pero sin criticarnos

Creamos en nuestras decisiones, confiemos plenamente en ellas. Son nuestras decisiones, no necesitamos que los demás las aprueben. No tenemos que darle explicaciones a nadie.

Nuestra vida es nuestra, vivámosla y disfrutémosla. Empecemos a proponer planes, a hacer las cosas que realmente nos gustan. A resolver nuestros problemas hallando nuestras propias soluciones, no dependemos de los demás para todo.

Valernos por nosotros mismos nos aleja de la dependencia emocional. Siempre podrán echarnos una mano o darnos un consejo, pero la última palabra, la decisión final, siempre es nuestra.

8. Hagamos cosas para nosotros

Cuando recuperamos nuestro verdadero yo y dejamos de depender de la aprobación de los demás, de su juicio, o del nuestro, nos sentimos liberados y nos apetece realizar actividades y cambios que en nuestro momento no llevamos a cabo por temor.

Podemos comenzar con retos sencillos como:

  • Utilizar colores que no usábamos por parecernos llamativos.
  • Darnos un corte de pelo diferente.
  • Apuntarnos a actividades que nos gustan pero que no nos atrevíamos a hacer: baile, teatro, un taller de escritura, un curso de buceo.

Tras los primeros cambios, planteémonos objetivos más ambiciosos. En nuestras manos reside nuestra felicidad.

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