Equilibrio vital

Cuidar no es genético: cumple tu parte del trato

Sin cuidados, no podemos sobrevivir, no hay existencia posible. Los cuidados deberían facilitarse, pero están secuestrados por nuestras obligaciones.

Roy Galán

mujeres cuidadoras

Los cuidados son imprescindibles para la vida.

Sobre todo cuando somos muy pequeños o muy mayores o cuando enfermamos.

Sin cuidados, no podemos sobrevivir, no hay existencia posible.

Los cuidados deberían facilitarse.

Y sin embargo, no es así.

Las exigencias y obligaciones secuestran el tiempo y hacen muy complicado poder cuidar.

Y solo te das cuenta cuando tu madre enferma de Alzheimer y ves que tienes que seguir produciendo.

Que no te permiten parar.

Que tienes que desdoblarte y hacer malabares para poder acompañar.

Que a la gente no le importan tus circunstancias.

Solo le importa que seas alguien productivo.

Y solo te das cuenta cuando tienes un hijo o una hija y ves que la conciliación es imposible.

Que las reuniones se fijan a horas en las que deberías estar cenando con ellos.

Que tienes que trazar un plan maestro para conseguir dejarles en el colegio antes de ir a trabajar.

Que si no tienes padre o madre que te ayuden te las ves y te las deseas para poder llegar a todo.

Que si te quedas en casa y te dedicas "solo" a cuidar nadie te lo valora.

Nadie te retribuye.

Porque los cuidados son invisibles.

Se dan por supuestos.

Y son realizados en la mayoría de las ocasiones por las mujeres.

Las mujeres son las que siempre han cuidado.

Las hijas pequeñas solteras que se han quedado cuidando de sus padres.

Las madres que ven como los padres se desentienden del cuidado de sus hijos e hijas.

Parece que las mujeres son responsables de los cuidados por mandato genético.

Que los hombres que cuidan son menos hombres.

Menos hombres.

Más débiles.

Pero los hombres que no cuidan son menos seres humanos.

Son unos caraduras.

Unos irresponsables.

Porque no asumen su parte del trato.

Los cuidados son imprescindibles para la vida.

Y la vida debería posibilitar los cuidados.

En corresponsabilidad entre hombres y mujeres.

Con tiempo y espacio.

No creando centros en los que dejar aquello que no podemos atender.

Porque la atención es un derecho.

Es una necesidad ineludible.

Es algo por lo que debemos luchar todos y todas.

Para que este mundo no acabe por convertirse.

En un gigantesco estercolero vital.

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suscribete Octubre 2017