Recuperar la alegría

No pueden pedirnos que lo superemos

Te dicen: ¡Supéralo! Con sus bocas sonrientes llenas de dientes, lejos de ti, de tu cuerpo, de tus noches de insomnio, de tu herida y tu dolor.

Roy Galán

superarlo

No pueden pedirnos que lo superemos.

Dicen: ¡Supéralo!

Y lo dicen con sus bocas sonrientes llenas de dientes, lejos de ti, de tu cuerpo, de tus noches de insomnio, de tu herida y tu dolor.

Lo dicen desde otro planeta con un megáfono.

Desde debajo del agua.

En una lengua que escuchas pero no entiendes.

No te dejan tiempo para el sufrimiento, te quieren productivo, de nuevo subida a la noria, haciendo cosas, porque si haces cosas es que estás bien.

Puedes hacer de todo y seguir estando mal.

Y es lícito y tienes que permitírtelo.

Porque es terrible no volver a ver a nadie nunca más, o que se rompa una relación o que te detecten un cáncer.

Es terrible que la vida dé tantos giros que al final no sepas quién eres ni dónde estás.

Y que tengas que leer las instrucciones de todo porque no sabes lo que estás viendo. No sabes si eso es ropa o se come.

Nadie puede entender cómo nos sentimos.

Pueden teorizar y enhebrar palabras de consuelo.

Pero a veces todas las palabras suenan igual.

A veces almíbar y soledad significan lo mismo.

¡Supéralo!

Y tú lo que necesitas es una máquina del tiempo o una caverna.

Un lugar en el que el tiempo no siga hacia delante.

No se lleve todo como una riada.

Y luego el fango.

Pero aunque no quieras que el tiempo pase.

Es el tiempo lo único que hará que un día.

Lo superes.

Pero no porque otros te impelen y obliguen.

Sino porque aunque ya nada sea igual.

Hay un día en el que te descubres alegre de nuevo.

Te descubres hablando del futuro de nuevo.

Te descubres riendo de nuevo.

Te descubres con la cara atardecida recostada en una hamaca.

Te descubres reconciliándote con esa vida que a veces quiere derribarnos.

Y otras, simplemente, nos acaricia.

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suscribete Octubre 2017