Los 8 pilares

Resilencia: recuperarse ante la adversidad

¿Se puede aprender esta habilidad? No, se va madurando a base de sentido del humor, creatividad, autoestima...

Salvador Nos-Barberá

pilares resilencia

¿Nacemos con el don de la resilencia? Más bien no. No se han identificado y aislado los genes que la determinan.

Podemos decir que es una habilidad que adquirimos, aunque algo debemos tener en nuestro pack genético de serie para, a partir de él, desarrollarla.

¿Qué es la resilencia?

El término resiliencia se refiere a la capacidad de algunos materiales para recuperar la forma original después de ser sometidos a una deformación por presión. El hilo de tela de araña es muy resiliente. En cambio, el cristal lo es muy poco.

En nuestro ámbito aplicamos el término resilencia a la habilidad adquirida con la que un individuo o un grupo afronta y se recupera de la adversidad.

Este es un concepto muy vinculado a la autoestima y requiere también de un buen manejo del compromiso, el control y el desafío. Por desgracia no nacemos con esta habilidad desarrollada.

Ningún bebé está preparado para tolerar la frustración y la “mala suerte” de no encontrar una teta repleta de leche caliente, que por sí sola tampoco colmará su necesidad de encontrar un buen regazo y una mirada “oxitocínica”.

La resiliencia no es tolerancia a la frustración, sino la capacidad de superarla activamente.

Como habilidad, se desarrolla, pero no requiere entrenamiento sino maduración. Por eso me asusté cuando, hace unos años, la directora de la escuela de mi hijo me dijo que les estaban educando para tolerar la frustración. Salir corriendo fue mi respuesta.

Es la madurez, el proceso madurativo “normal” (el que hace la pera en un árbol, no en la cámara frigorífica), y el desarrollo personal a fuego lento lo que nos lleva no tanto a tolerar (en el sentido de resignarse) sino a enfrentarnos a “casi” cualquier adversidad o tropiezo en el camino a la felicidad (la de cada uno).

El superego y la prepotencia casi nunca conducen a ella. La empatía, la asertividad, la resiliencia, que nos permitirán articular y desplegar ciertas habilidades sociales, sí.

Los 8 pilares de la resilencia

1. Introspección

Mirar hacia dentro de tu estado mental; preguntarse y responderse a uno mismo de forma honesta y a la vez libre de prejuicios.

2. Independencia

Saber establecer los límites entre uno mismo y el medio que conlleva el problema; mantener la distancia y no ir más allá ni en el plano emocional ni en el físico. A la vez, no caer en el aislamiento.

3. Saber relacionarse

La habilidad para establecer vínculos afectivos con los demás y equilibrar nuestra propia necesidad de afecto, claramente por encima de lo antropocéntrico

4. Iniciativa

Aceptar solo retos razonables y ponerse a prueba en tareas más complejas pero realmente asumibles. Intentar lo imposible y fracasar no nos hará resilientes.

5. Humor

Tener auténtico sentido del humor. Aceptar reírse de uno mismo, encontrando la parte cómica dentro de la propia tragedia. Es imprescindible tener una actitud sana ante las contrariedades de la vida y el humor nos la proporcionará.

6. Creatividad

La capacidad de crear y organizar, asumiendo el desorden cuando es evidente. Entender y asumir nuestro desorden ordenadamente es básico para crear. No necesitamos el orden aparente si realmente entendemos el nuestro.

7. Moralidad

Ser consecuente para extender el deseo personal de bienestar a lo universal. Llegado el caso, la inmoralidad del planteamiento nos hará vulnerables.

8. Autoestima sólida

Jamás debemos cercenar ni descuidar nuestra autoestima. Y mucho menos aún durante la infancia y en la adolescencia. También, defender y alentar la autoestima alta en los demás.

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