Una historia de Jorge Bucay

Todos venimos preparados para superarnos

El cuento de Fátima nos explica como todos los aprendizajes nos encaminan hacia la mejor versión de nosotros mismos. Alimentemos lo más constructivo

Jorge Bucay

preparados para superarnos

Es indudable que soplan vientos inquietantes a nuestro alrededor. Es tiempo de confiar en nosotros y en los que nos rodean. Tiempo de unirnos y sostenernos para traspasar las dificultades que nos propone la realidad. Tiempo para hacer todo lo que sabemos y podemos para superar las dificultades, y para aprender lo que aún ignoramos, aun a costa de algunos sinsabores.

Superación: el deseo de ser siempre mejores

En el lenguaje coloquial, superar significa “pasar de algo malo a algo bueno”, “de algo bueno a algo mejor” y “de algo mejor a algo mejor todavía”. Un camino sin límites hacia el techo de nuestras posibilidades, si es que existe este límite, pues, como afirma el saber popular, “siempre se puede estar mejor” (mi padre, riendo, se ocupaba de agregar, no sin algo de razón, “y siempre se puede estar peor”).

En un sentido más existencial, el afán de superación debería entenderse como una fuerza interna que nos empuja a no quedar prisioneros de la adversidad; la disposición a luchar por estar en el mejor lugar posible, y también el deseo de ser mejores –siempre y cuando ese “ser mejores” sea en comparación con uno mismo–.

No hablo de ganar más dinero, o por lo menos, no hablo solo de eso.

No hablo de ser el más guapo o la más guapa, o por lo menos, no hablo solo de eso.

Y de ningún modo hablo de tener más poder en ninguna de sus formas.

Hablo de la determinación de ser una mejor persona cada día, teniendo como referencia y punto de partida básicos una honesta evaluación de quién soy yo en cada momento.

Preguntarse, escucharse y mirarse

Porque... ¿cómo podría mejorar si no me sé? ¿Y cómo podría saberme si ni me miro? ¿Cómo podría empezar a cambiar en una dirección determinada, por deseable que esta sea, sin saber de dónde parto?

Algunas personas muy afortunadas aprenden a escucharse a sí mismas muy pronto. Identifican qué les hace felices y les entusiasma. Son hombres y mujeres cuyo firme deseo de superación les permite tener la certeza de que son capaces de crear las circunstancias que necesitan para hacer realidad algunos de sus sueños.

Son personas que confían en su elección, que se comprometen con ella, que están dispuestas a pagar el precio necesario, capaces de renunciar a cierto grado de placer en pos de un fin superior.

Pongamos un simple ejemplo, quizá demasiado simple: está claro que estudiar mientras se trabaja, para ganarse el pan de cada día, implica renuncias y postergaciones nada gratas a corto plazo; pero, aunque nada puede garantizar el éxito final, quien se anima a hacerlo apuesta con pasión a que esta “inversión” de tiempo, robado a cosas más placenteras, multiplicará sus posibilidades en un futuro.

Finalmente, desde nuestro lenguaje profesional, limitado a lo que sucede de la piel hacia dentro, hablamos de superación cada vez que nos referimos a la lucha por vencer aquellos aspectos de nuestra personalidad que no son constructivos ni bondadosos.

Son esos esquemas que usualmente llamamos “negativos” y que teminan en la mirada pesimista, la desconfianza, la agresividad, el resentimiento o el recelo. Son modelos que se nutren de nuestra historia y nuestros mandatos, pero que se actualizan cada día en los vínculos tortuosos con el entorno y así se complican más y más, precisamente por esto.

La historia del águila y el chacal

Un joven guerrero pide audiencia con el cacique. El jefe de la tribu tiene fama de ser muy sabio y tener respuesta para todo. Una vez frente a él, el joven le confiesa que está muy inquieto, que siente que en su interior anidan el espíritu de un águila y el de un chacal que siempre están en lucha entre ellos.

—Cuando el águila toma el mando, soy capaz de pelear por lo mío, soy fuerte, ambicioso y puedo alimentar a otros con lo que cazo. Pero cuando aflora el chacal, todo me da miedo, vivo de las sobras que dejan los demás y creo que debo conformarme con ellas porque soy incapaz de procurarme algo mejor. No me molestaría verlos ante mí y aceptar que tengo algo de cada uno, lo que pasa es que, a veces, me pregunto quién ganará...

