Sana tu mente

Pensamientos positivos: 4 claves para atraerlos a tu vida

Las buenas vibraciones son contagiosas. Te explicamos cómo potenciarlas con cuatro claves psicológicas.

Rosa Casafont

pensamientos-positivos

El equilibrio personal depende de la capacidad para armonizar lo que pensamos, lo que sentimos y lo que hacemos. Llegar a este estado de armonía será más fácil si iniciamos los cambios desde el cuerpo, con prácticas como el ejercicio, escuchar música o reír, que liberan en nosotros neurotransmisores de la felicidad y favorecen un estado mental positivo.

Claves para atraer las "buenas vibraciones"

Aparte de hábitos saludables, como una alimentación sana y equilibrada que aporte los nutrientes necesarios para el correcto funcionamiento de nuestro sistema, un sueño reparador y tener entrenadas nuestra correcta posición corporal, nuestra respiración y la capacidad para salivar, es fundamental tener otros recursos que puedan activar con facilidad el sistema e influir rápida y directamente en el ámbito del sentimiento.

1. Ejercicio físico

El ejercicio es una de estas “herramientas rápidas”. El ejercicio produce efectos sobre el cuerpo y la mente que son directa e indirectamente favorecedores del pensamiento positivo. Al hacer ejercicio:

  • Realizamos movimientos de coordinación en los que participan los dos hemisferios cerebrales.
  • Potenciamos nuestra memoria de trabajo.
  • Realizamos una tonificación y un estiramiento muscular que transmite información saludable a nuestro cerebro
  • Facilitamos una estimulación cardiocirculatoria que favorece una mejor perfusión de los tejidos y un mejor aporte de oxígeno.

Cuando hacemos ejercicio, liberamos neurotransmisores positivos (endorfinas, dopamina...) y disminuimos los efectos de neurotransmisores como el cortisol, la sustancia P y el glutamato.

2. Visualización positiva

Otra herramienta importante es la práctica de la visualización positiva, ya sea visualización de recuerdos agradables o visualización creativa (de proyección, imaginaria, energética o de anclaje).

A través de la visualización positiva vivimos un presente que favorece una química saludable, estimula circuitos de pensamiento positivo y potencia nuestro sistema inmunitario, además de favorecer la habilidad de estos circuitos para el futuro.

3. La risa

¡Nos cuesta sonreír y reír cuando más lo necesitamos! La risa tiene un efecto terapéutico sorprendente.

Los estudios de neuroimagen han demostrado que, cuando reímos, determinadas estructuras de nuestro sistema límbico (emocional) se activan, determinados parámetros relacionados con el estrés disminuyen y segregamos endorfinas que potencian nuestro sistema inmunitario tanto celular como humoral.

Si sonreír y reír son consecuencia de un estado de bienestar mental, cuando sonreímos o reímos (una acción del cuerpo), damos una información al cerebro, que reacciona químicamente facilitando el bienestar.

4. Música

Y si la risa es importante, la música lo es también. La música nos afecta sin pedirnos permiso.

Produce una modificación de nuestros patrones rítmicos internos asociada a una experiencia emocional.

La debemos percibir satisfactoriamente para que el efecto neurobiológico sea saludable.

Si deseo favorecer mi pensamiento positivo y compruebo que mi sentimiento lo es cuando escucho un estilo concreto en un momento preciso, mi estado mental y corporal mejorará en unos minutos.

Cómo creamos los pensamientos positivos

Con la mirada perdida y fascinado por la escena que contempla, Marc se dispone a coger su equipo y entrar en el agua. La brisa y el sol acarician su rostro y es capaz de sentir el sabor del mar en los labios antes de que sus pies entren en contacto con la espuma que, suavemente, se funde con la arena.

Se siente ligero y, a la vez, con fuerza y energía para coger las primeras olas. Son todas para él. Ha sido el primero en llegar a la playa esta mañana. Entran escalonadas, perfectas y con altura suficiente para disfrutar de ellas. Remando con armonía avanza hasta el punto donde nace la ola.

Espera sentado en su tabla y, sintonizando con el mar, sabe que ha llegado el momento propicio para arrancar, remando de nuevo con todas sus fuerzas, e integrarse en la ola. Se desliza sobre ella, se deja abrazar por el agua y, a medida que avanza, sus sensaciones placenteras se intensifican.

