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La fórmula H2O para lograr tus sueños en 7 pasos

H2O: humildad, honestidad y osadía. La fórmula para defender tus sueños. Un plan de Jorge Bucay en 7 pasos para pasar a la acción. ¿Te atreves?

Jorge Bucay

Un gran amigo, Enrique Mariscal, me enseñó, en una tarde de lluvia y charla en Buenos Aires, que las personas necesitan del agua para crecer, como las plantas. Aunque no solo el agua de la lluvia o de los grifos, sino de otro tipo de agua, con una fórmula parecida (H2O), pero compuesta por otro tipo de elementos.

No se trata de dos átomos de hidrógeno y uno de oxígeno sino de una parte de humildad, una de honestidad y una de osadía. Pero ¿qué tipo de osadía requiere la vida? ¿Por qué se nos dice que debemos ser valientes para vivirla? ¿Cuál es la cuota de coraje que se nos suele reclamar?

Cómo hacer realidad tus sueños

Uno de los pioneros de la literatura de autoayuda, el estadounidense Napoleon Hill, dedicó varios años de su vida a entrevistar a las personalidades más renombradas de su época. Según él mismo relata, fue a partir de lo aprendido en esas conversaciones que decidió poner por escrito lo que pretendía ser una especie de fórmula para el éxito.

Basándose en la experiencia de sus entrevistados, Hill exhorta a quienes leen sus libros a mantener una mirada positiva del mundo y a luchar por los propios sueños: “Veo en ellos (en los sueños) la manifestación más auténtica de nuestra alma y los esbozos tangibles de cualquier futuro logro”. Este punto se refiere, sin duda, al coraje que nos reclamaba Mariscal: el que se necesita para atreverse a ir a defender nuestros sueños.

¿Atesorarlos o trabajarlos?

Sin duda, nuestros sueños son algo que debemos atesorar. ¡Qué sería de nosotros si los perdiésemos o los dejásemos por allí en el olvido, sepultados bajo el aluvión de compromisos y urgencias cotidianas! Sin ellos, probablemente, nuestras vidas se volverían grises y monótonas; comenzaríamos a sentirnos aburridos, carentes de impulso; seguiríamos hacia delante pero movidos tan solo por la inercia y por la rutina del día a día.

En el otro extremo, solo atesorar nuestros sueños no parece ser suficiente. Guardarlos como joyas en una pequeña caja, que solo abramos para contemplarlos por un momento, terminará invariablemente conduciéndonos a la desazón.

Hay, por supuesto, otras alternativas. Si queremos, por ejemplo, que nuestros sueños nos sirvan para revitalizar nuestra manera de estar en el mundo, si queremos que sean motor y combustible de nuestras vidas, si queremos poner vida a nuestros años –y no al revés–, deberemos ponernos a trabajar en nuestros sueños.

Los peligros de perseguir tus deseos

Y esto implica animarse a transformar los sueños en proyectos y a permitir que estos se manifiesten en acciones congruentes determinadas por su fin. ¿Por qué hablo otra vez de animarse? ¿Cuál es el peligro de sacar los sueños de su lugar seguro junto a nuestro corazón para ponerlos en marcha?

Mientras mis sueños estén en el campo de lo imaginario, mientras sean solo fantasías, no correrán ningún riesgo. Podré conservarlos allí “congelados” para consolarme al pensarlos, evocarlos o compartirlos cada vez que la realidad de mi existencia no me satisfaga demasiado. Pero si decido activarlos, podrán destrozarse contra el muro de la realidad de un fracaso y dejar atrás solo las cenizas de su fuego.

En la realidad, las cosas nunca son exactamente como uno deseaba o no se producen en los plazos que uno había imaginado: los demás, que con todo derecho están persiguiendo sus propios sueños, no siempre están deseosos o ansiosos por colaborar con nosotros –por no hablar de los que se empeñan en boicotear los sueños ajenos– o, simplemente, puede que la posibilidad fáctica de nuestro sueño sea nula. En el mundo real, encontraremos, por tanto, las dificultades y las limitaciones de toda tarea.

Será nuestra decisión y responsabilidad actuar en coherencia con el deseo de hacer realidad un sueño, descubriendo que la primera y más importante decisión está en el compromiso con que nosotros –los soñadores– trabajemos activamente en la dirección acertada y en nuestra valentía para afrontar el riesgo que conlleve nuestro camino.

Como decía Ambrose Bierce, famoso periodista estadounidense, en su excepcional Diccionario del diablo: “Si quieres conseguir la recompensa de un resultado sorprendente, si pretendes que tus sueños se hagan realidad, primero debes despertar”.

Haz realidad tus deseos en 7 pasos

Hace algún tiempo describí para mi libro El camino de la felicidad el proceso por el cual un sueño se convierte en una acción efectiva y se puede resumir en estos 7 pasos

  1. El primer paso consiste en transformar el sueño en una fantasía, pasar de la idea un tanto vaga que se representa en el sueño a una imagen no solamente detallada sino también cargada de deseo. En una fantasía, comenzamos a pensar “Sería fantástico...”.
  2. Si seguimos adelante y nos adueñamos de la fantasía, si la habitamos y la hacemos nuestra, se transformará en una ilusión; diremos: “Cómo me gustaría...”.
  3. Si nutrimos esta ilusión y la hacemos crecer, le daremos la forma de una ambición, cargándola más de deseo; podremos decir entonces: “Yo quiero...”.
  4. Por último, si a este deseo le ponemos el cuerpo y comenzamos a pensar en lo que verdaderamente sería necesario que nosotros hiciésemos para que lo que anhelamos ocurriese, habremos convertido aquel vago sueño inicial en un proyecto. La frase: “lo haré”.
  5. De allí en adelante nos queda todavía el desafío de ordenar las acciones futuras en un plan que nos sirva de guía.
  6. Tomar conciencia de los riesgos que deseamos correr y de los precios que estamos dispuestos a pagar.
  7. En ese momento, ya solamente nos falta un pequeño gesto de osadía: empezar a actuar.

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suscribete Octubre 2017