Entonces, el cacique le dice:

—Sé que te gustaría escuchar de mi boca que el águila será la ganadora, porque ese aspecto te gusta más —y te confieso que a mí también—, pero soy el jefe de la tribu y tengo la responsabilidad de decirte la verdad. Va a ganar aquel de los dos a quien más alimentes. Solamente depende de ti.

Cultivar las cualidades opuestas a las que menos nos sirven, o que nos impiden volvernos mejores personas, es siempre el comienzo de una vida mejor.

Alimentar lo más constructivo

No se trata del esfuerzo de cambiar sino de la conquista disciplinada y de la decisión firme de ejercitar aquellos aspectos que ya están en nosotros y que nos permiten el desarrollo de nuestro potencial más constructivo.

Quizá te sorprenda escuchar que todas esas mejores cosas ya están en nosotros. Quizá me cuestiones preguntándote por aquellas personas que no han cosechado ni recibido nada bueno y que, enfermos de odio o resentimiento, únicamente han dejado crecer sus aspectos más oscuros.

Incluso puede que creas que tú –en ciertos aspectos y algunas veces– careces de los aspectos del águila y no tienes más remedio que ser como el chacal del cuento. Pero no es cierto. Nunca lo es.

Nadie es solamente hostil, solamente pesimista, solamente perezoso o solamente amargo. Y esto es algo que los médicos en general y los terapeutas en particular sabemos y usamos en nuestra tarea de ayudar a nuestros pacientes.

Solemos referirnos a ello como la conducta estratégica de aliarnos con los mejores aspectos de nuestro paciente –con su lado más sano o con sus partes más maduras– para que nos ayude a ayudarlo a vencer su enfermedad, sea esta física, mental o espiritual.

Estamos predispuestos a aprender y superarnos

Algunas personas sienten que todo les sale mal, que “no pueden” hacer casi nada, que siempre fracasan, hagan lo que hagan. Se trata de falsas percepciones de sí mismos, inhibiciones adquiridas, sin duda equivocadas, ya que nadie lo hace todo mal o no puede hacer nada.

Todos hemos tenido experiencias en la vida de las que podríamos sacar provecho parar orientar nuestras acciones hacia donde queremos y superar las adversidades.

El cuento de la hilandera

Una antigua historia ejemplifica esta predisposición. Se trata de la historia de la pobre Fátima, hija de un rico hilandero. Después de enseñarle el oficio, su padre se la llevó de viaje con la intención de encontrar un buen esposo para ella.

Durante el viaje, se desató una terrible tormenta que hizo naufragar la nave. El padre desapareció y la joven se encontró en una tierra desconocida, perdida y casi sin memoria sobre quién era.

Una familia de tejedores encontró a Fátima, la adoptaron y le enseñaron el arte de tejer. Fátima era feliz, pero su bienestar no duró demasiado. Unos cazadores de esclavos la atraparon en el bosque y la vendieron en un mercado lejano.

Un hombre que fabricaba mástiles para barcos la compró para que sirviera a su esposa enferma. Finalmente, cuando la mujer murió, Fátima tuvo que ayudar en la industria familiar. Enviada por su amo a vender mástiles, su barco terminó encallando en las costas de un país desconocido.

Los soldados del rey la hicieron prisionera y la condujeron a palacio. Mientras esperaba su destino, Fátima pudo saber que el rey había prometido una fortuna a quien fuera capaz de construirle una tienda en la playa. Fátima, que jamás había hecho algo así, pidió audiencia con el soberano para comprometerse a construirla a cambio de su libertad.

Fabricó las telas gracias a lo que había aprendido de su familia de adopción; hiló las cuerdas como su padre le había enseñado; finalmente, construyó los pilares de madera con sus conocimientos para hacer mástiles.

Cuenta la leyenda que, al ver el resultado, el rey quedó tan maravillado que le devolvió a Fátima su libertad, y le entregó un barco que cargaba un baúl lleno de joyas.

Paso a paso hacia la superación

La superación personal comienza, sin lugar a dudas, en el aprendizaje y continúa en la conciencia de ese aprendizaje.

Prosigue cuando nos enfrentamos con el miedo al fracaso y nos apoyamos en la capacidad de aprender de nuestros errores.

Finalmente, el resultado necesita, la mayoría de las veces, que cultivemos la confianza en nosotros mismos y que, más allá de los resultados del momento, nos permita darnos siempre otra oportunidad.

La perseverancia, la consistencia y el compromiso son las herramientas más poderosas que tenemos quienes solemos equivocarnos

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suscribete Octubre 2017