En esta escena se ven reflejados dos estados de activación consecutivos:

Un estado de “activación moderada” de estrés fisiológico, al que se añade una “activación mantenida” de los núcleos implicados en el sistema de recompensa, que Marc percibe como un estado de bienestar que es cada vez más intenso y que puede llegar a un clímax emocional cuando se siente abrazado por el agua y se integra en esa danza sobre su tabla.

Las estructuras, sistemas y neurotransmisores que intervienen en la activación inicial moderada –fisiológica o eustrés– de Marc son idénticos tanto si este entra después en un estado placentero como si progresa hacia una activación mantenida estresante o distrés.

La diferencia básica entre el distrés y la vivencia gratificante se produce cuando se generan pensamientos positivos conscientes o inconscientes que dan paso a la activación de los núcleos de recompensa.

  • Marc ya está inmerso en un estado placentero cuando se dispone a entrar en el agua y está recibiendo estímulos inconscientes y conscientes que activan su amígdala (estructura emocional) en milisegundos.
  • La amígdala da información inmediata al hipotálamo (estructura que iniciará la activación del cuerpo), preparando a los órganos internos para que actúen y permitiendo sus movimientos.
  • A su vez, la amígdala pasa información a la corteza prefrontal, su “simulador virtual”, estructura que piensa, prevé, planifica, decide y genera el sentimiento de felicidad que experimenta Marc cuando integra la emoción percibida desde el cuerpo y los pensamientos positivos que genera en su corteza prefrontal.

Este estado es alimentado, además, por los neurotransmisores liberados en los núcleos de recompensa, que regulan la intensidad del placer.

El sistema de recompensas de nuestro cerebro

Algunos de los principales centros de recompensa son:

  • Los núcleos del rafe, que producen serotonina.
  • El área tegmental ventral y la sustancia nigra, que producen dopamina.
  • El núcleo accumbens, que ejerce de mediador en la liberación de dopamina y que tiene un importante papel en la recompensa, en la risa, en el placer, en la adicción y en las emociones inducidas por la música.
  • Sin olvidar el sistema límbico, la hipófisis y el hipotálamo, productores de endorfinas y encefalinas, involucradas además en la función de reducir el dolor (porque forman parte del sistema opioide endógeno) y que son capaces de ejercer una acción analgésica ciento de veces superior a la morfina.
  • Y la hipófisis segregará también oxitocina, la hormona responsable de facilitar y afianzar relaciones interpersonales de apego.

Las hormonas de la felicidad

Los efectos que se producen en cuerpo y mente por ese estado mantenido de activación positiva son percibidos como un estado de bienestar continuo por nuestro protagonista.

Genera en cantidad moderada adrenalina, noradrenalina y cortisol, que mantienen activado su organismo.

Y una ducha química continuada de neurotransmisores de la felicidad como la oxitocina, las endorfinas, la dopamina y la serotonina, los cuales mantienen el estado de bienestar y mejoran la atención, la memoria y el aprendizaje a corto, medio y largo plazo.

Las endorfinas –además de ejercer una acción analgésica– favorecen el sistema inmunológico, disminuyen la SP (proinflamatoria) y el glutamato en las células (el asesino de neuronas por excelencia) y estimulan la liberación de dopamina (neurotransmisor de la motivación).

En positivo en 3 pasos

Cada vivencia tiene tres ámbitos que la conforman: el pensar, el sentir y el actuar.

Un pensamiento positivo nos genera un sentimiento positivo y, en consecuencia, un comportamiento positivo.

A su vez, los sentimientos positivos facilitan los pensamientos y comportamientos positivos y, por su parte, los actos saludables nos generan sentimientos y pensamientos saludables.

Los tres ámbitos de la vivencia son influenciables bidireccionalmente y, si insistimos en estimular esas influencias saludables, estamos contribuyendo a automatizar hábitos de pensamiento, de sentimiento y de comportamiento saludables.

Nuestro cuerpo y nuestra mente son uno solo y, para progresar en esa transformación saludable y crear hábitos, debemos empezar por donde nos resulte más fácil.

Recordemos que nuestro organismo es holístico, que cuidar nuestro cuerpo es cuidar nuestra mente y que una mente sana favorece un cuerpo saludable.

Por tanto, nos será más fácil producir cambios mentales y emocionales si inicialmente “actuamos” sobre el cuerpo. De este modo se genera una información cerebral que se traduce, en cuestión de segundos, en esa “ducha química” favorable.

Neurotransmisores de la felicidad que van a modificar de manera inmediata nuestro sentir y a facilitarnos una predisposición a realizar otros cambios de más difícil aplicación.

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