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Autoestima

¿Te dijeron que no valías? Sé tu mejor versión en el trabajo

Casi todos tenemos creencias que nos limitan, que nos impiden explorar y desarrollar nuestras capacidades

Mireia Darder

Nos llegaron de nuestros padres, de nuestros maestros o de la misma sociedad... y no son verdad. Detéctalas, ponlas en cuestión y amplía la imagen que tienes de ti mismo.

Muchas de las creencias que hemos aprendido, y que fueron un modo de adaptarnos a nuestro entorno, con el tiempo limitan el potencial innato que está en nosotros.

Tendremos más o menos creencias limitantes según el medio familiar en el que hayamos crecido; siempre serán más abundantes si hemos sido educados en un ambiente en el cual nos hemos visto obligados a defendernos.

Cuando te dicen constantemente que no vales

Y si ha propiciado el miedo y se nos ha atacado con violencia o desvalorizaciones (“eres tonto” o “no serás capaz”), nos habrá sido muy difícil desarrollar la creatividad: nuestra energía se habrá centrado más en la supervivencia que en explorar capacidades y potencialidades.

Vale la pena identificar cuáles son las creencias limitantes que nos distancian de nuestros sueños y deseos.

Los indicios más reveladores son afirmaciones internas del tipo “no puedo”, “no soy capaz”, “esto no me lo merezco”…

Atento a tu autoconcepto

Además, existen creencias de identidad como “soy una persona débil”, “soy una mierda”, “yo no valgo”, “esto no es para mí”, en las cuales la persona se queda encerrada.

Este es el caso de María. Vino a mi consulta muy preocupada porque, aun habiendo sido directora de marketing y estar acostumbrada a vender y promocionar productos y empresas, se sentía incapaz de crear su propia imagen y darse a conocer ahora que había decidido emprender una nueva faceta como freelance para acompañar y asesorar a profesionales.

Ella tenía el conocimiento y las herramientas para hacerlo, pero no podía aplicar esos recursos hacia sí misma. Estuvimos averiguando cuáles eran sus creencias limitantes. “¿Qué es lo que te impide promocionarte a ti misma?”, le pregunté.

Fuimos viendo cuál era la principal barrera y descubrimos que tenía una creencia que afirmaba que “es más importante ayudar a los demás que a uno mismo”.

Valorarse era para ella propio de un ser egoísta y pretencioso. Aún más si se trataba de mostrárselo a los demás para conseguir trabajo.

Cuando imaginaba la posibilidad de promocionarse y de explicar todo lo que sabía, le venía la idea: “¿Qué pensará la gente de mí?”.

Le propuse actuar como si ella fuera uno de los productos que antes había contribuido a vender. Hicimos una lista de los pasos necesarios para realizar una campaña de promoción.

Lo primero era elaborar una lista de las capacidades y valores del producto, así que nos pusimos manos a la obra para enumerar las potencialidades de María.

Descubriendo nuestras virtudes (¡que nadie apague tu luz!)

Cuando terminamos, después de repasar todo lo que había hecho en su vida y ver qué aptitudes se necesitaban para ello, María vio una parte de sí misma que antes no había podido contemplar.

Su autoimagen se amplió y pudo reconocer qué cosas podía llevar a cabo y qué cosas no, mientras antes su mirada solo tenía en cuenta lo que no sabía o no podía hacer.

Como el árbol que se tuerce a lo largo de su crecimiento por efecto del viento y después puede volver a crecer recto dando unos sabrosos frutos, María pudo aprender a funcionar de una nueva forma, más amplia y flexible respecto al concepto que tenía de sí misma.

Pudo aplicar sus capacidades y conocimientos para promocionarse y consiguió construir su propia empresa y cartera de clientes, así como su imagen profesional.

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